CURSO SOBRE DEPRESIÓN
Director Hugo Marietan
marietanweb@gmail.com
Tratamiento en la
emergencia del paciente suicida
Heliane Bastos
drahelianebastos@2vias.com.ar
El comportamiento suicida abarca los
gestos suicidas, los intentos de suicidio y el suicidio
consumado. Los planes de suicidio y las acciones que
tienen pocas posibilidades de llevar a la muerte son
llamados gestos suicidas. Las acciones suicidas con
intención de muerte pero que no logran su propósito se
llaman intentos de suicidio.
Según ha señalado la Organización
Mundial de la Salud (OMS), el suicidio constituye un
problema de salud pública muy importante pero en gran
medida prevenible, que provoca casi la mitad de todas las
muertes violentas y se traduce en casi 1.000.000 de
víctimas al año, además de unos costos económicos valuados
en miles de millones de dólares.
La OMS define el intento de suicidio
como “un acto no habitual, con resultado no letal,
deliberadamente iniciado y realizado por el sujeto, para
causarse auto lesión o determinarla sin la intervención de
otros, o también ocasionarla por ingesta de medicamentos
en dosis superior a la reconocida como terapéutica”
(1)(2)(3)(4).
Epidemiología
En el mayor estudio realizado hasta
la fecha en los Estados Unidos (llamado ECA) sobre
prevalencia de enfermedades psiquiátricas en la comunidad
general en 18.000 sujetos mayores de 18 años, 2,9%
reportaron que habían intentado suicidarse en algún
momento de sus vidas. Todos ellos presentaban alguna forma
de patología psiquiátrica.
Globalmente, el suicidio representa
el 1,4% de la carga mundial de morbilidad. En 2001 los
suicidios registrados en todo el mundo superaron la cifra
de muertes por homicidio (500 000) y por guerras (230
000). Se encuentra entre las 10 primeras causas de muerte.
El suicidio es la causa del 30 por ciento de las muertes
entre los estudiantes universitarios y del 10 por ciento
de las muertes en personas entre 25 y 34 años. Es la
segunda causa de muerte entre los adolescentes. Durante
2003 en la República Argentina se suicidaron 818
adolescentes y jóvenes de entre 15 y 24 años (con una
proporción de 3,6 varones por cada mujer); eso significa
una tasa de 19,6 varones adolescentes y jóvenes que mueren
por suicidio por cada 100.000 habitantes varones de la
misma edad (superando por más de 5 puntos por cien mil la
tasa de varones de todas las edades, que es de 15,1 por
cien mil) (Tabla 1).
Tabla 1
Tasas de suicidio
Año 2003 Población Total
Varones: 14,12 Mujeres: 3,56 Ambos
sexos: 8,7
Año 2004 Población Total
Varones: 13,24 Mujeres: 3,36 Ambos
sexos: 8,20
Tasas de suicidio en Adolescentes,
año 2004
Las tasas de suicidio en adolescentes
se expresan por cien mil adolescentes de la misma edad y
sexo
Edades: 10 a 14 años: Varones: 2,45
Mujeres, 1,47 ambos sexos: 2,52
Edades: 15 a 19 años: Varones: 16,65
Mujeres: 5,60 ambos sexos: 5,90
Edades: 20 a 25 años: Varones: 32,16
Mujeres: 4,18 ambos sexos: 9,58
Fuente ( www.marietan.com):
elaboración del Dr. Basile sobre datos del Programa
Nacional de Estadísticas de la Salud. Información Básica.
Estadísticas Vitales. Ministerio de Salud y Acción Social
Las tasas de suicidio son mayores en
las áreas urbanas que en las rurales.(1)(2)(4)
La tasa de suicidio es mas alta en el
sexo masculino y presenta una gran variación (Tabla 2) y
parece influir en parte el contexto cultural. La razón es
relativamente baja en zonas de Asia (por ejemplo, 1,0:1 en
China, 1,6:1 en Filipinas, 1,5:1 en Singapur), alta en
varios países de la antigua Unión Soviética (6,7:1 en
Belarús, 6,2:1 en Lituania) y muy alta en Chile (8,1:1) y
Puerto Rico (10,4:1).
