SEMIOLOGÍA PSIQUIÁTRICA Y PSICOPATÍA

Sitio del Dr. Hugo Marietan

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Carta

 

Encuentro con “el lado oscuro”

Mi relación con un psicópata.

A la atención del Dr. Hugo Marietan. 

Me resulta muy difícil empezar a escribir esta carta, manifestar el profundo sufrimiento por el que he pasado, que en cierto modo no se separa de mí y contra el que tendré que seguir luchando.

Todo comenzó en el mes de septiembre del 2000, acababa de terminar un master de informática en el que había puesto mucha ilusión ya que supondría mejorar mi situación laboral (soy licenciada en farmacia), aquel día salía de la academia pensando, ya, en el proyecto de fin de curso que tenía que realizar.

Yo, por aquel entonces (tenía 35 años, aunque físicamente aparentaba muchos menos), estaba en crisis con mi pareja, ya que después de 15 años juntos (había sido mi primera y única relación),  no llegábamos a nada definitivo, ya había intentado dejarlo varias veces, y aunque yo sabía que él me quería con locura, para mí, se había convertido más, en un hermano mayor que  quería proteger a su hermanita, que en una verdadera relación de pareja (hoy en día, todavía sigo en contacto con él, es mi mejor amigo y el pañuelo donde seco mis lágrimas, he debido hacerle mucho daño).

Iba, en dirección a mi domicilio, cuando un hombre ,D, me paró en el camino, me preguntó si conocía alguna panadería por aquel lugar, yo le contesté que no, me comentó que había estado 5 años fuera de la ciudad (era falso) y los enormes cambios que había visto a su vuelta, así, poco a poco, entablamos una conversación, en cierto modo sentí que quería seducirme, así que me mantuve a cierta distancia (el mentía constantemente con una habilidad fuera de lo normal, aunque yo no lo supe hasta mucho tiempo después). Me invitó a un café, pero yo no acepté, sin embargo, accedí a darle mi número de teléfono.

A los dos días recibí su primera llamada, yo me resistía a salir con D, así que las llamadas se  sucedieron, al principio cada dos días, luego, ya, eran a diario.

D me contó que era soltero, que tenía 42 años (tenía 48), que había tenido una relación muy bonita de 12 años con una mujer, y de la depresión que había padecido al perderla en un accidente de tráfico (era falso), que se encontraba muy solo, que era profesor de historia (tiene la cátedra), me habló sobre su familia, que aunque había aparentado ser modélica, había existido una mala relación entre sus padres (se maltrataban mutuamente), sobre su trágica infancia (sus padres de niño le dejaban en casa solo y desatendido, ya que ambos trabajaban), sobre su padre fallecido, que había sido General del ejercito de tierra (había sido acomodador en un teatro) y del que manifestaba estar muy orgulloso, sobre lo posesiva que era su madre con él (D es hijo único), que se tuvo que marchar de su casa muy joven por no aguantarla más, que ella había mantenido numerosas relaciones con hombres, estando  ya su padre enfermo con demencia senil, y de lo poco que le gustaba la pareja actual de su madre, ya que hasta ella misma le había pedido que le investigase porque pensaba que le estaba robando.

Posteriormente, supe que su madre esa doméstica y que al ser analfabeta, era totalmente dependiente de sus parejas, cuando perdía una tenía que buscar otra.

Sobre la relación de sus padres desconozco la verdadera historia.

Me hacía muchas preguntas sobre mi vida, mi familia, mis ambiciones..., me estaba haciendo un estudio, quería captar mis necesidades, y en cierto modo lo consiguió.

Las llamadas se sucedieron aproximadamente durante un mes, algunas veces las conversaciones se prolongaban hasta más de dos horas.

Siempre llamaba bastante tarde, casi de madrugada, yo estaba dedicada totalmente a mi proyecto y apenas salía de casa, tenía mucho tiempo para pensar en lo que habíamos hablado el día anterior y esperaba con ansiedad, una nueva llamada.

Me sedujo con su aparente comprensión, me quedaba hechizada al escuchar sus razonamientos sobre sus estudios de astronomía, teníamos fantasías juntos...,  me hacía reír. Cuando concluía nuestra conversación me sentía; relajada, feliz... me quedaba dormida como un “tronco”.

Al fin, me decidí a quedar con él, ya había entregado mi proyecto y estaba preparada para verle, todo mi cuerpo estaba en tensión.

Quedamos para tomar un café en una plaza de Málaga (estaba relativamente cerca de mi domicilio), me hizo esperar mucho tiempo y aquello me puso más nerviosa.

D, llegó en su coche, acompañado de su perra, me hizo señas para que subiera, me quedé muda, no sabía que decir estaba prácticamente paralizada y me sentía ridícula. Subí a su coche y me dirigió una sonrisa de oreja a oreja, entonces arrancó con seguridad, y sin decirme nada tomó un camino ya premeditado, le pregunté que a donde me llevaba y el me contestó: “a las Pontinas” (una de las zonas mas lujosas de Málaga). Paró su coche en un parque para pasear con la perra, no había nadie por aquella zona, era diciembre y hacía mucho frío, él empezó a acariciarme el brazo y me agarró con fuerza, yo sutilmente, me aparté, le miré a la cara y sentí algo de miedo, me miraba fijamente a los ojos, con una mirada que me taladraba.

