SEMIOLOGIA PSIQUIATRICA Y ESQUIZOFRENIA

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Pensamiento paralelos concientes (PPC)1
Dr. Hugo R. Marietán2

Resumen

En este trabajo se elabora el constructo teórico de los pensamientos paralelos concientes (PPC) como origen de varios síntomas estudiados por la psiquiatría, como la percepción delirante, las alucinaciones, pensamiento de influencia, etcétera. Se diferencian los pensamientos que el paciente considera como propios, los pensamientos en serie concientes (PSP), de los que considera como extraños a él, los PPC. Para comprender el concepto se parte de la noción de que el percepto resultante de la sensopercepción es una construcción derivada de las señales externas y la información proveniente de la memoria.

Palabras clave

Esquizofrenia, delirio, alucinaciones.

Summary

In this work the theoretical diagram about Parallel Conscious Thinking is worked out as origin of several symptoms studied by psychiatry, as delusion, hallucination, think of influence, et cetera. Thinking which patients consider belonging to themselves (serial conscious thinking) are different from thinking consider strange (parallel conscious thinking). To understand the concept, we consider the percept resultant of perception as a construct derives from external signals and information comes from memory.

Key words

Schizophrenia, delusion, hallucination

La información

El humano, como cualquier ser biológico, necesita de la información para ubicarse en su medio. La información la definimos, de acuerdo al concepto de la física, como el descenso de la incertidumbre, y como un sistema ordenado que se opone al sistema entrópico (caos). El concepto de sistema ordenado lo podemos entender si decimos que solamente aquellas señales que pueden ser ordenadas de acuerdo a nuestro sistema lógico pueden ser entendidas. De la multiplicidad de señales que emanan de la realidad, captamos aquellas que pueden ser decodificadas, es decir ordenadas, a las cuales les podemos dar forma, y eso es información.

Para ser captada, la señal proveniente de un objeto depende de un sistema sensoperceptivo que tiene el organismo para tal fin. Este sistema comienza en los órganos de los sentidos que lleva una información bruta (sensación) al cerebro, donde es procesada y da como resultado la imagen. En consecuencia, la sensación en bruto (S), la estimulación primaria, no da cuenta de la identificación del objeto, que necesita sí o sí de otro procesamiento interno para lograrlo, la información almacenada que, por definición, la denominamos memoria. Llamamos representación (R) al material mnésico que utilizamos para complementar la sensación e identificar el objeto.

El percepto (P), la imagen resultante, es una combinación entre la sensación y la representación (S+R=P). Se entiende que el percepto es ya una conclusión, un respuesta a la pregunta ¿Qué es esto?, un juicio de identificación, un pensamiento. La representación (que aporta la memoria) hace que el resultado tenga un alto componente subjetivo. De esto se desprende que lo sensoperceptivo es una construcción entre señales provenientes de lo externo e información proveniente de la memoria. Se deduce que la llamada objetividad está apoyada más en el consenso de varios observadores que en la captación de una realidad pura.

En tanto humanos no podemos captar la realidad en su esencia. Como especie tenemos información de una parte de la realidad, la que nos es útil o que nuestros órganos están preparados para recepcionar. Del resto no tenemos conocimiento. La "mente" necesita, entonces, elaborar hipótesis que rellenen este vacío de conocimiento (creencias, ilusiones y otros artificios), para evitar el exceso de incertidumbre que genera temor. Tal vez otro ser viviente con distintos órganos sensoriales percibiría de diferente manera la realidad.

Así, la función a la que se le asigna el mayor grado de objetividad, la sensopercepción, tiene una alta carga subjetiva (R) y es, en consecuencia, relativa.

La construcción sensoperceptiva es una acción global del psiquismo que se vivencia en el campo de la conciencia (CC); lo llamamos así porque tenemos conocimiento de este proceso. Este CC es virtual, no tiene existencia real en nuestro interior (como tampoco la imagen de que se ve en la pantalla de una televisor tiene existencia real dentro del televisor), sino que es el resultado de múltiples interacciones binarias neuronales que se activan (1) o no (0). Y así como nunca encontraremos la imagen de Mirtha Legrand detrás de la pantalla aunque desarmemos todo el televisor, tampoco hallaremos la imagen de una silla que observamos en ninguna parte de nuestro cerebro. El resultado de este trabajo cerebral se "proyecta" en un campo virtual.