En promedio, parece que hay cerca de
tres suicidios masculinos por cada suicidio femenino y
esto es más o menos constante en diferentes grupos de
edad, con la excepción de la vejez avanzada, cuando los
hombres tienden a presentar tasas aun más altas. En
términos generales, la diferencia entre los sexos en
cuanto a las tasas de suicidio en los países asiáticos es
más reducida que en otros sitios del mundo.
Las diferencias a menudo grandes de
las tasas entre los países y según el sexo muestran cuán
importante es que cada país vigile sus tendencias
epidemiológicas para determinar qué grupos de población
corren un riesgo mayor de suicidio (5).
La prevalencia del suicidio entre los
caucásicos es aproximadamente el doble de la observada en
otras razas, si bien recientemente en los Estados Unidos
se ha informado una tasa más alta en los afro
estadounidenses. Esta modalidad de una prevalencia más
elevada en los caucásicos también se ha comunicado en
Sudáfrica y Zimbabwe. Las excepciones a la tasa
generalmente superior en los caucásicos se encuentran en
las antiguas repúblicas soviéticas de Armenia, Azerbaiyán
y Georgia (6)(7).
El hecho de pertenecer al mismo grupo
étnico parece asociarse con tasas similares de suicidio,
como sucede en el interesante ejemplo que ofrecen Estonia,
Finlandia y Hungría, países que tienen todos tasas muy
altas, a pesar de que Hungría está geográficamente muy
distante de Estonia y Finlandia. Por el contrario, grupos
étnicos diferentes, aunque vivan en el mismo lugar, pueden
tener tasas muy disímiles de suicidio. En Singapur, por
ejemplo, los chinos y los indios tienen tasas mucho más
altas que los malayos (8).
Las tasas de suicidio son con
frecuencia más elevadas en los grupos indígenas, por
ejemplo, en algunos de estos grupos de Australia, China
(Provincia de Taiwán) y Canadá y Estados Unidos
(9)(10)(11)
Tabla 2

Fuente: Organización Mundial
de la Salud (OMS)
Sin embargo, más del 70 por ciento de
las personas que se suicidan son mayores de 40 años y la
frecuencia aumenta dramáticamente en los mayores de 60
años, sobre todo en los varones.
En contraste, los intentos de
suicidio son más frecuentes antes de llegar a la mediana
edad. Son particularmente frecuentes entre las
adolescentes solteras y entre los solteros alrededor de
los 30 años. Aunque las mujeres intentan suicidarse con
una frecuencia tres veces mayor que los hombres, éstos
consuman el suicidio en una proporción cuatro veces mayor
que ellas.
Se estima que existe una proporción
de 8:1 entre los intentos y las muertes por suicidio,
aunque existen amplias diferencias según edad y género.
De aquellos que intentaron el
suicidio y fallaron, una tercera parte tuvieron otro
intento en el curso del año siguiente(1)(2)(3)(4).
El comportamiento suicida
El comportamiento suicida viene
determinado por un gran número de causas complejas, tales
como la pobreza, el desempleo, la pérdida de seres
queridos, una discusión, la ruptura de relaciones y
problemas jurídicos o laborales. Los antecedentes
familiares de suicidio, así como el abuso de alcohol y
estupefacientes, y los maltratos en la infancia, el
aislamiento social y determinados trastornos mentales,
como la depresión y la esquizofrenia, también tienen gran
influencia en numerosos suicidios. Las enfermedades
orgánicas y el dolor discapacitante también pueden
incrementar el riesgo de suicidio ( Tabla 3 ) (1)(2)(4).
Tabla 3

El suicidio es a menudo el acto final
de una serie de comportamientos autodestructivos. El
comportamiento autodestructivo es especialmente frecuente
entre las personas con experiencias traumáticas en su
niñez, especialmente las que padecieron abusos o
negligencia o el sufrimiento de un hogar monoparental,
quizás porque éstas son más propensas a tener mayores
dificultades en establecer relaciones profundas y seguras.
Los intentos de suicidio son más probables entre mujeres
maltratadas, muchas de las cuales también sufrieron abusos
de niñas.