En ese momento, no identificaba a D con la persona que había mantenido esas maravillosas conversaciones telefónicas.

Le dije que estaba un poco tensa y que sería mejor ir a alguna cafetería donde poder charlar con más tranquilidad, D, me contestó que primero debía llevar a la perra a su casa, porque hacía frío y no quería dejarla sola en el coche, así que fuimos allí. Yo quería esperarle fuera de la casa (un chalet adosado), pero insistió en que le acompañara. Una  vez dentro, D quiso ofrecerme algo para cenar, yo le dije que ya lo había hecho (le mentí), D abrió su heladera y se puso a “picotear” mientras hablaba con migo, la conversación me hizo sentir cada vez mas relajada. Cuando terminó, empezó a enseñarme su casa, sacó un álbum de fotos en el que aparecían muchas mujeres, pero D no aparecía en ninguna de ellas, le pregunté que quienes eran , D dijo que eran amigas suyas con las que había compartido pedacitos de la vida, entonces yo exclamé, espontáneamente, con una medio sonrisa: ¿son tus trofeos? , D me lo quitó de las manos y dijo algo molesto: “no se para qué te he enseñado esto”, el siguió enseñándome sus películas, su música, sus libros...

Yo ya había desistido de intentar sacarle de su casa, era imposible, nos sentamos con unas gaseosas (D no consume alcohol) y continuamos hablando.

En un momento dado intentó besarme, pero yo no le correspondí, le dije que no estaba preparada, que debía recordar que tenía una pareja y que todavía no le conocía lo suficiente (nunca había sido infiel).

Lo que aconteció después, me resulta difícil de explicar, todavía, hoy, me siento confusa, solamente se lo he contado a una persona y hace poco, es algo que realmente me avergüenza. En aquel momento, algo se rompió dentro de mí.

El persistía en su empeño de besarme, y yo de resistirme, pero de una forma casi cómica, yo me reía y me apartaba, empecé a llamarle “pulpito”. En un momento dado se abalanzó sobre mí, me arranco mi jersey, notaba su respiración acelerada, sentí pánico, nadie sabía que yo estaba allí, ni con quién había quedado, pensé que mi vida podía correr peligro, me empujó hacia su habitación y ni si quiera fui capaz de gritar, me llevó a su cama y me quitó el resto de mi ropa. Allí hizo sexo conmigo, pero lo peor de todo es que yo sentí placer y él lo notó. El me dijo: “te resististe, pero se que te lo has pasado bien”. Me sentí sucia, había roto mis principios, mi dignidad, me sentí humillada.

Le pedí que me llevara a mi casa, que no había pasado nada, que todo había sido un mal sueño, que debíamos olvidarnos el uno del otro.

El intentaba tranquilizarme, pero yo no le escuchaba, no sé lo que me decía, yo sólo quería salir de allí.

Me llevó a mi casa, y una vez allí, me metí en la ducha, estuve una hora frotándome.

No conté nada a nadie, estaba anulada, ida, me apartaba de todo el mundo y me encerraba en mi habitación, no entendía lo que me había pasado. A los pocos días ingresé en urgencias por pérdida parcial del tono muscular e hipertensión emocional.

Me volvió a llamar, le pedí explicaciones, sentía una rabia inmensa, estaba enfurecida y fuera de mí. Me pidió perdón, me dijo que sentía una atracción irresistible hacía mí, que no se pudo contener, si no quería volverle a ver, lo entendería, le dije que sería lo mejor.

No podía seguir con mi pareja, así que rompimos, le dije que no le podía explicar el motivo, yo ya le había contado que había conocido a alguien y pensó que sería por eso, además, había notado muchos cambios en mi .Yo entré en depresión.

Volví a hablar con D por teléfono, el insistía en que quería volver a verme, que me quería, intentó volver a seducirme y volví a caer.

Las conversaciones telefónicas volvieron a sucederse, me contó que era infértil, que se lo habían diagnosticado hacía unos años y eso le frustraba, que estaba loco por mí y que me necesitaba.

Volvimos a quedar, pero yo, ya no era la misma.

En cierto modo, D tenía un atractivo especial, era un seductor nato e inteligente.

Me atraía su inteligencia, sus conocimientos. Era muy cariñoso conmigo, siempre me estaba abrazando y besando, hasta llegar a un extremo, que, a veces, resultaba ser empalagoso (llegaba a llamarme hasta 5 veces diarias). Le gustaba mucho cocinar, (decía que le relajaba), sabía hacer todas las tareas de una casa, aunque, si le ofrecías echarle una mano, te cogía  el brazo entero y más si podía. Tenía una sensibilidad especial con la gente necesitada, indigentes..., siempre les daba algo de dinero. Cuando había alguna catástrofe o algún atentado terrorista se escandalizada y quería ayudar de alguna forma. Hablaba con todo el mundo como si le conociese de toda la vida y siempre con esa, gran sonrisa en su boca. También se desvivía por sus alumnos y era buen amante (me contó que su record estaba en 12 orgasmos en un día, pero que entonces era mucho más joven).