Si le prestamos atención a este razonamiento podemos utilizarlo para encarar una hipótesis sobre la ilusión.

Ilusión

La definición clásica de ilusión dice que "es la percepción deformada de un objeto real".

Para entender este concepto debemos comprender que la sensación es complementada adecuada y armoniosamente por una representación para identificar el objeto. Si falla alguno de estos elementos, la identificación que vamos a realizar es falsa. Eso es lo que ocurre en la ilusión. La sensación es sobrecomplementada con la representación y da una falsa hipótesis de identificación. El ejemplo clásico es cuando tenemos gran expectativa de que llegue una persona. Miramos a lo lejos, vemos una persona con características similares, pero no tenemos la suficiente precisión en cuanto a los datos de la sensación (S). Lo vemos de lejos, es rubio, alto; con esos pocos datos más lo que nosotros anhelamos, decimos "Es Juan" (S+R=‘P’). Se acerca la persona, va mejorando nuestro nivel de información, a través de la sensación (S), nuestros almacenes de memoria van trabajando y haciendo una complementación más ajustada y decimos "No, no es Juan, es parecido a él" (S+R=P). En ese primer momento, que es ilusorio, vemos a Juan. Pero no porque la sensación sea la adecuada, sino simplemente porque estamos sobrecomplementando con nuestra representación en función de la expectativa que tenemos.

Como dicen los clásicos, puede haber una falta de información en lo referido a la sensación, por agotamiento o por inatención. Para atender adecuadamente debemos focalizar nuestra conciencia sobre algo; si estamos cansados, si hay exceso de expectación, si tenemos miedo, etcétera, no podemos hacerlo. La ilusión es una sobrecomplementación de la representación sobre la sensación. Percibimos deformado un objeto que es real: ésa es la diferenciación entre la alucinación y la ilusión. Esquirol lo discrimina en 1838: una cosa es la ilusión y otra la alucinación. En la ilusión el objeto está, no así en la alucinación.

Alucinación

La alucinación es una percepción sin objeto, define Esquirol. El paciente cree ver, escuchar, sentir, gustar, oler algo que no está, que no es consensuadamente visto, olfateado, etcétera, por las demás personas. Henry Ey, para darle mayor precisión a la definición agregó: "Que estimule los sentidos". Esta definición está aún vigente.

Pero si nos basamos en el concepto de que para percibir es necesaria la presencia del objeto (de lo contrario no tenemos sensación), no podemos decir que se percibe si no está el objeto. Y con la aclaración "que estimule los sentidos" la redundancia es mayor.

Certeza incontrastable

Hay un hecho que es perturbador: lo alucinado (desde la visión del que alucina) no aparece en un contexto distinto al consensuado. Eso es lo dramático de la alucinación. Lo alucinado se da en el contexto de las cosas no alucinadas, eso es lo impactante y todavía no resuelto. ¿Por qué, por ejemplo, el esquizofrénico percibe todo como el resto de las personas más eso que no es consensuado? Éste es un factor de peso para entender la tremenda certeza que tiene el esquizofrénico cuando dice "Ese gato está ahí". Él ve a los doctores y demás objetos del entorno, con el agregado del gato. El alucinado considera que los demás le están "tomando el pelo", dado que ve al gato con nitidez. Entonces, o lo están engañando, o los demás no tienen la facultad de ver al gato. Con argumentos en contra de la presencia del gato no sacamos la certeza del alucinado, porque es el contraste, para el alucinado, entre un hecho que observa y las meras palabras del otro. Tiene la misma certeza para "el gato" que para los otros perceptos.

El consenso como parámetro de realidad

Todas las sensaciones están complementadas con las representaciones (S+R=P); en el caso del aula: la silla, la pared, cada uno de los alumnos, la ventana... Y si preguntamos al alucinado qué ve:

S1+R1=P1: "veo bancos", hay consenso;

S2+R2=P2: "veo pared", hay consenso;

S3+R3=P3: "veo gente", hay consenso.

R4= "P": "veo un gato", no hay consenso. ¿Por qué?

