SEMIOLOGÍA PSIQUIÁTRICA Y PSICOPATÍA

Sitio del Dr. Hugo Marietan

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Noticia 

Los rasgos psicopáticos en la niñez

La violencia entre niños

 

Freud, a principios de 1900, conmocionó (y repugnó) al mundo al emitir su teoría de que los niños presentaban atisbos de sexualidad que, en aquellos tiempos, estaban sólo “reservadas” a una mente adulta, o, en el mejor de los casos, a los adolescentes.

Hoy, apenas despuntado el siglo XXI, debemos considerar la idea de que también la violencia puede generarse en la mente de los niños. Esta idea repugna a la inmensa mayoría: ¿cómo es posible que, por sí mima, la violencia tenga cabida en la mente de un niño?

La no aceptación de este pensamiento hace engendrar todo tipo de hipótesis ante hechos de intensa violencia, como es el que hoy nos ocupa: la muerte de una niña de poco más de dos años por otros niños de 7 y 9 años.

Entre estas hipótesis la más fácilmente aceptada es que los chicos son resultado directo e indiscutible del medio en que se crían. Es decir, un ambiente de violencia, genera chicos violentos. Pero esta tesis ambientalista no puede ser sustentada ante un análisis ligeramente más amplio: de toda la población infantil que viven en las mismas condiciones, que tienen las mismas edades que los homicidas, sólo muy pocos presentan conductas de violencia graves, y un mínimo, conductas de violencia gravísimas, y solo dos, conductas de violencia de extrema gravedad: los niños confesos del asesinato.

Tampoco la tesis de que los niños “imitan” lo que ven, tiene mayor sustento que la postura anterior.

Y, el mamarracho mental de pensar que “los chicos estaban jugando y se excedieron” (un accidente), en el caso que comentamos, ni siquiera puede ser considerada ridícula.

Creo que es hora de pensar que “no todos los niños son iguales”, que algunos tienen un particular sentido de la violencia, y una actitud para llevar a cabo actos de violencia grave que los separa del patrón general de agresividad de los otros niños que comparten su mismo medio cultural. Son los niños atípicos.

Por una cuestión de definición académica, no podemos hablar aquí de “niños psicópatas”. Son consideras psicópatas aquellos atípicos mayores de 18 años, edad en que, por consenso, se supone que la personalidad ha adquirido el suficiente desarrollo y consistencia.

El artículo 34 del código penal, inciso 1, dice que no son punibles:

“1º. el que no haya podido en el momento del hecho, ya sea por insuficiencia de sus facultades, por alteraciones morbosas de las mismas o por su estado de inconsciencia, error o ignorancia de hecho no imputable, comprender la criminalidad del acto o dirigir sus acciones.

Veamos, al respecto, lo que comenta la jueza a cargo (difundido por el diario Infobae, ver más adelante):

“La jueza de Menores de Lomas de Zamora, Marta Pascual, reveló en Radio 10 que los nenes de 8 y 9 años eran conscientes de todo lo que hicieron”.

“Los nenes sabían perfectamente lo que estaban haciendo”, explicó la Doctora Pascual en el programa el Oro y el Moro de Radio 10. “Esto es lo que llama la atención, porque cometieron y luego relataron el crimen con total frialdad. Entendieron que la hicieron sufrir y pareció que les genero algún tipo de placer”, continúo, horrorizada, la jueza”.

“La autopsia reveló que la pequeña Milagros recibió numerosos golpes y que la asfixia fue muy prolongada

Necesitaron de muchos golpes para matarla”.

“La pequeña fue hallada muerta el domingo a la tarde en un terreno baldío”.

De esto se desprende que crimen fue ejecutado con alevosía, con clara intensión de dañar; la muerte no fue inmediata, es decir hubo tiempo como para evitar ese desenlace; hubo ensañamiento; clara intención de evadir la responsabilidad del hecho (llevaron el cadáver a un baldío). Es decir, tiene todo el “formato” de un crimen ejecutado por un psicópata.

Sólo la edad de los ejecutantes impide darle esa configuración.

O no.