Por otro lado tenía su lado oscuro. No transmitía confianza ni seguridad. Tenía muchas propiedades y una casa de lujo, no entendía como había podido conseguir tanto si sus padres habían mal vivido y no le habían dejado mucha herencia. Era muy egocéntrico, egoísta y tacaño, no tenía detalles, siempre estaba intentando minimizar los gastos exageradamente, le pedía dinero a su madre, que tenía una pequeña pensión, cuando él tenía de sobra. Sin embargo para determinadas cosas no miraba el dinero, aquellas, en las que él encontraba un confort personal (comida, ropa, televisores, masajes...). Tenía cambios bruscos de estado de ánimo.

Nuestra relación fue tortuosa desde el principio, yo le veía, según la ocasión, como dos personas distintas, tenía una sensación de amor-odio por él.

Se fue convirtiendo en una persona celosa y posesiva, me veía amantes por todos sitios, no podía hablar con nadie, mientras él, lo hacía constantemente, sobre todo con las mujeres (pienso que proyectaba sobre mi todo lo que él hacía).

Me comparaba mucho con una “ex novia” suya llamada Solange, que era médica, y que trabajaba en el Hospital Público de Málaga, le pedí que me la presentara, pero decía que ella no quería conocerme.

La relación empezó a ir de mal en peor, muchas veces, le llamaba y tenía el teléfono desconectado, o me lo cogía y decía que estaba ocupado, que enseguida me llamaba, pero, pasaban horas y horas antes de que lo hiciese, las excusas que me ponía, eran con puntos suspensivos. Su teléfono móvil, era intocable, siempre lo lleva encima y no se separaba de él.

Me presentó a su madre, desde el principio tuve una mala “sensación”, luego lo pude confirmar, es una de esas personas que te alaban en la cara y cuando te das la vuelta te clava el cuchillo, también es mentirosa patológica y muy egoísta, con la única persona que cede algo es con su hijo y con su pareja, pero con esta, está por necesidad, porque ella a él, no le quiere (a su hijo le dice que es un ladrón y que le roba dinero, le pide que le investigue las cuentas, pero, que no le diga que se lo ha pedido ella). La relación madre-hijo tampoco es buena, digamos que se aguantan y que tienen intereses en común, en cierto modo se quieren, pero de una forma que no es, a mi entender, natural.

Físicamente, llegó a agredirme una vez, bueno... rectifico, dos veces, porque lo que hizo el primer día que salimos, ahora lo veo como una agresión, antes no lo veía, porque me sentía culpable. La segunda vez, fue por una tontería; nosotros, habíamos tenido discusiones muy fuertes y nunca me había levantado la mano. Aquel día, me sentía feliz y empecé a bromear, él estaba viendo la televisión, yo me paseaba cantando y riendo por delante de él, dijo, que no le dejaba ver el programa que estaba viendo, me acerqué a él, sonriendo, y me pegó un bofetón que me hizo perder el equilibrio, me  levanté, y cogí mi ropa para irme de su casa, pero el me la quitó y no dejó que me fuera, estuve mucho tiempo llorando, hasta que por agotamiento me quedé dormida, después, prácticamente, me forzó a mantener relaciones sexuales. 

Un día, me decidí y hable con él, le comenté lo que pensaba, mis dudas sobre él: que creía que no estaba siendo sincero, que me estaba utilizando y muchas veces humillando, que no me sentía realmente querida (con mi “ex” si lo había sentido y conocía esa sensación), que a veces era un total desconocido para mi. Él me contestó, diciéndome, que cómo podía decir eso, que me estaba volviendo loca, que era culpa mía porque, era yo la que no le correspondía, que era él quien se sentía no querido, que mis dudas no tenían fundamento.

Llegué a pensar que podría haber algo de razón en sus palabras, porque, en cierto modo, había algo en mi interior que le rechazaba.

Sentí, que D, era una droga que me había creado adicción, me estaba destruyendo, y debía ser muy fuerte para poder desengancharme de ella.

Un día, me pidió que le acompañara al hospital para hacerse unas pruebas de fertilidad, quería hacerse un estudio para saber si, de alguna manera, podía tener hijos, le dije que podía adoptar uno, que no eran tan importantes los genes, que a un niño adoptado se le podía querer igual que a uno propio, y que habían muchos niños necesitados de cariño, también, le comenté, que no entendía la importancia de esas pruebas, porque nosotros llevábamos poco tiempo juntos (7 meses)  y para eso había que tener pareja estable. Me contestó diciendo, que no quería niños adoptados porque venían de familias problemáticas, que él, si daba importancia a los genes... Terminé acompañándole.

Pasó un tiempo, la situación no mejoraba, iba a peor, me planteé dejarle, lo hablamos y terminó por ceder, pero me pidió que quedáramos como amigos, quería verme de vez en cuando, que le dejara un margen para ir haciéndose a la idea. El intentaba volver a sus artimañas para conquistarme, pero yo no cedía.