Porque vamos consensuando de acuerdo a nuestra información sensitiva (S) que complementamos con nuestras representaciones (R), llegamos a una conclusión o identificación y decimos que sí lo vemos (P). Pero al buscar al gato no hay forma de encontrarlo, al no tener la señal sensitiva no podemos complementar con nada, en consecuencia: conjunto vacío, no vemos el gato. El que alucina tampoco tiene sensación, porque para tener sensación tiene que estar el objeto; lo que tiene es una representación a la que le da categoría del percepto "gato". Encontramos algo interesante: este fenómeno no puede ser considerado como perteneciente a la percepción, porque para percibir necesitamos un objeto. Toda sensación debe ser complementada con una representación de tal manera que sea identificado el objeto. Aquí no juega sólo lo individual sino el consenso, que es el que da el juicio de realidad. Vamos cotejando todos los elementos hasta llegar al gato. Nosotros buscamos la sensación (S) y no la encontramos, por lo que decimos que no hay un gato. Para el alucinado tampoco hay S, no es sensación, ya que debe estar el objeto; inferimos que ese gato es producto de su representación, que el almacén de su memoria envía una representación (R) que es tomada como un percepto (P). Todos tenemos representaciones, imaginamos cosas, pero no le damos la categoría o calidad de percepto. Por eso decimos que esto no es un fenómeno relacionado con la percepción, dado que ella identifica, discrimina. Aquí una representación es confundida con un percepto. No se da en el campo de lo externo, sino en la interioridad del sujeto, en la virtualidad del campo de conciencia.

La alucinación como trastorno aperceptivo

Si unimos el percepto "silla, pared, gente, ventana" tenemos una idea global o integradora de aula. Esta función que se denomina apercepción (tiene un mal nombre porque el prefijo "a" significa sin, falto) es lo que da la idea de globalidad (aula, dormitorio, gentío), la sumatoria de las identificaciones. Y así tenemos:

1) La sensopercepción, que identifica (conciencia de objeto);

2) La apercepción, que es la idea integradora o global (conciencia de contexto), y

3) Mi conocimiento con respecto a esa globalidad que estoy observando, mi posición dentro de lo observado. En este caso sería "yo estoy en el aula". En sentido clásico se llama conciencia del yo.

Como conclusión inicial la alucinación "el gato" no sería un trastorno de la percepción, ya que la persona percibe adecuadamente (y consensuadamente) todo el entorno a lo alucinado. Y que lo alucinado es un "producto" representacional no reconocido como tal e integrado a lo reconocido como percibido (de fuente sensorial). Luego decimos que es un fenómeno que se da y depende de la interioridad del individuo. A esta representación se le da categoría de percepto; integra al gato (una representación) como elemento del aula (conjunto de perceptos). La alucinación, así considerada y en un primer análisis, sería un trastorno de la apercepción, de la función de integrar las señales externas en el campo virtual de la conciencia.

En esencia, una vez que tenemos esto como elemento descriptivo podemos decir, como análisis posterior, aunque no definitivo, que lo que falla es un supuesto "filtro" que discrimina lo interno de lo externo.

Diferencia entre onirismo y alucinación

¿Se puede alucinar más de un objeto? ¿Se puede alucinar el aula completa? Aquí hay que diferenciar la alucinación pura del onirismo. En la alucinación pura no varía el contexto, el fenómeno se da en un entorno que se percibe consensuadamente. Se agrega algo a lo consensuadamente percibido. En cambio en el onirismo (fenómeno que se da en los síndromes confusionales, producido entre otras cosas por absorción de LSD, traumatismos, epilepsia, etcétera) el paciente vivencia, como en un sueño, la transformación de todo el contexto. El observador infiere claramente que el paciente está "soñando despierto", no sólo por lo que dice ver, sino también por su conducta. Luego que Regís en 1900 hace esta distinción, ya no se puede parangonar la alucinación pura con el onirismo como lo ha hecho Kant e, incluso en una primera etapa, Freud. Ellos relacionaban el sueño con la alucinación y llegaban a decir que la locura era un "soñar despierto", criterio que no compartimos.


Los tipos de alucinaciones

Los clásicos, basados en la definición de Esquirol de percepción sin objeto, decían que si la persona ve algo inexistente es una alucinación de tipo sensorial visual, si escucha algo es una alucinación sensorial auditiva, y así sucesivamente. Pero con nuestro esquema (S+R=P) se pierde esa concepción. Para nosotros no tiene demasiada importancia qué tipo de representación R (qué recuerdo visual, auditivo, etcétera) es tomado por percepto P. Al decir que un paciente "tiene una alucinación auditiva" se está convalidando el antiguo concepto esquiroliano y validando el discurso del paciente. El observador se asocia en localizar en el órgano auditivo al fenómeno, como si partiera de esta zona. Es decir, le está dando un valor de sensación, oscureciendo más el problema.

