CURSO SOBRE DEPRESIÓN
Director Hugo Marietan
marietanweb@gmail.com
Curso sobre clínica de los trastornos
depresivos
Depresiones puras
lasificación
Leonhard
clasifica a las psicosis fásicas en:
Enfermedad
maniáco depresiva
Melancolía
pura y manía pura
Depresiones
puras que incluyen a
Depresión
agitada (acuciante)
Depresión
hipocondríaca
Depresión
autotorturante
Depresión
Paranoide
Depresión
Fría
Depresión paranoide
Ya en las
depresiones descriptas hasta ahora nos hemos encontrado
ocasionalmente con ideas de relación, pero siempre
aparecieron fugazmente no tenían una posición
independiente, sino que se podían comprender a partir de
otras ideas depresivas, que aparecían más en primer plano.
Las cosas son muy diferentes en la depresión paranoide.
Aquí las relaciones propias dominan el cuadro junto con el
estado de ánimo oprimido. Kleist distinguió una “psicosis
de relación depresiva”, mientras que yo mismo creí durante
algún tiempo que todos los casos correspondían a la
psicosis de angustia.
Así como el
humor patológico de la depresión autotorturada parece
renovarse continuamente en las ideas de baja autoestima,
lo mismo ocurre con el humor paranoico en las relaciones
consigo mismo. A ello se le agregan falsas percepciones
acústicas, que por lo demás no se pueden separar de las
ideas de relación, con cuyo contenido se corresponden
totalmente. A menudo los enfermos escuchan en las
conversaciones reales sólo algo falso. Se producen con
seguridad auténticas alucinaciones.
Las ideas de
relación muestran siempre una base depresiva; los enfermos
hacen sus observaciones anormales oprimidos y angustiados,
no con irritación y enemistad, como es de rigor en las
ideas de relación esquizofrénicas. No siempre se ve en qué
suelo ha crecido la idea. Si un enfermo observa que las
demás personas se alejan de él con desprecio, puede estar
dominado por un afecto hostil contra el medio, pero puede
ver también, a la inversa, en las supuestas agresiones del
medio, sólo la reacción justificada a su propia culpa. En
esta segunda forma se insinúan ocasionalmente las ideas de
relación, como hemos visto, en la depresión autotorturada.
En la depresión paranoide tienen una forma parecida, pero
el fondo depresivo no se manifiesta siempre con tanta
nitidez, ya que la depresión en sí no es profunda. Sin
embargo, el depresivo paranoide siempre sufre, no provoca
discusiones.
El contenido
depresivo exacto de las ideas de relación puede ser
diverso. En el ejemplo que acabamos de citar manifiesta un
sentimiento de culpa. Eso es muy frecuente en la depresión
paranoide. La diferencia frente a una verdadera idea de
pecado consiste en que el contenido patológico se
desarrolla desde el comienzo en relación con los hechos
del medio. Ésa es la característica de toda la formación
de ideas en la depresión paranoide. Frente a esto es de
importancia subordinada si el contenido depresivo tiene
una forma u otra. Junto al sentimiento de inferioridad y a
la culpa, la angustia desempeña un rol importante; luego
el paciente concluye una amenaza de la conducta de las
otras personas. También muchas otras cosas que mueven
afectivamente al hombre pueden convertirse en el contenido
de las ideas de relación: desgracia de la familia, pérdida
del empleo, pérdida de un bien. Vemos aquí que se trata de
formas secundarias que difieren individualmente. Lo
principal es que los sucesos del medio son comprendidos
con contenidos depresivos y son malinterpretados en
consecuencia. Por lo tanto la depresión está ligada a
hechos intelectuales. Eso muestra que debe resultar
afectado aquí un nivel muy alto del sentimiento, un nivel
que no se basa en lo corporal, sino que se subordina a los
hechos intelectuales.