Pocos días después, empecé a encontrarme mal, tenía el pecho dolorido y me dolía el vientre, síntomas de embarazo, pero... no podía ser, el era estéril, empecé a sospechar que podía tener algún problema, quizá era el estrés acumulado y algún desajuste hormonal, también me había pasado cuando falleció mi padre. Dejé pasar días, los síntomas se agudizaba. Llamé a D y le pedí que me llevara a urgencias.

En urgencias comenté lo que me ocurría, antes de hacerme pruebas debían descartar el embarazo, me dijeron lo que no quería ver, estaba embarazada de un mes aproximadamente.

D se puso nervioso, se levantaba y se sentaba, dijo que podía ser un milagro, todavía no tenía los resultados de las pruebas de fertilidad, pero noté felicidad en su cara. Yo entré en shock, era ya, lo último que me podía suceder, son inexplicables los cúmulos de sensaciones que pasaban por mi cabeza en ese momento.

Me llevó a mi casa, no me salían las palabras, el estaba contento y me sujetaba para que no me cayera. Le dije que no me podía dejar así, que teníamos que hablar, D contestó diciendo que tenía que marchar, que no le contara a nadie lo del embarazo. Se quedó con los informes médicos.

Cuando D recibió las pruebas de fertilidad, me llamó, dijo que tenía un porcentaje de espermatozoides vivos muy bajo, la posibilidad de embarazo era mínima, le dije que si había algún índice de posibilidad me lo tenía que haber dicho, él me aseguró que en las anteriores pruebas que se había hecho, la infertilidad era total.

Yo, no vi nunca los resultados de esas pruebas.

Empecé a pensar que me había utilizado para tener un hijo. Mi familia, notaba que me estaba pasando algo, pero yo, no les decía nada.

Me propuso ir a vivir con él pero surgieron muchos problemas, tenía miedo y muchas dudas. D empezó a maltratarme psicológicamente de una forma muy sutil.

En un intento de salvar la situación me llevó a una amiga suya, psicóloga, pero lo único que consiguió fue empeorarla. La psicóloga era en realidad una sexóloga, Marina K., con quien estaba en tratamiento desde hacía varios años. Entramos en la consulta de Marina y me preguntó si quería hablar con ella a solas, le dije que sí, D, mientras, se fue a tomar un café. Marina me dijo que hiciese caso de mi intuición, que D no había tenido ninguna relación estable, le llamó “Sádico Seductor”. Le pedí que me lo explicara pero ella contestó que no la tenía, que él era así, yo necesitaba saber más, entender que era lo que le pasaba, si tenía algún tipo de tratamiento... estaba confundida, no conseguí aclarar mis dudas. D llamó a la puerta y entró, tuvieron una conversación delante de mí, D le decía a Marina que me quería, ella contestó: no... no la quieres, D le dijo que me necesitaba, que si no hablaba conmigo, a diario, se ponía nervioso y ella le dijo que las conversaciones se habían convertido en una rutina para él, pero que no tenían mayor significado... siguieron hablando y yo rompí a llorar.

Salimos de la consulta y fuimos a tomar un café, D estaba molesto, no paraba de insultar a Marina, decía que le iba a denunciar por vulnerar el secreto profesional, que no tenía razón, que él me quería, que el pasado no tenía nada que ver con el presente. Yo estaba rota.

Le conté a mi médico de cabecera lo que me sucedía, tenia una profunda depresión y se me había pasado por la cabeza, en un momento dado, la idea del suicidio. El me derivó a psiquiatría donde me dieron un parte médico autorizándome al aborto, debido a mi estado emocional y apoyado porque padezco una insuficiencia venosa crónica. Sin embargo, fui incapaz de abortar. También perdí el trabajo.

No me sentía apoyada por mi familia, mi madre también entró en depresión y todo eran reproches, me hacía culpable de todo y se hacía la victima. D, se había responsabilizado del embarazo ante ella y le había dicho que quería casarse con migo. Mi madre lo vio bien y me estuvo presionando para que le diese la oportunidad de demostrar lo que decía.

El embarazo fue muy...muy duro, apenas salía de mi casa, solamente para las visitas ginecológicas. D me propuso pasarme una ayuda económica para los gastos del embarazo, pero tenía que firmarle un papel redactado por él, me negué. Me moví todo lo que pude pidiendo ayuda a asociaciones, pero, no conseguí nada, mi madre tenía una buena pensión y en la unidad familiar aparecía ella, así que no tenía derechos, me pusieron a su cargo.

D seguía llamándome a diario, decía que me apoyaba, que tenía mucha ilusión por ver a su hijo (quería un niño), quería participar en las ecografías, tuve que aceptarlo por mi madre, todo lo que me sucedía me parecía irreal, se mostraba cariñoso conmigo, pero yo mantenía distancia, empecé a obsesionarme por su forma de actuar, por todo lo que me había dicho su psicóloga, sentía algo que me decía que debía desenmascararle, quizá era la única forma de liberarme de él y demostrar a mi familia como era realmente.