Decir "el paciente alucina con representaciones auditivas" o "alucinación de representación auditiva", nos parece más clarificador.

La problemática de las pseudoalucinaciones

En 1846 Baillarger dice que hay un tipo de fenómeno alucinatorio que tiene punto de partida en el interior de la persona. A eso no lo podemos llamar alucinaciones porque de acuerdo a la definición de Esquirol reservamos ese término para cuando la persona ve lo alucinado como objeto externo a él. Da las características de las alucinaciones puras, externa con imagen de corporeidad y certeza de ser visto como externo. Dice Baillarger que hay un tipo de fenómeno en que la persona escucha cosas y no pertenece a lo externo. Al preguntar dónde escucha esa voz la persona se señala la cabeza. No correspondería a los parámetros de Esquirol. Éstas son pseudoalucinaciones o alucinaciones psíquicas.

Falla de identificación del propio pensamiento

Consideramos al síntoma denominado pseudoalucinación auditiva, por el que el paciente manifiesta "oír" en su mente voces que no identifica como suya, como una falla en la identificación del propio pensamiento. Conceptualizarlo de otra manera es caer en la parapsicología.

El paciente dice escuchar voces que le hablan. Esta posición de colocarse como testigo del fenómeno producido por él mismo es llamativo; sin embargo, creemos que es un paso posterior y que debemos analizar este punto desde un inicio.

Perturbación en el campo de la conciencia

Lo inicial es la perturbación en el campo de la conciencia de la persona. Este hecho que es enunciado por todos los autores clásicos como perplejidad, humor delirante, trema, etcétera, es la irrupción de algo distinto en el campo de la conciencia. Y ese algo distinto es, para nosotros, la génesis de un pensamiento en paralelo conciente.

Pensamiento en serie y en paralelo

Si hacemos una auto observación de la manera de operar de nuestro pensamiento conciente llegaremos a la conclusión de que es de tipo "en serie", es decir, secuencial, enriquecido por ideas anexas, por una serie de juicios concatenados, por razonamientos, pero siempre manteniendo una idea directriz, una temática variable, versátil y plástica, que se desplaza dentro de cierto rango ideativo y que identificamos mnésicamente como producida por nosotros. Podemos en ese tiempo generar, simultáneamente, pensamientos en paralelo como es el caso de la solución de problemas, pero no somos concientes de ello. No los vivenciamos como que están presentes en nuestro campo de conciencia. Sólo nos damos cuenta de su accionar cuando encontramos una respuesta "de pronto" a una pregunta que ya habíamos olvidado. Es el caso de un problema que no podemos resolver y abandonamos su tratamiento, nos ocupamos de otras cosas y pasan horas o días y, de pronto, la solución "irrumpe" en el campo de la conciencia cuando estamos pensando en otra cosa. Existen múltiples pensamientos en paralelo, como es el caso de las variadas "decisiones" que el organismo debe tomar para su funcionamiento y que no nos son concientes.

Pensamiento en paralelo conciente (PPC)

El hecho nuevo, decíamos, es la génesis de un pensamiento en paralelo conciente. Creemos que al inicio se da como un sobrepensamiento, como algo agregado y fuera del pensamiento serial. Esto lo vemos claramente en la desafortunadamente llamada percepción delirante (la percepción no delira) y que sería mejor llamarla interpretación anómala (o delirante) de lo percibido (IAP). Veamos cómo tipificamos este fenómeno.

Interpretación anómala de lo percibido (IAP)

¿Qué ocurre en la IAP? Un paciente dice: Estaba caminando y vi a un hombre rascarse la nuca, eso quiere decir que me van a matar.

Otro: Viajaba en colectivo y subieron dos chicos con guardapolvo. ¡Hasta el Ministerio de Educación me persigue!

¿Qué es lo primero que llama la atención de estas conclusiones? La pérdida de lo simple, de lo común, de lo familiar.

Un hombre se rasca la cabeza. Este hecho es observado por muchos con indiferencia. Es un hecho común, sin trascendencia, no genera alarma en el grueso de la gente. Lo mismo que dos alumnos suban con sus guardapolvos a un colectivo.

El S+R=P no genera ningún sobresalto: la sensación es complementada por las representaciones y la conclusión (P) determina una completud conocida y no es alarmante.