El alcohol incrementa el riesgo de
conducta suicida porque agrava los sentimientos depresivos
y disminuye el autocontrol. Alrededor de la mitad de los
que intentan el suicidio están intoxicados en el momento
de hacerlo. Puesto que el alcoholismo por sí mismo,
particularmente si hay ingestión exagerada de forma aguda,
causa a menudo sentimientos profundos de remordimiento en
los periodos entre una ingestión y otra, los alcohólicos
son particularmente propensos al suicidio incluso cuando
están sobrios.
La auto agresión violenta puede
ocurrir durante un cambio de humor hacia una depresión
profunda pero transitoria. Los cambios de humor pueden
estar causados por fármacos o por enfermedades graves.
Una persona que está experimentando
un cambio de su humor hacia la depresión es, con
frecuencia, consciente sólo de modo parcial, y
probablemente después, recuerde sólo vagamente su intento
de suicidio. Los que padecen epilepsia, especialmente
aquellos con epilepsia del lóbulo temporal, con frecuencia
experimentan episodios depresivos breves pero intensos lo
que, unido a la disponibilidad de fármacos para tratar su
enfermedad, incrementa el factor de riesgo para la
conducta suicida.
Además de la depresión, existen otros
trastornos mentales que aumentan el riesgo de suicidio.
Los esquizofrénicos, por ejemplo, frecuentemente sufren de
depresión y son más propensos a intentar el suicidio que
aquellos que no tienen dicho trastorno. Los métodos de
suicidio que eligen los esquizofrénicos pueden ser
insólitos y con frecuencia violentos. En la esquizofrenia
los intentos de suicidio acaban generalmente en la muerte.
El suicidio puede ocurrir en las primeras fases de la
enfermedad y puede ser la primera indicación clara de que
la persona padecía esquizofrenia (12)(13).
Cuando la idea de culpa es agobiante,
la expiación necesaria se traduce en suicidio. Poldinger ,
luego de una profunda observación del suicida dice que el
80% de los individuos que culminaron en suicidio, ya lo
habían anunciado, que el 50% de los suicidas había
consultado al médico el mes anterior y que el 25% de los
suicidas había hecho la consulta una semana antes.
Freedman-Kaplan-Sadock mencionan la
diferencia de su ocurrencia en las depresiones reactivas
moderadas, de nivel neurótico y las más profundas de
categoría psicótica. En estas últimas, evidentemente el
riesgo es mucho mayor.
En aquellos cuadros depresivos
asociados a una manifiesta histeria, en pleno período de
estado, hay anuncios e intentos suicidas. Pero, hay casi
siempre "anuncios más o menos melodramáticos". El hecho
suele producirse, efectivamente, ante un auditorio. Por lo
general, el recurso no es idóneo para lograr la muerte. El
enfermo no se arroja al vacío, ni se dispara un tiro, ni
piensa en tirarse a las vías. Elige el corte en el
antebrazo , toma fármacos comunes, etc. El objeto es
llamar la atención, con alto contenido histriónico, y
consecutivo a situaciones conflictivas explosivas. Es un
intento "utilitario" en el sentido de conseguir algún
objetivo en el entorno.
En cambio los intentos suicidas del
deprimido severo, suelen planearse, generalmente en cierto
secreto y el cuidado que pone en su ejecución hace que
casi siempre culmine en muerte. En su comienzo, el sujeto
suele manifestar a quienes le rodean que "es mejor
terminar con todo, así no se puede vivir, esto no tiene
arreglo, es mejor desaparecer". Es decir explicita su idea
autodestructiva. Pero hasta aquí hay ambivalencia: se
piensa en el suicidio, pero se resiste a la idea.
Sin embargo, el riesgo aumenta,
cuando el individuo parece tranquilizarse, cesa la
ambivalencia, desaparece la disyuntiva y la lucha
interior; generalmente la resolución ha sido tomada y
ahora se elabora la ejecución del acto.
La resolución suicida es,
esencialmente un elemento de la esfera afectiva . Por lo
tanto, el nivel cultural del sujeto, las apelaciones a su
alta capacidad de razonamiento, no tienen sentido. Tampoco
debe confiarse, en absoluto, en que la psicoterapia, en
esa situación, pueda brindar resultados y en todo caso,
implica un riesgo tan alto que no puede ser asumido. La
idea suicida no es un razonamiento, sino un sentimiento
(12)(13)(14).