Tal vez los psiquiatras debamos discutir si es posible la psicopatía (así como es posible la psicosis) en los niños. El debate queda abierto.

 

Dr. Hugo Marietan

 

 

NOTICIAS: 

Conmoción en Almirante Brown

Acusan a dos chicos de matar a una nena

Afirman que falleció durante un juego

Martes 20 de mayo de 2008 | Publicado en la Edición impresa Noticias de

Fuente: La Nación, www.lanacion.com.ar

 

LA PLATA.- Los hermanos tienen siete y nueve años. Y ayer rompieron el silencio y se acusaron entre sí. Se culparon del homicidio de Milagros Belizán, la niña de dos años que apareció anteayer golpeada y estrangulada en un descampado en el barrio de San José, en el partido bonaerense de Almirante Brown.

 

"No lo puedo creer Estoy arruinado. Los chicos reconocieron haber asesinado a mi hija. No lo puedo creer imaginate tienen 9 y 7 años Primero traté de comprender y me dije que de ninguna manera podían haber sido ellos, pero hay tres testigos que los vieron cómo ellos se la llevaban", dijo a LA NACION el padre de la víctima, Oscar Belizán, y se quebró.

 

Anoche, los vecinos, familiares y amigos de Belizán marcharon 12 cuadras desde la casa de la nena hasta el lugar del crimen y reclamaron justicia.

 

Aunque algunos vecinos no lo podían creer y aseguraban -sin pruebas- que un mayor también participó del asesinato de Milagros, la familia confió en los investigadores y se limitó a esperar resultado.

 

Y los resultados llegaron al caer la noche, cuando uno de los hermanos detalló cómo habían asesinado a la niña ante el fiscal Héctor Toneguzzo, según informó la agencia Télam. Los dos chicos, acompañados por su madre, Mónica, quedaron a disposición del Juzgado de Menores de turno.

 

Los investigadores aseguraron que, además de la confesión, habría otros nenes que vieron a los chicos cuando golpeaban y llevaban a Milagros. "Dos chicos del barrio vieron cómo la golpeaban a Milagros. También un joven de unos 25 años los vio a los dos chicos Los tres ya declararon ante la Justicia y creo que quedarán detenidos", dijo Belizán.

 

A la nena se la llevaron de la puerta de la casa. Testigos dijeron que la golpearon con un palo y le ataron un cable telefónico al cuello. Así la estrangularon. Vecinos dijeron que jugaron con ella como si fuera un perro atado a una soga. Vecinos del barrio Tres de Mayo, de Almirante Brown, dijeron a LA NACION que los chicos vivían con su madre y su abuela. "La mamá era una zarpada fumaba paco y les pegaba a los chicos. Así crecieron. Eran tremendos, pero no creo que pudieran haber sido los asesinos de la nena", dijo una vecina del barrio.

 

 

De Página 12

Fuente: http://www.pagina12.com.ar/diario/sociedad/3-104509-2008-05-20.html

 

Dos hermanos, uno de siete y otro de nueve años, confesaron haber matado a la nena de dos, en Rafael Calzada

Todo el horror a la edad de la inocencia

Milagros había salido de su casa al mediodía del domingo. Poco después fue encontrada con golpes y ahorcada. Ayer, un nene de 7 años, vecino del lugar, contó que la había matado con su hermano de 9. Ambos están detenidos. Marcha en reclamo de justicia.

 

 

“Estos chicos también son víctimas”

El futuro de los hermanos

Crónica de un día de tristeza

La terrible muerte del pequeño James

 