Con ello se
corresponde el que la depresión se quede atrás respecto de
las formas que hemos visto hasta ahora en cuanto a la
profundidad del afecto. Pero por otro lado el humor
patológico no debe dominar el cuadro total, el estado debe
ser siempre el de una depresión, si el diagnóstico ha de
ser correcto. La inclinación al suicidio de ninguna manera
es pequeña en la depresión paranoide.
Durante el
examen los enfermos aparecen en primera línea depresivos,
están oprimidos y en silencio o también más angustiados,
según se sientan más despreciados y deshonrados o más
amenazados. También se pueden producir ligeras
excitaciones angustiadas. En cambio los estados de
angustia más profundos con una fuerte excitación señalan,
en la medida en que se presentan con ideas de relación, la
psicosis de angustia. También un cambio rápido entre una
conducta relativamente libre y una fuerte angustia habla
en favor de la psicosis de angustia, pues la depresión
paranoide presenta, como todas las formas puras, un estado
más equilibrado, que sólo vacila reactivamente, pero no
muestra el grueso cambio de las dos enfermedades polares.
En el medio hogareño más que en la clínica, la depresión
paranoide ofrece excitaciones de tonalidad angustiada,
pues allí el tratamiento cambiante y a menudo inadecuado
provoca fácilmente reacciones violentas.
Caso 27.
Anna Mül, nacida en 1909, enfermó en 1942; se volvió
angustiada; cuando la gente se reunía creía que hablaban
sobre ella, que decían que había robado y que era mala.
Debido a que quería ahogarse con sus dos hijos, se internó
en la Clínica de Frankfurt. Allí explicó que se la culpaba
injustamente; si bien era cierto que una vez le habían
dado un vuelto de más en el negocio, había regresado de
inmediato y lo había restituido. Decía que a pesar de eso
la atendían muy mal en los comercios y la acusaban de
robar, que todo el mundo la miraba con curiosidad, en los
diarios habían publicado algo sobre ella, aquí en la
Clínica la llamaban también “delincuente”. Si se le
preguntaba si realmente lo había oído, la paciente se
echaba atrás: “No sé, ellos están siempre juntos, yo no
maté a nadie”. En su casa pensó siempre que vendrían a
buscarla; finalmente no pudo dominar su angustia y viajó
con sus hijos al río Main. Su esposo también quería
desprenderse de ella para poder casarse con otra. Mül
estaba al principio muy excitada, pedía ayuda, se empeñaba
en regresar a su casa; más tarde se contuvo más. Tres
meses después el estado angustioso se extinguió. Mül fue
dada de alta. En su casa al principio estuvo un poco
angustiada y desconfiada, luego se normalizó. En 1943
volvió a enfermar. El marido, que realmente quería
divorciarse de ella, informó acerca de escenas de celos,
mientras que en la enferma volvió a presentarse la
depresión. Antes de su ingreso en la Clínica volvió a
meterse con sus dos hijos en el agua, pero fueron salvados
todos. En la Clínica confirmó que quería morir, que la
vida había dejado de tener sentido para ella y que no
quería dejar a sus hijos solos. Decía que la gente la
asediaba continuamente porque había estado internada en la
Clínica. Que siempre le decían “idiota”. Decía también que
una vez se había expresado contra Hitler, y ahora lo
sabían todos. Mül estaba también esta vez muy angustiada y
torturada. Cuatro semanas después fue trasladada a la
Clínica W. Allí lloraba, afirmaba que no se podía hacer
nada por ella, que siempre tenía miedo de la policía, que
todo era tal vez un castigo porque no frecuentaba mucho la
iglesia. Tres meses después, es decir, a principios de
1944, la depresión volvió a extinguirse. Mül dejó de
quejarse, corrigió sus ideas depresivas y se le dio una
ocupación doméstica en la Clínica, pues su marido no vino
a buscarla. En agosto de 1944 pasó por una ligera
depresión que se extinguió rápidamente. En 1945 y a
principios de 1946 volvió a sufrir depresiones que se
describieron poco, pero que siempre se presentaron con
ideas de relación. Luego el estado se mantuvo normal. Mül
era trabajadora, con un humor equilibrado, y en julio de
1946 fue dada de alta. Su padre enfermó en 1927, sufrió
una depresión, creyó que el gerente de una empresa
agrícola lo oprimía. Después que ese estado hubo durado
meses en forma mitigada, la depresión aumentó en agosto y
el enfermo creyó que no podía ingresar su trigo, que la
gente quería quitarle algo; se mantuvo durante el día
entero sin protección a pleno sol en el campo, regresó
confuso a su casa y tuvo que ser internado en la Clínica
L. Allí estuvo desorientado en el tiempo y el espacio,
perseveraba, se resistía y se tomaba fuertemente de las
personas que pasaban. Si lo ponían de pie se dejaba caer;
fue necesario alimentarlo con una sonda. Ocho meses
después su estado mejoró, pero siguió la desorientación.