Tratamiento en la emergencia
Asegurar la supervivencia y
prevenir
El punto inicial del tratamiento es
asegurar la supervivencia del paciente. El segundo es la
prevención de nuevos intentos, inmediatos o a largo plazo.
La familia y el suicida
Además es muy importante convencer a
la familia del riesgo suicida, el cual, frecuentemente, no
es percibido en su real importancia. A veces, la familia
reacciona con frases como "El suicidarse, no, él no haría
eso... No, son palabras, lo que pasa es que está un poco
triste, nada más... Ya lo dijo otras veces y nunca hizo
nada... No, no tendría valor... No lo creo, es muy
religioso y quiere mucho a su familia... etc.". Y,
después, las consabidas invocaciones a su voluntad, "le
decimos que ponga voluntad, que se ayude, que debe pensar
en otra cosa, que salga, que se distraiga..." "yo le digo
que no puede estar así..." Esto, revela, por parte de los
allegados, una resistencia inconsciente a aceptar la idea
de suicidio y también, a veces, en aceptar alguna
responsabilidad propia frente al tema
(14)(15)(16)(17)(18).
En ocasiones, algún familiar, o la
familia toda, hace su oculto y sutil mensaje incitante al
suicidio: la desvalorización, la crítica despiadada, las
quejas en cuanto a que "así no se puede vivir..." y la
implícita o a veces explícita asignación de
responsabilidades o culpas, agravan y ayudan a la
determinación (19)(20)(21)(22)(23).
Suele existir un personaje
omnipotente en la familia que insiste en hipervalorar el
vínculo, piensa que mientras más cercano debe ser más
efectivo, o la actitud alegre y euforizante de alguien que
cree que contagiará al enfermo de ese estado de ánimo.
Todas estas son fantasías, basadas por fin en una
sobrevaloración de las posibilidades personales de los
integrantes del entorno. En algún caso, se inicia una
especie de competencia, para ver quién anima más al
enfermo(4)(13)(14)(23).
Es de primordial importancia
conversar con la familia y se debería tratar, de detectar
a la, o a las personas más responsables y confiables para
el apoyo del enfermo (13)(14)(23).
Control inmediato de la
ansiedad y los impulsos
Como la etiología más frecuente del
intento de suicidio son los estados depresivos en general,
sus síntomas suelen ser los más evidentes.
Desde el punto de vista farmacológico
el control de los mismos suele aparecer entre dos y tres
semanas después de iniciado el antidepresivo. Por lo
tanto, la inmediata prescripción de antidepresivos no
tiene efecto práctico para el momento en el cual se deben
tomar determinaciones.
La ansiedad y el insomnio tienen
efectos altamente negativos sobre el control de impulsos y
sobre la determinación suicida en particular.
La intervención farmacológica más
importante en urgencias es el control de estos dos
síntomas y la elección del tipo de medicamento depende de
las características de impulsividad del paciente.
En caso de historia de pobre control
de impulsos, donde el individuo manifiesta dificultad en
posponer la satisfacción de necesidades y deseos urgentes
y en controlar los efectos a que ellos pueden dar lugar
(comportamiento impulsivo, generalizado de palabra y obra
) y donde los deseos y necesidades son de carácter
compulsivo y tienen que ser efectuados inmediatamente con
poca o ninguna consideración hacia las consecuencias, las
benzodiacepinas pueden incrementar dicha impulsividad.
En tal sentido, se debe elegir un
antipsicótico atípico a dosis muy bajas: clozapina
6,25-25mg por día, risperidona 0,25-1mg por día, u
olanzapina 1,25-5 mg por dia. Tanto la clozapina como la
olanzapina pueden inducir somnolencia, efecto secundario
que debe tenerse en cuenta para así prescribir el total o
la mayoría de la dosis a la hora de dormir.
En el resto de los pacientes deben
utilizarse benzodiacepinas de alta potencia, como el
alprazolam o lorazepam. Las variaciones individuales en la
respuesta son muy amplias y la dosificación debe tener en
cuenta la respuesta inicial, valorada a las dos horas de
administrada por vez primera.