Por Raúl Kollmann

Jaquelin Milagros, de dos años y medio, apareció muerta, colgada de una puerta con un cable alrededor del cuerpo, como una especie de juego de la horca. Sus pies alcanzaban a tocar el piso, pero –según los criminalistas–, el ahorcamiento se produjo igual, seguramente por la compresión del propio peso sobre la carótida o la yugular. De todas maneras, no está descartado que los dos hermanos que produjeron la muerte, de siete y nueve años, hayan apretado el cable hasta ahorcarla. El dato adicional es que antes del deceso, la habían desnudado y le pegaron con un palo. “Hay veces que los chicos juegan a que uno le dispara a otro apuntando con el dedo –ejemplifica Osvaldo Raffo, uno de los decanos de la psiquiatría forense–. En ese marco, ha ocurrido que algún chico tomó el arma de su padre y mató a otro chico. Esto es igual. Juegan a hacerle daño a otro, a veces con mucha saña y violencia, pero a esa edad está claro que no comprenden en toda su dimensión lo que están haciendo. No se puede hablar de niños asesinos.” El fiscal que en pocas horas esclareció el caso, Héctor Toneguzzo, determinó que ningún mayor participó en los hechos y, por lo tanto, envió el expediente al Juzgado de Menores número 2 de Lomas de Zamora, a cargo de Mariano Alessandrini, en donde no habrá juzgamiento ni imputación contra los chicos, sino que se les dará asistencia social y psicológica (ver aparte).

Todo ocurrió en el humilde barrio San José, de Rafael Calzada, en el partido de Almirante Brown. Los padres de Milagros tienen otros seis hijos y uno de ellos salió hacia un cíber. La nena se fue detrás de él. El hermano, sin embargo, se dio cuenta, volvió sobre sus pasos y llevó a Milagros nuevamente hacia adentro de la vivienda familiar. Lo que sucedió es que cuando volvió a salir hacia el cíber, la nena otra vez salió tras él. No está claro en la investigación judicial si los dos hermanos que produjeron luego la muerte encontraron a Milagros casi frente a su casa o si la chiquita caminó más y se perdió. Lo cierto es que la llevaron al predio a más de diez cuadras de la vivienda de Milagros y allí se produjo el desenlace.

La clave de la investigación fue que el fiscal Toneguzzo encontró a varios testigos que vieron a los dos hermanitos con la nena y, horas más tarde, el chico de siete contó la verdad. Ambos reconocieron ante el fiscal lo que habían hecho. Llevaron a Milagros hasta un predio, que en algún tiempo perteneció a una asociación de fomento, y allí la desnudaron y le pegaron. Al lado de su cuerpo, los investigadores encontraron la ropa, el pañal y hasta un chupete. El adelanto de la autopsia que recibió ayer el fiscal indica que no hubo abuso sexual ni violación.

Milagros desapareció de su casa al mediodía del domingo, pero sus padres recién se dieron cuenta un rato después. Es que pensaron que la niña había sido llevada por el hermano al cíber. “Fueron segundos que desapareció de mi casa. Después vinieron a avisarme que había una nena muerta a 12 o 13 cuadras. Era ella. Nadie vio nada, fueron segundos. Yo estaba lavando”, se lamentó Oscar, el padre de Milagros, en diálogo con radio Mitre. El dato que muestra la humildad de la familia es que en el momento de la entrevista, Oscar se dirigía en tren hacia la morgue judicial donde le estaban haciendo la autopsia a su hija.

Mirta, la mamá de Milagros, contó que no bien se dieron cuenta de la desaparición de la niña, la empezaron a buscar y nunca imaginaron que la chiquita que apareció muerta tan lejos de su casa podía ser Milagros. “Ahora no sé qué vamos a hacer. No tengo palabras. Conocíamos a los dos nenes porque jugaban con mis hijos en la casa de mi hermano. Pero no tengo palabras”, dijo la conmocionada madre una vez enterada de las informaciones que vinculaban a los dos chicos con el escalofriante caso.

“El colgamiento a medias es típico de chicos pequeños –analizó Raffo ante este diario–. Es que son muy bajitos y entonces cuelgan a alguien a la altura a la que llegan. Pero eso es suficiente, porque el cable produce la presión sobre la carótida y las yugulares y en 15 segundos pierde el conocimiento. Hemos tenido casos de chicos que juegan al suicidio por colgamiento y terminan muertos, pese a que con los pies tocan el suelo. De todas maneras, no es tan sencillo saber si la chiquita se ahorcó tratando de zafar de los golpes, si fue el colgamiento o si los chicos apretaron el cable en su cuello hasta sofocarla. Lo que sí se podrá verificar es si los chicos fueron los únicos autores por la intensidad de los golpes. No es lo mismo un golpe de un adulto que el de un niño de siete o nueve años.”