A partir del 4 mes de embarazo, D empezó a ingresarme en cuenta 250 euros al mes para ayuda, sin firmarle nada, era una miseria, pero quería hacer ver que colaboraba. Cada vez nos veíamos menos (solamente en las visitas ginecológicas) su comportamiento aparentemente mejoraba, su madre tenía problemas cardiacos y me dijo que la estaba cuidando (yo no le creía). El embarazo lo llevé yo sola.

Me comunicaron el sexo del feto, iba a ser una niña, D se llevó una gran decepción.

El resto del embarazo fue difícil seguía con hipertensión emocional, había veces que faltaba a la cita del ginecólogo porque me ponía a llorar. Tenía que buscar algún incentivo para levantar el ánimo y empecé a pensar en mi hija, ella no tenía culpa de nada, la sentía dentro de mí, tenía que luchar por ella.

Llego el momento del parto, D nos llevó a mí y a mi madre a la clínica. Después de casi día y medio de contracciones decidieron hacerme una cesárea. La niña nació sin ningún problema, su salud era perfecta. A mi me tuvieron que poner heparina y vendarme las piernas por riesgo de embolia pulmonar, también tuve complicaciones por seroma. La curación fue lenta pero todo salió bien.

Había que hacer el registro civil de la niña, D le dijo a mi madre que exigía la prueba de paternidad, que se podía hacer en la misma clínica y a su cargo. Yo me negué, le dije que no daba mi consentimiento, que si quería reconocer a la niña sería sin esa prueba, mi madre, por primera vez me apoyó, y al negarse él, le echó de la clínica. Por primera vez en mucho tiempo me sentí aliviada.

D dejó de ingresarme dinero en cuenta, me hizo un favor, porque yo iba a ir al banco para rechazar sus ingresos.

D, continuaba llamando, interesándose por mí y por la niña, yo le iba informando, me parecía demasiado cruel no decirle nada, al fin y al cabo era su padre. Le dejé ver a la niña alguna vez durante el primer mes. Los 7 meses siguientes fueron especialmente duros. D quería llegar a un acuerdo conmigo para darle la paternidad a la niña, le pedí que antes, me demostrara todo lo que decía, y que tenía que pasar por unas condiciones. El estuvo de acuerdo, pero cuando le impuse la primera surgió el problema:

Quería hablar con su ex, Solange, de la que tanto me había hablado y con la que tantas veces me había comparado. Me dijo que ella no quería hablar conmigo, le pedí que hablara con ella y que si le explicaba la situación lo entendería. Se puso furioso y me llamó “loca”, me mandó a la “mierda” y me colgó el teléfono.

Al día siguiente me llamó para pedirme disculpas, me volvió a decir que MJ no quería hablar con migo pero que podía hablar con otra ex suya, Noemí. Accedí a hablar con ella. Noemí me llamó aquella noche con número oculto. Le pude sonsacar varias cosas: Ella se había quedado embaraza de él y provoco el abortó, que en un centro de estudios había tenido denuncias por acoso (ella decía que se había demostrado que eran falsas), descubrí que su madre era muy parecida a él y que se encubrían mutuamente.

Localicé el centro de estudios donde estuvo trabajando y hablé con la directora del centro, me contó que había sido expedientado en las actas del consejo de alumnos por acoso a dos menores, que ella había estado presente en ese tiempo y que sabía que tenía otros expedientes con el anterior director, que él pidió el traslado a otro centro por los problemas que tenía.

Hablé también con su madre, pero ella no razonaba empezó a insultarme y a decirme que los problemas que tenía con su hijo eran culpa mía. Le hablé de Solange y me dijo que era una simple amiga, que le ayudaba porque trabajaba de auxiliar administrativo en un Sanatorio y le conseguía citas con médicos sin tener que pasar por listas de espera. Entonces.., lo que me había contado; que era médica y trabajaba en el Hospital Público de Málaga, era mentira.

A D no le comenté nada de lo que había descubierto. Le dije que hablar con Noemí había sido insuficiente y que quería hablar con Solange. Se enfureció y me amenazó con que si no llegábamos a un acuerdo me quitaría a la niña, se la llevaría lejos, que tenía suficiente dinero para vivir sin tener que trabajar y que no la volvería a ver más.

Le puse una denuncia por amenazas de secuestro a mi hija.

Me pidió que le quitara la denuncia, que no lo había dicho en serio, que no era capaz de hacerme eso y que lo sabía. Yo le dije que tenía que medir sus palabras, que si me volvía a amenazar con mi hija le pondría las que hiciesen falta y que, por supuesto, no se la iba a quitar.

La denuncia quedó archivada, era mi palabra contra la de él. Me di cuenta que tenía miedo a la policía y que le había tocado fuerte.

Estuvo sin llamarme mucho tiempo. Un día se decidió a llamar, se puso a bromear como si no hubiese pasado nada, me pidió que le dejara ver a la niña... que me echaba de menos...,  que sentía todo lo ocurrido... Le dije que necesitaba tiempo para pensarlo.