La internación
Una vez controlada la ansiedad, se
plantea el problema de la continuidad del tratamiento, ya
que éste debe seguirse en forma ambulatoria. Es prudente
iniciarlo por medio de una hospitalización general breve
(24-48 horas) (20)(21)(22).
En el caso de excelente respuesta a
la sedación, con un ambiente familiar estructurado y
responsable, una patología psiquiátrica leve y una
historia de buen control de impulsos, donde el paciente
puede expresar y manejar afectos urgentes, deseos y
necesidades de manera adaptativa , puede lograr un balance
basado en la realidad entre deseos y necesidades por una
parte y la posibilidades y limitaciones del ambiente por
otra y además puede experimentar conscientemente
sensaciones fuertes, deseos y necesidades, sin permitir
que se expresen en la acción, en estos casos, el paciente
podrá continuar su tratamiento ambulatoriamente
(14)(15)(16)(17)(18)(19)(25)(27).
Si algunos de esos puntos no se
cumplen, es prudente optar por una hospitalización breve
que garantice control adecuado tanto del sueño como del
control de la ansiedad, y que permita un tiempo para que
algunas circunstancias ambientales puedan ser
reflexionadas y en consecuencia controladas por el
paciente.
Si la patología psiquiátrica es
evidente, o si el intento de suicidio ocurrió bajo efecto
de tóxicos y existe historia de uso frecuente, abuso o
adicción, el tratamiento debe hacerse en clínica u
hospital especializado, pues las posibilidades de
recurrencia son altas.
El circuito de la serotonina
Se ha examinado la eficacia de la
farmacoterapia para modificar los procesos neurobiológicos
que son la base de ciertos trastornos psiquiátricos,
incluidos los que están relacionados con el comportamiento
suicida, por ejemplo, señalaron que la paroxetina quizá
sea eficaz para reducir el comportamiento suicida. La
razón de la elección de la paroxetina fue que el
comportamiento suicida se ha asociado con una disminución
de la función de la serotonina.
Se sabe que la paroxetina es un
inhibidor selectivo de la recaptación de la serotonina (ISRS)
y que, como tal, aumenta la disponibilidad de serotonina
para la transmisión neural de señales. En un estudio de
doble ciego efectuado durante un año, se compararon los
efectos de la paroxetina y un placebo administrados a
pacientes que tenían antecedentes de tentativas de
suicidio y habían intentado suicidarse recientemente.
Estos pacientes no habían padecido depresión grave, pero
la mayoría presentaba un "trastorno de la personalidad del
grupo B" (que incluye los trastornos de la personalidad
antisocial, narcisista, limítrofe e histriónica). Los
resultados indicaron que el mejoramiento de la función de
la serotonina con un ISRS, en este caso la paroxetina,
puede reducir el comportamiento suicida en los pacientes
con antecedentes de intentos de suicidio, pero no en los
que sufren depresión grave(3)(13)(25)(27).
La contraindicación de la
psicoterapia profunda
La psicoterapia profunda en el caso
de una situación álgida (riesgo de suicidio, ansiedad,
componente psicotico, etc.) no tiene cabida. Más aún,
insistimos en que la exploración del inconsciente y la
psicoterapia introspectiva están contraindicadas
formalmente. El análisis de motivaciones inconscientes
puede producir en el paciente desasosiego y angustia al
descubrir elementos negativos de su historia vital,
agranda el cuadro. No es este el momento, en el cual, más
adelante, ya mejorado el paciente, podrá ser considerado
ese tratamiento (Freedman-Kaplan-Sadock, ob. cit. pág.
1176) (Vidal - Bleichmar - Usandivaras, ob. cit. pág.
143).
La aproximación psicoterápica, en ese
momento álgido, debe ser de apoyo, y así debe continuar
hasta cesado el cuadro.
Sin embargo, se debe insistir en
luchar contra las ideas de culpa, ruina, indignidad,
pesimismo. Es preciso desvalorizar estos sentimientos,
quitarles vigor, minimizándolos. Presentar su porvenir
aceptable es imprescindible (14).