La duda surge porque la madre de Milagros y también la madre y la abuela de los hermanos aducen que debe haber participado alguien de más edad. El fiscal no encontró ningún elemento que corroborara esa teoría y la realidad es que los propios chicos admitieron que fueron ellos los que, sin querer, mataron a la niña.

El clima de tensión fue creciendo en el barrio San José. Varios vecinos se juntaron el domingo para arremeter contra el predio en el que se encontró a Milagros y más tarde tuvieron que intervenir unos cien efectivos de la Policía Bonaerense para evitar que las cosas pasaran a mayores.

En los tribunales de Lomas de Zamora los investigadores se agarraban la cabeza por las circunstancias dramáticas del caso.

 

 

El barrio San José, la marcha por Milagros

Crónica de un día de tristeza

Todo el horror a la edad de la inocencia

Por Emilio Ruchansky

 

La madre de Milagros Balizán camina desconcertada. Hace dos días que no duerme y casi no puede hablar. Una multitud la acompaña por las calles de tierra del barrio San José, en Almirante Brown. Van hacia el baldío donde apareció el cadáver de su hija. Es de noche y los vecinos reunidos en el lugar comienzan a aplaudir cuando divisan las velas. Alguien la toma del brazo y le dice: “Mirta, vos tenés que encabezar la marcha, andá para adelante”. La madre de Milagros no responde pero camina, y cuando está por completar la vuelta manzana, Verónica, su hermana, la detiene con un abrazo: “Andate a dormir, Bocha, no das más”.

“Yo fui al velatorio. Viven en una casa de chapa-cartón y tuvimos que agacharnos para entrar porque del piso al techo no hay ni un metro y medio”, le comenta a Página/12, Rosa Benítez, una de las tantas vecinas que la esperaban ayer en la esquina de Chubut y Rosales. Su hija filmó a escondidas el cuerpo con su celular y muestra el video: se ve a Milagros en un ataúd grande, con la mitad de la cara golpeada, rodeada de peluches, cartas, flores y ropa de bebé. El sobrino de Rosa, Leonel, fue uno de los testigos del caso y cuenta, con la inocencia de un chico de 10 años, que vio pasar a los dos hermanos y a Milagros. La niña iba descalza, ensangrentada y mientras caminaba “le pegaban con un palo”.

Sin embargo, en el barrio la opinión está dividida. Muchos creen que esos chicos son inocentes, que fueron presionados por la policía. Rosa asegura que fueron ellos “pero acá el problema es otro”. El baldío es propiedad del polideportivo Sol de América y hace 10 años que está cerrado. “Supuestamente, daban copa de leche, pero es mentira. Yo sé que (Carlos) Bilardo les dio plata para que vuelvan a abrirlo y se robaron todo.” Ayer por la madrugada, varios vecinos decidieron instalarse en ese predio. Montaron carpas y tiendas, parcelaron el terreno con palos e hilos y tenían la esperanza de que la municipalidad les concediera el terreno.

Esta situación complica aún más las investigaciones. El oficial de la policía científica a cargo hizo el acta por usurpación y se quedó sin sus pericias. El domingo pasado encontró los pañales, el pantaloncito y el buzo de la niña. “En el lugar donde estaba el cuerpo hay tres pibes borrachos que no se quieren mover, rompieron el candado que pusimos y se instalaron”, advierte el agente. También hay un perro pittbull atado. Un chico juega cerca de la persiana donde apareció el cuerpo, a su lado duerme uno de los borrachos. Todavía se ven cables de televisión, como los que ahorcaron a Milagros, sobre el techo de la casilla del antiguo polideportivo.