Tampoco podía reconocer a la gente que lo rodeaba, aunque
a veces en sentido angustiado, porque creía que en la sala
había un juez. En el tiempo siguiente quedó libre
rápidamente y resultó amnésico respecto del tiempo que
duró la enfermedad aguda. Recordaba sin embargo que estaba
en el campo bajo el sol; todo lo demás no había dejado
ningún recuerdo en su memoria. Ahora había dejado de
llamar la atención; tampoco se informa acerca de fenómenos
depresivos. Seis meses después de su ingreso fue dado de
alta con un diagnóstico de “amentia” provocada por una
fuerte exposición al sol. En su casa se mantuvo sano; al
parecer tampoco se hizo notar su angustia anterior a la
amentia. En 1939 se lo revisó y se lo encontró normal.
En esta
paciente el cuadro de la depresión paranoide se presenta
de manera impresionante. La enferma es depresiva, hasta
una punto tal que quiere ahogarse con sus hijos; sin
embargo, sus ideas depresivas se visten con la forma de
las ideas de relación. Tiene temores e ideas de haber
pecado, pero éstos no aparecen simplemente como tales,
sino que en las palabras de la gente, en las insinuaciones
de los diarios se la acusa de haber cometido crímenes y se
le anuncian castigos. Probablemente también su padre
sufría una depresión paranoide: se sentía oprimido por el
gerente de la empresa, y en el temor de que la gente le
robara su trigo si no lo guardaba rápidamente, sufrió una
insolación. El breve estado amencial en la Clínica, que
dejó una amnesia total, fue sin duda alguna de naturaleza
exógena. La psicosis endógena, que era anterior, parece
haber sido interrumpida por el efecto exógeno, tal como se
observa no sólo después de un shock terapéutico, sino
también en otras intervenciones en el cerebro, como por
ejemplo en los intentos de estrangulación.
Por la
frecuencia con la que se produce el síndrome de relación
también en otras psicosis además de la depresión
paranoide, a menudo es difícil el diagnóstico diferencial.
Esto es cierto sobre todo cuando el curso no muestra una
mejoría inequívoca. Y sin embargo, un curso crónico de
ninguna manera contradice la existencia de una depresión
paranoide, tal como se supone en paralelo a los cursos
crónicos de otras formas puras y como ha de mostrar el
siguiente caso:
Caso 28.
Hans Ler, nacido en 1902, se tornó angustiado y
desconfiado en 1936; creía que la gente lo desvalorizaba,
hizo un intento de suicidio y se internó en junio de 1936
en la Clínica H. Allí se quejó de que tenía que relacionar
todas las cosas consigo; cuando veía un reloj, debía
pensar: “Tu hora ha transcurrido”. Entre otras cosas creía
que se le quería acusar de un crimen; escuchaba también
voces con un contenido parecido y se reprochaba de haber
vivido más allá de sus posibilidades. Tenía un estado de
ánimo oprimido e hizo el intento de colgarse. En diciembre
de 1936 fue dado de alta sin haber mejorado esencialmente.