TEC
El electroshock fue la primera
terapia realmente efectiva para la depresión y para otras
enfermedades. Según Cerletti este tratamiento es de
elección en las tendencias suicidas.
En la depresión psicótica grave es
también está indicado. También corresponde en el estupor
depresivo, negativismo, y en los casos de fracaso de la
medicación antidepresiva.
Además el tratamiento está
especialmente indicado en pacientes con hipertensión,
enfermedad cardiaca, mal estado general, daño hepático,
etc.
Este tratamiento ha sido objeto de un
descrédito muy difundido, presentándolo como algo muy
semejante a una agresión sádica al individuo, o como un
castigo, o como procedimiento arcaico.
En ciertos casos valdría la pena
aceptar que esta terapia reviste menores riesgos que
impregnar masivamente de ciertos fármacos (que tienen
siempre formas de intolerancia) durante un tiempo de 45-60
días, que efectuar electroshock, como queda dicho, de tan
reducidas secuelas. La más común de éstas, la hipomnesia,
desaparece a los 60- 90 días de finalizado el tratamiento.
Recordemos que, como dice Freedman-Kaplan-Sadock (ob. cit.)
este tratamiento mejora o cura el episodio depresivo en
más de un 80% de los cuadros y que, alrededor del 50% de
los pacientes que no mejoraron con el tratamiento
farmacológico, resulta beneficiado (14).
Psicoterapia a corto plazo
En las intervenciones conductuales,
un trabajador de salud mental realiza sesiones de terapia
con el paciente para analizar el comportamiento y los
pensamientos suicidas anteriores y actuales y, mediante la
indagación, trata de establecer conexiones con posibles
factores subyacentes. Los resultados iniciales en cuanto a
la eficacia de este tipo de tratamiento son prometedores,
pero todavía no hay ninguna respuesta concluyente.
Un estudio efectuado en Oxford
examinó a pacientes de 16 a 65 años de edad, en alto
riesgo de múltiples intentos de suicidio, que habían sido
asistidos en una unidad de urgencias después de ingerir
una sobredosis de medicamentos antidepresivos. Los
pacientes recibieron el tratamiento ordinario para los
intentos de suicidio o el tratamiento ordinario junto con
una intervención breve "orientada al problema", una forma
de psicoterapia a corto plazo que se concentró en el
problema identificado como el más perturbador para el
paciente. El estudio encontró un beneficio significativo
para el grupo experimental (los que recibían la
intervención junto con el tratamiento ordinario) seis
meses después del tratamiento, en cuanto a una disminución
de las tasas de intentos repetidos de suicidio.
Lamentablemente, esta diferencia ya no fue significativa
cuando se reevaluó a los sujetos después de 18 meses.
Un estudio realizado en los Estados
Unidos examinó la eficacia de la terapia conductual
dialéctica con pacientes que presentaban trastornos de la
personalidad limítrofe, disfunciones conductuales
múltiples, trastornos mentales importantes y antecedentes
de múltiples intentos de suicidio. La terapia conductual
dialéctica es un tratamiento concebido para los pacientes
crónicamente suicidas, que usa el análisis de
comportamientos y una estrategia de solución de problemas.
Durante el primer año posterior al tratamiento, los
pacientes que recibieron la terapia hicieron menos
intentos de suicidio que los que habían recibido el
tratamiento ordinario.
Otra investigación efectuada en los
Estados Unidos que adoptó un enfoque de terapia conductual
examinó a pacientes con antecedentes de intentos de
suicidio. El objetivo era ver si mostraban un "déficit en
el pensamiento futuro positivo", es decir, si carecían de
esperanzas y expectativas para el futuro. Si era así, el
estudio procuró establecer si tal déficit podría
modificarse mediante una intervención psicológica breve
conocida como "terapia conductual cognoscitiva con la
ayuda de un manual" (TCCM). En esta intervención, el
problema se soluciona con la orientación de un manual, con
el fin de estandarizar el tratamiento. Se asignó
aleatoriamente a los pacientes la TCCM o el tratamiento
ordinario para los intentos de suicidio y se volvió a
evaluar a los pacientes después de seis meses. El estudio
encontró que los pacientes con antecedentes de intentos de
suicidio mostraban menos esperanzas y menos expectativas
positivas para el futuro que el grupo de testigos pareados
de la comunidad. Después de la intervención de TCCM, sus
expectativas mejoraron significativamente, mientras que
los que recibieron el tratamiento ordinario solo
presentaron una mejora marginal (1)(2)(25)(26)
Se deben realizar más investigaciones
que examinen la contribución relativa de los factores
psicosociales y biológicos en el comportamiento suicida.