Después de la feroz pelea entre los vecinos y la policía el domingo a la noche, ningún uniformado se animó a quedarse de guardia. A primera vista, parece un picnic familiar. En medio de los hilos, las familias toman mate o almuerzan ante la atenta mirada de los vecinos. “Se aprovecharon de la desgracia, lo que hacen no tiene nombre. Y encima después se te clavan a la luz”, protesta una señora que acompaña al policía y salió de testigo en el acta. Sobre el matorral está la pared volteada por la furia de los habitantes de este barrio humilde, del circo Salguero sólo quedaron las estacas. Fueron los primeros en irse cuando apareció el cuerpo de Milagros, algunos vecinos dicen que vieron algo, otros creen que pudieron ser los asesinos.

Mientras pasa la tarde, van cayendo los móviles de televisión y la gente se agrupa en las esquinas. Oscurece y Rosa Benítez señala un poste de luz: “¿Sabés cuándo empezó a funcionar? Hoy”. El abandono de este lugar, convertido en basural, es evidente y refleja las penurias de los vecinos que no sólo piden justicia por el asesinato de Milagros. En la ronda se superponen las denuncias contra la delegación municipal. Juran haber visto los alimentos que envían a los comedores comunitarios en los stands de la feria local. “Nos dan una lata de picadillo de carne, una lata de arvejas y pasas de uva, y encima no fueron capaces de mandar una flor al velatorio de Milagros.”

Los ocupas prenden pequeñas fogatas aguardando la llegada de la familia Balizán y previendo que los gendarmes intenten echarlos por la noche. El humo difumina la poca luz que hay y padres y madres aferran a sus niños. Cuando se acerca la marcha y se ven los carteles con la foto de la niña se oyen los primeros gritos de “¡Justicia!”. Algunos quieren desviar la multitud hacia el pastizal donde murió Milagros. Los ocupantes del predio salen apurados a pedir que den la vuelta a la manzana para evitar enfrentamientos.

Mirta, o Bocha, como la llama su hermana, es pequeña, tiene bermudas largas, zapatillas de lona y un buzo azul. Verónica dice que se desmayó cinco veces y que ya perdió a dos bebés. “Debería tener 12 hijos. A uno lo perdió porque se electrocutó y el nene nació deforme, sin cabeza. Después perdió una beba de dos meses que se murió de un paro cardíaco y ahora esto...”, resume la hermana mientras camina con su bebé en brazos. Bocha recibe abrazos y palabras de aliento. Rosa sale al cruce para explicarle que “hay que estar unidos” y que los vecinos se instalaron allí para protestar también y, claro, por necesidad.

Bocha no le responde. Solo dice “nada, nada, nada”, cuando este cronista pregunta si recibió ayuda de las autoridades locales. Su hermana aclara que pagaron el entierro y que la invitaron a que hoy pasara por la municipalidad. Bocha repite: “Nada, nada, nada”.

 

 

El futuro de los hermanos

Nota madre: Todo el horror a la edad de la inocencia

 

El juez de Menores Mariano Alessandrini deberá decidir cómo tratar a los dos hermanos que participaron de la muerte de Milagros. Ambos son inimputables, de manera que no puede haber juicio ni acusación por homicidio y lo que corresponde, de acuerdo con la ley, es que se les brinde asistencia social y psicológica. Se da por sentado que los hermanos no comprenden la criminalidad de sus actos. De todas maneras, el magistrado, en diálogo con los padres, dispondrá que no vuelvan a vivir al barrio San José, donde su situación sería insostenible, y también tendrán que dejar el colegio al que concurren, en el que igualmente serían marcados y señalados por los otros alumnos. Los juristas consultados por este diario señalaron que sería muy raro que el magistrado decida que los chicos dejen de vivir con sus padres y hermanos y lo hagan con algún otro familiar, una medida que no es inhabitual cuando existen acusaciones de violencia en el hogar. Por lo que se sabe hasta el momento, no es éste el caso. El fiscal seguirá interviniendo, pero su papel pasará a ser secundario. El centro de la escena será ocupado por asistentes sociales, el defensor de menores y el juez. La lógica indica que las decisiones deberán ser mantenidas en reserva, o sea que será un punto clave que no se difunda dónde va a vivir la familia ni a qué nueva escuela irán los chicos más adelante. El ejemplo más reciente es el de Junior, el joven de la tragedia de Patagones: no se sabe dónde vive ni en qué colegio cursa ahora.