Un día, pensé que, con los datos que tenía de Solange, la podría localizar. Sabía que era de su edad, que estaba separada, que tenía una hija de 25 años, que era auxiliar administrativo, y que vivía por la zona modesta de Málaga.

Me fui con mi hija, de 8 meses, al Sanatorio. Preguntaba por ella haciéndome pasar por una amiga de la familia que había llegado de Barcelona y que había perdido su teléfono, que no la conocía personalmente, pero daba los datos que tenía. Me costó encontrarla, pero lo conseguí, estaba en la sección de control de almacén. Cuando llegué me preguntó que quién era, le contesté con otra pregunta; ¿conoces a D.?  Ella me dijo que era su novio, y yo que la niña que llevaba en el cochecito era su hija. Me puse muy nerviosa, me empujó, para que saliera del recinto donde estaban sus compañeros, diciendo que me calmara, que sospechaba que tenía una hija. Yo la veía muy serena mientras, yo, tenía unas ganas inmensas de ponerme a gritar. Ella estaba con él desde, aproximadamente, 2 años y medio. D le había comentado que quería adoptar una niña y le había pedido que le ayudara a cuidarla. Me dijo que la madre de D sabía que eran novios y pasaban domingos en su casa (con migo hacía lo mismo). Las tácticas eran las mismas. Me asombró su tranquilidad. Tuve la intuición de que sabía más de lo que decía. Solange me dio su número de teléfono, yo hice lo mismo con el mío.

Quedé con D, discutimos, su cara se transformó completamente y encolerizó, pero no llegó a pegarme. Me dijo que le estaba arruinando su vida, que no tenía derecho a inmiscuirme en ella, que el era libre, que estaba con Solange porque era comprensiva con él e intentaba entenderle, mientras que yo no lo hacía, que no la quería como mujer, que no tenía ni punto de comparación conmigo, pero que la necesitaba porque era su mejor amiga, que si yo me decidía a irme con él, la dejaría definitivamente.

Aproveché para quitarle dos facturas de teléfono en su casa, me invitó a cenar en un restaurante, seguimos hablando y pasó a mostrarse muy cariñoso tocándome la mano en la mesa, yo disimulaba, noté que se iba al aseo con el teléfono móvil. Le llamé desde la mesa con el mío y con número oculto, daba señal de estar ocupado.

Una vez en mi casa abrí, con impaciencia, las facturas. Una era de su teléfono fijo y no detallaba las llamadas, excepto varias a Nicaragua. La otra era de su teléfono móvil y, en esta, si estaban detallabas. Tenía llamadas a varios números, diarias, entre ellas estaba el mío, el de Solange, y otros 3.

Apunté en un papel los 3 números que desconocía. No me decidí a llamar hasta una semana después.

El primero era de una chica nicaraguense de 25 años, María, D la había conocido en un parque con la misma táctica que practicó con migo. También había sido presentada ante la madre de D como su “novia”.

Era madre soltera y tenía un hijo de 4 años en Nicaragua. Él le había prometido ayuda al respecto. Ella sabía de mi existencia, D le había contado una versión sobre mí muy lejana a la verdadera. Llevaban un año juntos.

Estuvo durante mucho tiempo después llamándome, contándome sus aventuras, y lo que le contaba D sobre mí, llegó hasta a amenazarme en una ocasión. Fue muy doloroso.

El segundo número era de una señora que trabajaba en la limpieza, decía que no tenía relación con él, que sólo la llamaba porque quería que trabajara en su casa. Creo que mentía, no tenía sentido que hablasen todos los días.

El tercero era de otra nicaraguense, 2 años mayor que yo, separada, Nubia, y con una hija, también en Nicaragua, estaba sola en Málaga. Se puso a llorar cuando hablé con ella. D la conoció al principio de mi embarazo, con la misma táctica, y también le había hablado de mí con la misma versión que a María. No quiso darme su nombre, me pidió el teléfono de María porque no me creía. Yo se lo di.

Tanto María como Nubia, querían hablar también con Solange, pero, debía consultárselo a ella antes. La llamé y no quiso hablar con ellas, decía que la única que le interesaba era yo porque era la madre de la hija de D.

D me llamó, ya se había enterado que había hablado con sus amantes. Estaba furioso, me dijo había tenido que ingresar en urgencias por principio de infarto y que yo era la culpable. Yo me reí, no le creía. Le dije que él se lo había buscado.

Me puso una denuncia por robo de correspondencia. Yo expliqué lo que había ocurrido ante la policía y aporté datos, me explicaron que lo que había hecho era un delito, pero que me ayudarían para que no transcendiera. Ellos redactaron mi declaración. La denuncia quedó archivada.

Pude demostrar ante mi familia la conducta de D pero yo estaba psicológicamente hundida, también reconozco que sentía un impulso morboso por saber cada vez mas detalles.

Pasé mucho tiempo sin saber nada de D, las únicas noticias que tenía eran a través de María. Ella seguía con él y me torturaba contándome sus historias, no podía evitar querer saber más, y ella lo sabía.