Sin embargo, en estos dos casos de IAP, lo simple, lo consensuado, no es suficiente. Existe una sobrecomplementación representacional porque "hay algo más" detrás de lo simple. Lo común, lo consensuado, para este caso, perdió su completud. Algo se agrega a la realidad compartida. Hay una sobrecarga de representaciones a lo real. En su campo de conciencia, aparte de lo percibido, hay algo que tiene presencia pero no identificación, y que se intuye implicado en lo percibido. En consecuencia se elabora una hipótesis que trata de significar el fenómeno, un intento de explicación, que resulta extraña, anómala a un observador (el término anómalo está tomado aquí como anormal, no consensuado).

Esta explicación anómala de lo percibido a veces sorprende al propio emisor, ya que al preguntársele por qué ha dicho tal cosa dice "No sé, pero es así".

Esta vivencia de certeza o revelación que se da en la IAP se manifiesta luego de un período de desconcierto, de que algo extraño está pasando y no acierta a traducirlo verbalmente ni para él ni para otros. Es el período de perplejidad o humor delirante de los clásicos.

La IAP es un intento de asimilación del proceso de pensamiento en paralelo conciente (PPC), aún no identificado.

Pseudoalucinaciones auditivas

Un paso posterior es la verbalización de este pensamiento paralelo. Es decir, el PPC adquiere independencia y lenguaje y le es absolutamente extraño a la propia persona. El sujeto desconoce que genera estos pensamientos. Cuando el PPC se verbaliza y se presentan concatenaciones lógicas, el paciente lo trasmite como que le "hablan". Sin embargo, al menos al principio, ninguna persona puede decir que esas "voces" que siente dentro de su cabeza son iguales a las voces con que le hablan las otras personas de su entorno ambiental. Puede distinguirlas.

Voces que dialogan entre sí

La presencia de varios PPC determina las "voces que dialogan entre sí". Y a veces el paciente, con su pensamiento en serie (que nunca deja de reconocer como suyo), interviene y dialoga con las "voces", que identifica como de otros.

Coherencia y delirio

La explicación que encuentra el paciente para estos fenómenos constituye un armado coherente de su pensamiento en serie frente a sus PPC, pero que resulta extraño para un observador, quien llamará delirante a esta forma de significar.

Persistencia del pensamiento en serie

Lo que queremos puntualizar es que el paciente no pierde su identidad, es decir su pensamiento en serie, que en todo momento reconoce como suyo. Y también puede reconocer su biografía.

Para él no se le escinde la mente, sino que sus PPC son vivenciados como pensamientos impuestos. Es alguien que en ocasiones pierde su voluntad, la determinada por su pensamiento en serie, por sus PPC, que vivencia como extraños.

El mecanismo por el cual se hacen concientes los pensamientos paralelos y se verbalizan nos es desconocido.

La potencialidad ideopráxica

La potencialidad ideopráxica del pensamiento implica el concepto de que una idea puede generar una acción, traducirse en una conducta.

Los PPC son ideas tomadas por el Pensamiento Serial Conciente (PSC) como fuera de su circuito asociativo, como extrañas. Pasado el período de consternación, de asombro por la aparición de este fenómeno nuevo, el PSC realiza dos de sus tareas esenciales:

a) Identificar los PPC,

b) Encontrar una hipótesis que los explique, que le permita al PSC incorporarlo a su lógica.

Estos dos pasos no son nada nuevo para el PSC: lo ejecuta constantemente ante cada situación nueva o ante la presencia de una información no conocida. Cuando se topa con un objeto no familiar, es decir que no hay en el almacén mnésico una representación complementaria (R) para esa sensación (S), trata de encontrar, por asociación, por analogía, referentes parciales que permitan una identificación, es decir una respuesta a la pregunta ¿Qué es esto? Cuando no hay completud identificatoria, se elabora una hipótesis identificatoria provisoria con los pocos elementos analógicos de que dispone la memoria y que son complementados por la imaginación, es decir, representaciones asociativas más libres de las sensaciones. Esto hace que se le dé una identificación provisoria, pero suficiente para nominarla de alguna manera, como por ejemplo, la cosa, el bicho, eso, el ente, o cualquier aproximación nominativa.

El segundo paso es encontrar una lógica, es decir buscarle una analogía con nuestro sistema de pensamiento, poder encuadrarlo dentro de las normas y principios que dan armonía a nuestro estilo de pensar. Que lo nuevo encaje en nuestros esquemas de pensamiento. Para ello es necesario encontrarle una explicación (¿por qué?) y una finalidad (¿para qué?). El encontrar estas dos respuestas hace que el individuo "entienda", es decir que ubique lo nuevo en su sistema lógico.