 

 

El análisis desde la psicología y el derecho

“Estos chicos también son víctimas”

Nota madre: Todo el horror a la edad de la inocencia

 

Qué les pasó. Por qué lo hicieron. Qué grado de conciencia tienen sobre lo que hicieron. Especialistas en Psicología y Derecho afirman que a los 9 años un niño no tiene conciencia plena de lo que significa matar a otro y vincularon el homicidio de Milagros con un contexto social de violencia creciente.

El juez del Tribunal Oral de Menores Número 3, Horacio Barberis, afirmó que el caso es excepcional y que no hay jurisprudencia en la Justicia argentina de un homicidio de estas características. “La investigación judicial debe hacerse con rigurosidad, para determinar la autoría del homicidio, atender la situación de estos chicos, establecer qué les pasó para llevar a cabo un hecho de estas características y actuar en consecuencia”, dijo el juez, que no atiende esta causa particular.

Barberis, ex presidente de la Asociación de Magistrados y Funcionarios de la Justicia de Menores y Familia, explicó que para el derecho argentino, los hermanos no son punibles y abogó por su reinserción social “en los mejores términos”. “Sería bueno rastrear antecedentes, saber qué pasó con estos chicos, cómo es el contexto sociofamiliar”, concluyó el juez y dijo que el caso funciona como síntoma “de una violencia social que no tomamos con la seriedad que se debiera”.

Desde el Conicet, la psicóloga Valeria Llovet indicó que “los niños no pueden procesar el concepto de muerte”. “Es probable que estos chicos no tengan idea de lo que han hecho en realidad”, añadió y advirtió que la sociedad “a veces, expone a los chicos a grados de violencia y deshumanización muy elevados. Y no hablo sólo de la violencia en los medios, también hablo de la violencia cotidiana, donde hay carencias y falta de integración social”.

Para la perito judicial Beatriz Muller, psicóloga y directora del Centro Salud Activa, en estos casos de violencia extrema a tan corta edad, “los chicos imitan situaciones que vieron y no pudieron procesar o repiten activamente la violencia que sufren pasivamente”. Al igual que Llovet, Muller destacó que es una edad en la que “todavía no está demasiado constituida la idea de muerte”. “Los chicos no saben qué es una desaparición permanente –dijo–. No hay conciencia concreta y real del daño que significa matar.”

En la misma línea opinó la directora ejecutiva del Comité Argentino de Seguimiento y Aplicación de la Convención Internacional de los Derechos del Niño (Casacidn), Nora Shulman. “Estas criaturas también son víctimas de un sistema donde hay una violencia exacerbada –manifestó–. Los chicos aprenden de los adultos.” La experta pidió “no culpabilizar” a los hermanos, no revictimizarlos “y entender qué les pasó” y abogó para que el Estado les brinde la contención social que necesitan, “para no condenarlos a un presente en un instituto de menores y a un futuro en la cárcel”.

 

 

Un caso que conmovió a Gran Bretaña hace quince años

La terrible muerte del pequeño James

Nota madre: Todo el horror a la edad de la inocencia

 

No existen antecedentes en el país de semejante crimen. Tampoco muchos en el mundo. El caso más brutal, y único en su nivel de repercusión internacional, es el crimen de Liverpool, un asesinato que conmovió a Gran Bretaña exactamente 15 años atrás. La resolución judicial, alentada por los medios y la opinión pública, le puso más horror al caso, si es que ello era posible.

James Bulger era un chico de dos años que había sido llevado por la mamá a un shopping. Otros dos niños, ambos de 10 años, lo sacaron de allí mediante engaños en un descuido de la mujer. El video de las cámaras de seguridad del shopping que mostraba cómo el pequeño era llevado de la mano por quien sería su asesino fue la prueba clave en la investigación. Y dio la vuelta al mundo.