También en su casa permaneció angustiado y desconfiado;
siguió relacionando consigo mismo cosas inofensivas; creía
que todo ocurría por su causa. En noviembre de 1937 fue
aceptado en la Clínica M. Allí se quejó de que todos le
exigían que se matara. Se sentía espiado e interpretaba de
manera absurda las observaciones inofensivas de otros
pacientes. En enero de 1938 fue dado de alta otra vez. La
sensación de ser observado se mantuvo. Creía siempre que
la gente quería darle a entender algo por medio de
movimientos y signos. A pesar de eso, pudo seguir
trabajando como funcionario de finanzas. En julio de 1939
ingresó en la Clínica de Frankfurt para ser examinado.
Allí explicó que seguía viendo que la gente hacía signos
en contra de él. No podía superar la idea de que la gente
le era hostil. Decía que en las conversaciones con sus
colegas escuchaba expresiones hostiles, que su estado de
ánimo seguía oprimido y muchas veces quería poner fin a su
vida.
En este caso
tenemos el cuadro de una depresión paranoide completa.
Aparecen ideas de desvalorización, autorreproches,
temores, bajo la forma de autorrelaciones. El estado de
ánimo es muy oprimido, se llega a varios intentos serios
de suicidio. Sin embargo, la psicosis toma un curso
crónico; a decir verdad, el estado se suaviza, pero no
sana. Si en un síndrome de relación agudo pensamos en el
comienzo de una esquizofrenia, tanto más entonces si la
psicosis no se extingue. Pero en las esquizofrenias que
comienzan con ideas de relación de tipo depresivo, por lo
general la depresión se convierte enseguida en una
excitación hostil. Lo encontraremos particularmente en la
parafrenia afectiva. En cambio no se observa en las
esquizofrenias que un estado de ánimo depresivo se
mantenga crónicamente y sólo sea acompañado de ideas de
relación de contenido depresivo, es decir, de
desvalorización, pecado, temor. El curso crónico deja de
llamar la atención si recordamos lo que hemos encontrado
en las otras depresiones puras. Se trata de una
característica que se agrega en forma más o menos general
a las formas puras.
En las
familias de depresivos paranoides se observó varias veces
una inclinación a la desconfianza, lo que señala una
disposición a la depresión paranoide. Posiblemente también
aquí el carácter represente una especie de adelgazamiento
de la verdadera psicosis. Encontramos el suicidio en
varios pacientes; parece ser relativamente frecuente en la
depresión paranoide.
Resumen
En la
depresión paranoide se unen al estado de ánimo oprimido o
también más angustiado ideas de relación que tienen
contenidos depresivos. De los hechos del medio que los
rodea los enfermos obtienen señales de que son
considerados inferiores o pecadores y de que les espera
algún mal. Junto a las ideas de relación hay
ocasionalmente voces que reproducen los contenidos
depresivos. Igual que otras depresiones puras, también las
depresiones paranoides toman de vez en cuando un curso
crónico. Cuando se mantiene la unión del estado de ánimo
depresivo con autorrelaciones de contenido depresivo, no
hay motivo para cambiar el diagnóstico. Pero en una
observación más breve se producen fácilmente equívocos con
síndromes de relación de una génesis diferente. La
inclinación al suicidio es al parecer muy grande en la
depresión paranoide. Entre los familiares se encuentran
temperamentos desconfiados que corresponden a la depresión
paranoide como tipos de amplitud normal. En cuanto a la
estructura corporal, según lo puedo decir sólo por la
impresión que tengo, el porte leptosómico no parece ser
infrecuente.
Nota:
El
material que presentamos se corresponde a una traducción
realizada por el Prof. Cristóbal Piechocki con revisión
técnica de Hugo Marietán del libro de Leonhard
Aufteilung der endogen Psychosen und ihre defferenzierte
Ätiologie, 7º edición, 1995, Stuttgar, Nueva York,
1995 y publicados en la revista Alcmeon, números 16, 17,
18 y 19 (www.alcmeon.com.ar).
Existe una traducción de los doctores Outes, Tabaso y
Florían: Clasificación de las psicosis endógenas y su
etiología diferenciada, Editorial Polemos, Buenos
Aries, 1999.