Un día, me llamó llorando y me amenazó diciendo que si me acostaba con D se lo diría a mi madre, pensaba que yo estaba con el y se equivocaba.

Un tiempo después, llamó D, me dijo que le habían detectado un cáncer de próstata y me pidió que le acompañara para hacerse las pruebas al hospital. Al principio pensé que era otra de sus mentiras, pero comprobé que esta vez era cierto. D quería replantearse su vida, decía que sabía que me había hecho mucho daño y que yo era la mujer de su vida, que muchas veces había sentido odio por mí, pero que no conseguía olvidarme, que pensaba mucho en la niña, que era capaz de dejarlo todo por nosotras... lo de siempre.

Quedé con el y le dejé ver a la niña. Le expliqué que el cáncer se lo habían detectado muy pronto, que tenía un porcentaje muy alto de que todo saliese bien, la operación sería por laparoscopia y bastante sencilla. Yo le veía aparentemente muy tranquilo. Quiso convencerme para llegar a un acuerdo y reconocer a la niña, yo esquivé el tema diciendo que ya lo pensaríamos cuando pasase todo, que ahora, lo que tenía que hacer era cuidarse, mirar por su salud y por su madre, que estaba delicada por problemas cardiacos y le podría afectar.

Llegó el día de la operación, yo le acompañé. Me quedé con él hasta que salió del quirófano y le llevaron a la habitación. Luego se quedó con su madre y por la noche su asistenta para cuidarle (imaginé que sería otra de sus víctimas).

Solange fue a visitarle y coincidimos, no me dirigió la palabra simplemente se enfadó y se fue.

La operación había salido bien. El último día de ingreso, volvimos a discutir, me maltrató delante de una “ex” que había ido a verle y llevarle a casa de D en coche, era de su edad y enfermera de profesión, parecía mayor que él, supongo que quería demostrar algo delante de ella.

D seguía pidiéndome ayuda, pero ya tenía suficiente con la de sus amigas y yo tenía que cuidar de mi hija así que le dije que le llamaría y le apoyaría telefónicamente igual que él había hecho durante mi embarazo. Me pidió disculpas pero yo no se las acepté.

Seguí en contacto con el, y supe de su recuperación, aceptó muy bien su situación o al menos eso era lo que daba a entender. Ya no podía tener hijos, ahora no iba a mentir en ese aspecto.

Le dejé ver a la niña alguna vez. No se preocupaba por llevarla a sitios donde la niña pudiese disfrutar, solo quería verla, pasar un rato y luego irse. Empecé a pensar que no la quería. La niña tampoco tenía interés en verle.

Un día pude observar cómo la utilizaba para hablar con mujeres, por ejemplo; en una ocasión se acerco a una chica y le dijo: “¿Te gusta mi princesita?, va a ser miss mundo 2020 etc...etc...Yo me quedé impresionada.

Pasó el tiempo, cada vez me exigía más derechos, quería que dejara que su madre la viese, lo acepté al principio, pero era tan desagradable el encuentro que no volví a repetirlo. Estaba perjudicándome a mi y sobretodo a mi hija. También quería saber en que colegio estaba, a eso, me negué rotundamente. Nunca la había dejado a solas con él. Me llegó a amenazar con que si no le decía donde estaba, la buscaría a través del Centro de Enseñanza (en 4 años había cambiado 3 veces de centro de trabajo y el último era este. Se dedica a visitar centros de estudios y había pedido una zona cercana a mi vivienda).

La última vez que le vi, estaba tensa, harta de todo. Mientras me dirigía al lugar donde habíamos acordado, me crucé con mi hermana y su novio, la niña se quería ir con ellos y no con su padre, se puso a llorar. La dejé marchar. Cuando llegué al lugar, D, estaba enfadado, no entendía por qué la había dejado ir con mi hermana, le expliqué que no podía forzar a la niña, si lo hacía, la siguiente vez no querría ir con él. Me propuso ir a su casa para mantener relaciones sexuales y me reí. Al final, fuimos a un restaurante y hablamos. Le eché un discurso sobre su forma de actuar, sobre todo el daño que estaba haciendo a la niña, a sus amigas, a mí, a todo su entorno.., mientras que con gente que no conocía mostraba una sensibilidad fuera de lo normal, también, sobre sus mentiras y manipulaciones... Él, mientras tanto, permaneció callado todo el tiempo. Me sorprendió su respuesta: ¿Qerés venir a vivir conmigo?, ¿cómo te puedo demostrar lo que te quiero? Yo le respondí : ¿ Me puedes ofrecer lo que yo necesito: confianza, seguridad, comprensión, amor?, no, no me lo puedes ofrecer, por eso nuestra relación es imposible, y qué sería de la niña, ¿la partimos?

Seguimos cenando y ya no hablamos más del tema. Cuando nos despedimos, me pidió ver a la niña el sábado siguiente, le dije que no podía (mentí).