Robert Thompson y Jon Venables empujaron a James hasta unas vías de tren cercanas, lo tiraron al piso y lo apedrearon con ladrillos. Luego le pegaron con una barra de hierro en la cabeza, lo desnudaron, lo violaron con unas pilas que encontraron allí y lo pintaron de verde. Finalmente lo abandonaron, ya muerto, sobre las vías, para simular un accidente. Un tren lo partió en dos. Era el 12 de febrero de 1993. El cuerpo fue encontrado dos días después.

Venables confesó y terminó detenido junto a su amigo. Todo lo que sucedió después solo sumó espanto al dramático hecho. Los padres de James, los políticos, los abogados, el periodismo, la opinión pública empujaron la decisión de la Justicia: Robert y Jon debían ser juzgados como adultos, de lo contrario no habría sanción. Así fue: los dos resultaron condenados a cadena perpetua en 1996. Ninguno de los dos tuvo posibilidad alguna de defensa. En el juicio, nadie preguntó por qué un niño puede hacer semejante cosa. Nadie se había ocupado tampoco de ellos antes del hecho. Nadie había investigado el riesgo social en el que vivían. Nadie se había conmovido con sus historias de abandono y desamparo.

Tras una apelación en la Corte Europea de Derechos Humanos, el caso fue revisado y en junio de 2001 fueron puestos en libertad, aunque con una serie de fuertes restricciones. Estalló una nueva polémica y los padres de James pidieron que alguien asesinara a los entonces adolescentes. La Justicia les dio una nueva identidad. Incluso se dice que fueron sacados de Gran Bretaña y que residen en otro país, nadie sabe en cuál.

Ahora tienen 25 años.

 

 

Diario Infobae

Fuente: http://www.infobae.com/contenidos/381130-100884-0-Los-escabrosos-detalles-del-crimen-Milagros

 

Los escabrosos detalles del crimen de Milagros

La jueza de Menores de Lomas de Zamora, Marta Pascual, reveló en Radio 10 que los nenes de 8 y 9 años eran concientes de todo lo que hicieron. A la chiquita le pegaron durante mucho tiempo, la ataron y la ahorcaron

Se llama “disociación” y se trata de una "personalidad que presenta actos de cariño y ternura con actos de locura y violencia extrema a la vez", explicó la especialista. El dictamen de la junta de psiquiátricos se elaboró anoche en la Comisaría 3 de Almirante Brown, donde los hermanos que confesaron su autoría en el crimen de Milagros Belizán pasaron la noche junto a su madre.

La pequeña fue hallada muerta el domingo a la tarde en un terreno baldío en Adrogué, partido de Almirante Brown, con signos de violencia y estrangulación. La noticia desató la ira de los familiares y los vecinos: hubo destrozos y disturbios con la policía.

“Los nenes sabían perfectamente lo que estaban haciendo”, explicó la Doctora Pascual en el programa el Oro y el Moro de Radio 10. “Esto es lo que llama la atención, porque cometieron y luego relataron el crimen con total frialdad. Entendieron que la hicieron sufrir y pareció que les genero algún tipo de placer”, continúo, horrorizada, la jueza.

La autopsia reveló que la pequeña Milagros recibió numerosos golpes y que la asfixia fue muy prolongada. “Pasó porque los nenes están desnutridos y no tienen mucha fuerza. Necesitaron de muchos golpes para matarla”, relató Pascual, que también lleva la causa de la agresión a un custodio del ministro de Economía, Carlos Fernández, perpetrado la semana pasada por menores.

En la confesión ante las autoridades policiales y al fiscal de la causa, Héctor Toneguzzo, los nenes se echaban la culpa entre sí, pero siempre con un sobrio relato de cómo habían golpeado con palos y después ahorcado a Milagros antes de que la nena de 2 años perdiera la vida.

Como los agresores son menores de edad y, por tanto, inimputables, se prevé que el juez de Menores, Mariano Alejandrini, determine si será una familia o un grupo de adultos tutores los que harán cargo de los hermanos. Dónde viven, en un barrio pobre de San José (Almirante Brown) atraviesan graves conflictos sociales y familiares producto de la marginación.

 

 



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