La persona está tan habituada a estos procedimientos, identificación y entendimiento, que si no los puede llevar a cabo ante lo nuevo, le generan incertidumbre, displacer, inseguridad y lo obligan a realizar un gran trabajo cerebral en el intento de completarlos. Aclaramos a fuerza de ser obvios, que lo nuevo debe implicar fuertemente al individuo, debe interesarle; lo indiferente no nos motiva.


El consenso de la explicación

El entender algo puede ir de lo concreto a lo concreto (una piedra sirve para hacer una flecha), de lo concreto a lo abstracto (esta piedra me la envió Dios), de lo abstracto a lo abstracto (2+2=4). Cuando se comunican estos pensamientos, su grado de validación por los otros, es decir su consenso, varía. El grado de consenso de los pensamientos concretos suele ser muy alto; la gran mayoría estará de acuerdo en que lo considerado una piedra es una piedra y que puede ser usada para hacer una punta de flecha. El grado de consenso en el segundo caso es menor y depende ya de un hecho cultural, de compartir creencias. Y en el tercer caso se trata de compartir convenciones, y tiene validez y consenso en ese rango.

Cuando la comunicación de un pensamiento sale de estos parámetros, es considerado como no entendible, ilógico, no consensuado. Es decir, los interlocutores no pueden colocarlo, encajarlo, en sus esquemas lógicos o creenciales.

Un ejemplo

Un paciente decía: La primera vez que escuché una voz, estaba jugando con la computadora un juego donde debía matar a varios enemigos para subir a otro nivel de juego. De pronto escuché que me decían: "así tenés que matarlos vos". Me asusté mucho, porque estaba solo en la habitación y sabía que la voz estaba en mi cabeza. Dejé todo y me fui al living, donde estaban mis padres. Y me puse a pensar qué había pasado, de dónde venía esa voz y qué me quiso decir. A los dos días volví a colocar el jueguito en la computadora, quería saber si la voz iba a volver.

Lo llamativo es que el paciente no comunicó a nadie de esta experiencia, se quedó rumiando solo y perplejo un posible entendimiento del fenómeno. La familia comentará que se lo ve más distraído, callado y que tiende a quedarse en su habitación solo por mucho tiempo.

La voz es ubicada por fuera de su PSC, como de otro, para él es una sensación (S). Eso es lo que genera el miedo: lo nuevo no entendido. Esa voz tenía un mensaje. Ese mensaje lo implicaba.

En aras de llegar a una explicación, se vence el miedo y se vuelve a intentar la experiencia para saber de que se trata: quería saber si la voz iba a volver. Es decir, el paciente trata de encajar el fenómeno en sus esquemas lógicos.

La aparición del PPC "así tenés que matarlos vos" verbalizado, audible, vivenciado como sensación, genera inicialmente sorpresa, luego consternación, temor y perplejidad. Hasta que no encuentre el entendimiento de lo que le pasa la intranquilidad no cesará. Es algo satánico, dirá inicialmente. Me habla el diablo, afirmará después. Llegar a esa conclusión hizo que no durmiera dos noches por el terror. ¿Por qué el diablo me hablaba a mí? En este intento de explicación los PPC continúan vivenciándose como externos, ajenos a sus PSC y así se mantendrán a lo largo de todo el proceso: Una cosa es lo que él piensa (sus PSC) y otra cosa es lo que le dicen (sus PPC).

Nadie puede generar un pensamiento desde la nada conceptual. Lo hace con elementos ideativos previos, aun cuando la forma de asociarlo sea enteramente original o cuando genera palabras por condensación o anudamiento de fragmentos de palabras y emita neologismos. Toda idea tiene su fuente en lo mnésico. Y esto es válido tanto para los PSC como para los PPC.

Las formas del PPC

Los PPC pueden ser vivenciados como audibles y con contenido (clásicamente llamados pseudoalucinaciones auditivas o alucinaciones psíquicas), o vivenciados como imágenes o sonidos provenientes de lo externo (las llamadas alucinaciones visuales o auditivas) o como sobrecomplemento de lo percibido (IAP). Los PPC son experimentados como ajenos a los PSC, es decir como objetos externos y no familiares, y en consecuencia pasibles de ser identificados y explicados.