Pensé que había sido un poco cruel y el sábado siguiente le llamé. Le pregunté si quería ver a la niña y me dijo que estaba ocupado con la casa, que tenía que limpiar. Le pregunté si eso era más importante. Deduje que estaba con alguna de sus amigas y le aseguré que ya no tenía que ocultarme nada, que no tenía que disimular conmigo, el negó que estuviese disimulando, así, que le pedí que gritara lo que me había dicho en la cena. Se puso nervioso y dijo que luego me llamaba, oí  ruido de platos y se lo dije, lo negó diciendo que era la televisión, me reí y nos despedimos.

A la hora, me llamó 5 veces seguidas, yo no contesté.

A los pocos días tuve noticias de Nubia, la mujer a la que llamé a través de la factura telefónica, me contó su historia.

Nubia, continuó con D, al igual que María, entre ellas también había habido contacto telefónico y se atropellaban mutuamente. María terminó volviendo a Nicaragua, y Nubia, había dejado la relación con D hacía tan sólo unos meses. El motivo fue porque había venido su hija de 23 años y se la presentó a  D, quien intentó seducirla.

Me contó que D me llamaba en su presencia, que se burlaba de mí, que le había hecho la prueba de paternidad a mi hija tomándole una muestra de saliva...

Llamé a D, le dije que ya no le dejaría ver mas a la niña, que si tenía que exigir derechos, no se dirigiese a mí, sino a un juez, pero, que tuviese cuidado, porque tenía suficientes pruebas contra el como para que no le pudiese tocar ni un “pelo”, que no se atreviera a acercarse a su colegio porque le demandaría. Que no me gustaría que en un futuro se le cruzase en el camino una persona como él. Fue la última vez que hablé con él.

En un momento de mucha ansiedad, llamé a un teléfono gratuito para mujeres maltratadas, tenía que desahogarme y no quería que la niña notara mi estado. Me recomendaron que le pusiese una orden de protección a la niña o que llamara a su trabajo para que no se pudiese acercar a ella.

Llamé a su trabajo, pero no con la intención de dar los datos de D, sino para comentar y esclarecer si un trabajador podía hacer eso. Me explicaron que la situación era grabe, que el no podía utilizar la empresa para motivos personales y de esa magnitud. Me alentaron para que diera sus datos y terminé por decirlos.

Al cabo de unos minutos me llamaron de su empresa, debían hablar con él para conocer su versión, pero en este próximo mes de septiembre, al estar de vacaciones. Lo harían con mucha delicadeza para no perjudicarme. En septiembre me llamarían para comunicarme el resultado.

Lo último que supe de él fue a través de Solange, quería saber si yo había llamado a su trabajo para molestarle, yo no lo negué pero tampoco lo afirmé, digamos que lo dejé ambiguo. Quería que volviese con D, decía que si lo hacía, él cambiaría. Le recriminé su conducta, no entendía hasta donde podía llegar su manipulación. Ella me confesó que era feliz con él, que pasaban buenos ratos juntos y él no se portaba mal con ella. Nos despedimos.

D, sabe que yo llamé a su trabajo y tengo dos suposiciones: que su jefe haya hablado con él o que alguien de su trabajo, por alguna filtración, le ha advertido.

No he vuelto a saber nada de D, estar lejos de él por un lado me tranquiliza pero también me angustia el pensar que algún día tendré que volver a enfrentarme a él, de recibir la demanda de paternidad.

Pienso que es una mala influencia para su hija y por eso me niego a llegar a un acuerdo sobre la paternidad. Creo que no quiere a la niña, o si la quiere, no como relación padre-hija, sino para utilizarla; algún día él estará solo, fallecerá su madre, y su misión será cuidarle. Hay gente que está en desacuerdo conmigo, que piensa que estoy privando a mi hija de derechos, de poder disfrutar de un patrimonio que le corresponde.

La psicóloga del colegio de la niña quiere que le cuente que su padre es bueno, porque los niños necesitan ser queridos. Pero si yo hago eso, y él aparece por su colegio, la niña se iría con él. No se cómo hablarle de su padre, me pregunta y no se que responder.

También me preocupa mi salud mental, estos últimos años han sido muy dolorosos para mí, han dejado una profunda huella. Mi hija, ahora, es todo, quiero ser una buena madre para ella. No me importa, el gran parecido físico que tiene con su padre. Es una niña normal, muy cariñosa, quizá en exceso. Es mi tesoro.

Me resulta imposible poder mantener una nueva relación, me he vuelto muy desconfiada y he perdido las apetencias sexuales.

Me preocupa la herencia genética en la psicopatía, la madre de D, actúa como otra psicópata, ¿podría heredar la psicopatía mi hija?

No odio a D, simplemente es así y no lo puede evitar, sólo le tengo lástima, pienso que de alguna manera, lo sufre. No puedo evitar pensar en todo el daño que ha debido hacer y que seguirá haciendo, y si tengo que ponerme del lado de alguien, sin dudarlo, me pongo del de ellas.

Me hubiese sido de mucha utilidad haber descubierto todo esto mucho antes, que su sexóloga no me dejara con esas dudas.

Quiero agradecerte la atención que nos prestas y animarte a que continúes tus estudios sobre la trascendencia de la relación psicópata-complementario.

Atentamente.

 

Gaby.

 

 

 



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