Un mayor acoplamiento de los dos tipos de factores en los
programas de investigación permitiría lograr importantes
adelantos en el conocimiento actual del suicidio. Un campo
particularmente prometedor es la investigación en rápida
expansión de la genética molecular, donde, entre otras
cosas, hay ahora mayor conocimiento acerca del control del
metabolismo de la serotonina (25)(26)(28).
Conclusiones
Es importante reconocer que el
suicidio se puede evitar y que el hecho de tener acceso a
los medios necesarios para suicidarse es tanto un factor
de riesgo relevante como un determinante del suicidio. Por
lo tanto cualquier acto o amenaza suicidas deben ser
tomados en serio. El 20 por ciento de las personas que
intentan suicidarse repite el intento en el plazo de un
año. Todas las personas que realizan gestos suicidas o que
intentan suicidarse necesitan ser tratadas. Cerca del 10
por ciento de todos los intentos de suicidio resultan
mortales.
Aunque a veces un suicidio consumado
o un intento de suicidio se presenta como algo totalmente
sorpresivo o chocante, incluso para los familiares
cercanos, los amigos y los compañeros, generalmente
existen signos premonitorios. En general, los que se
suicidan están deprimidos y por ende el paso práctico más
importante para prevenir el suicidio es diagnosticar y
tratar correctamente la depresión. Sin embargo, el riesgo
de suicidio se incrementa cerca del comienzo del
tratamiento de la depresión, cuando la persona se vuelve
más activa y decidida pero aún sigue deprimida.
Un buen cuidado psiquiátrico y social
después de un intento de suicidio es el mejor modo de
prevenir nuevos intentos de suicidio.
Como muchas personas que se suicidan
ya habían previamente intentado hacerlo, se debe realizar
un asesoramiento psiquiátrico inmediatamente después del
intento. El medico debe tratar de identificar los
problemas que contribuyeron al acto y planear un
tratamiento apropiado, manifestando una empatía que
exprese serenidad y que tienda permanentemente a mantener
un clima de respeto explícito, lo que implica no emitir
juicios apresurados con respecto a la conducta del
paciente.
Hay que llevar a cabo más
investigaciones clínicas sobre la función causal de las
afecciones coexistentes, por ejemplo la interacción entre
la depresión y el abuso del alcohol. También debe haber
mayor énfasis en los subgrupos de la población según la
edad (ya que el suicidio en las personas de edad tiene
características diferentes del suicidio en los jóvenes),
la personalidad y el temperamento. La obtención de
imágenes cerebrales es otro campo que requiere más
esfuerzos de investigación. Debería haber más
investigaciones sobre la función de la hostilidad, la
agresión y la impulsividad en el comportamiento suicida.
Se necesita una inversión importante
tanto en la investigación como en las actividades
preventivas. Aunque los estudios a corto plazo contribuyen
a una mejor comprensión de por qué ocurre el suicidio y
qué se puede hacer para prevenirlo, son necesarios
estudios longitudinales para conocer plenamente la función
de los factores biológicos, psicosociales y ambientales en
el suicidio. También se requieren evaluaciones rigurosas y
a largo plazo de las intervenciones. Hasta la fecha, la
mayoría de los proyectos han sido de corta duración, con
poca o ninguna evaluación.
Finalmente, las actividades de
prevención del suicidio serán ineficaces si no se
establecen en el marco de planes a gran escala elaborados
por equipos multidisciplinarios que incluyan a
funcionarios del gobierno, planificadores y trabajadores
de la atención de salud e investigadores y profesionales
de diversas disciplinas y sectores. Las inversiones
importantes en la planificación, los recursos y la
colaboración entre estos grupos contribuirán a reducir
este trascendente problema de salud pública.
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