Explicación y delirio

Toda explicación es una conclusión, un juicio. Los juicios son la base de los razonamientos. La comunicación de estos razonamientos puede ser aceptada (es decir que coincida con los sistemas lógicos del interlocutor), tolerada (es decir que el interlocutor se considere que no maneja los códigos suficientes para decodificar el mensaje, pero que tiene posibilidad en un futuro de entenderlos, como es el caso de que un científico comunique una teoría nueva), o rechazada (cuando el contenido del mensaje es considerado absurdo o imposible de encajar con los sistemas lógicos o creenciales del interlocutor). Esta tercera posibilidad es considerada inicialmente como un disparate, y su persistencia, como extravagancia o como un delirio, es decir, un sistema lógico no consensuado, o sea con una significación completa para el emisor pero vacía o absurda para el receptor.

Pensamiento y conducta

Decíamos que el pensamiento tiene potencialidad ideopráxica, nos conducimos de acuerdo a nuestras creencias. Traducimos con nuestra conducta lo que pensamos. Si nuestra conducta es adaptada, es decir que responde el patrón conductual de una comunidad, es aceptada y considerada común. Si tenemos un sistema lógico no consensuado, eso se va a traducir en la conducta que será calificada de rara, extraña, ajena al patrón conductual común, fuera de la línea, y, en un extremo, alienada o loca.

Conclusión

Estos fenómenos se vivencian en el campo virtual de conciencia del individuo y, al principio, no tienen definición ni identificación, pero la persona sabe que están. Es una irrupción en el campo de la conciencia y es el inicio de lo que llamamos Pensamiento Paralelo Conciente.

Como una de las funciones del Pensamiento Serial Conciente consiste en identificar lo presente en el campo de la conciencia, ante esa "presencia" nueva elabora una hipótesis, en un intento de dar una significación a lo que para el paciente está implicado junto a lo percibido. Y es un intento de significar lo nuevo que aún no tiene una configuración en el campo de la conciencia, tal que pueda ser identificada o analogizada con las experiencias almacenadas o que le resultan comunes al sujeto. Para ese "algo" se le elabora una hipótesis. El enunciado de esa hipótesis constituye una Interpretación Anómala de lo Percibido, para un observador.

El PPC es un mismo fenómeno al que se le dan múltiples nombres porque se los describe en distintas etapas de su propia evolución. Desde lo extraño pero no identificable (presentimiento), pasando por las hipótesis no consensuadas (IAP), hasta la verbalización de los PPC (voces) o incluso la visión o audición vivenciadas como desde el exterior (alucinaciones). Sin embargo, para nosotros, el delirio no forma parte de los PPC, sino que es el resultado del intento de explicación, por parte del PSC, de los PPC.

Los neurolépticos pueden quitar la verbalización, pero no la impresión de que el PPC continua allí (en el campo de conciencia). Atenúan el fenómeno. Así, un paciente que decía escuchar voces que le indicaban qué hacer y acotaban sobre cada una de sus acciones, luego de la toma de neurolépticos, decía que ya no escuchaba las voces, pero que seguían allí (como voces en silencio, aunque resulte contradictoria esta idea), o que a veces las escuchaba pero "desde lejos y con bajo volumen".

Es un constante trabajo el que debe realizar el pensamiento serial para dar explicaciones a cada uno de estos PPC. El paciente pasa rumiando, entre la perplejidad, el temor y la incertidumbre, cada elemento de los PPC para explicarlos, para generar algún tipo de hipótesis que tranquilice su sistema psíquico. Cuando consigue un primer nivel de interpretación de los PPC y trata de integrarlos a su sistema lógico como por ejemplo: "son voces de Dios que le indican lo que debe hacer", ahí no termina el proceso de absorción de la psiquis del paciente sobre este fenómeno, sino que luego debe interpretar cada uno de los mensajes y así sucesivamente.

Esto puede llegar a producir una saturación de trabajo psíquico y dar la impresión de que el paciente esta embotado o atontado y desde luego que provoca una enorme introversión, en el intento de explicar el fenómeno, y el consiguiente desapego y desinterés hacia las señales del exterior.

 

Notas al pie:

 

1 Publicado en la revista Alcmeón, Volumen 7, Nº 1, Junio de 1998. www.alcmeon.com.ar

 

2 Médico psiquiatra, docente de la Facultad de Medicina, Universidad de Buenos Aires.  consultashm@gmail.com, www.marietan.com

 



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