SEMIOLOGÍA PSIQUIÁTRICA Y PSICOPATÍA

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Me dejó..., entonces es psicópata

Dr. Hugo Marietan

Muchas veces los fracasos amorosos dejan como resabio un desmedro de la imagen de la ex pareja (otrora un adorable ser). Hasta pueden llegar a creer que estuvieron en manos de un psicópata, por el mero hecho de que la pareja ha dejado de quererla. Entonces se magnifican los errores conductuales del apartado y la victimización de la dejada o el dejado.

Nadie está obligado a querer, a mantener su amor, por el hecho de haber contraído la responsabilidad de una pareja. Con el tiempo, el amor suele atenuarse, opacarse, desaparecer. Y, con el tiempo, el cariño puede aumentar, agarrado de otros atributos de convivencia, hasta llegar a ser algo tibio y acogedor, muy parecido a la ternura. Lo previsto, lo repetitivo (en lo positivo), también da ese marco de seguridad afectiva que mantiene una pareja. Solemos confundir estos dos tipos de afectos con el amor, y está bien que así sea. Eso hace que permanezcamos en una relación y no estemos buscando nuevas parejas cada año.

Lo primero que se desmorona, salvo raras excepciones, es la pasión. Como un fuego de ramas finas, bulle ardoroso para dejar una que otra brasita y luego grises cenizas. Hay parejas, en que los dos son fogosos, que arman ese fuego con troncos de quebracho y trabajan para conseguir la leña necesaria para un largo invierno. Pueden pasar treinta años de de matrimonio y la mujer siente que es llamada a la cama con "ese mismo tono", deseoso y demandante, de las primeras veces. Pero son los menos; además LOS DOS deben ser sexualmente voraces y gustarse mucho mutuamente. Si solo uno es así, tampoco se completa este tipo de pareja.

¿Qué ha hecho mal, en qué falló la mujer, o el hombre? En nada (siempre y cuando se haya puesto las ganas y las desinhibiciones necesarias). Es sólo el tiempo y la repetición.

Esto puede ocurrir en tiempos distintos para los amantes, y puede que uno tome la iniciativa de cortar la relación cuando el otro aún está lleno de expectativas, lleno de futuro. Y es, desde luego, un fracaso, y, como todo fracaso, doloroso para ambos, aunque con distintas intensidades. 

Hay muchos factores que intervienen en el fracaso de la pareja, mencioné solo un par (amor, sexo), y podría dar otros más diferencias de personalidades, de gustos, de valores, y demás.

Pero ahora, lo que me interesa marcar es el resentimiento que queda después de la separación en el miembro que no propició la separación.

En psiquiatría llamamos "catatimia" a un tipo de pensamiento que es contaminado por lo afectivo, es decir que nuestro estado emocional desvía la razón y nos impide realizar una análisis correcto.

Cuando estamos emocionalmente muy afectos, pensamos emocionalmente.

Y es lo que ocurre en todo duelo. Y la separación es seguida de un duelo por la pérdida de la pareja.

No aceptamos que no dejen, y vienen los juicios catatímicos: me mintió (dijo que me quería y me dejó, me usó), es un manipulador, me engañó, etc.

Y todo el pasado de la pareja es resignificado bajo este juicio empastado por la agresividad, y cada recuerdo (distorsionado) aumenta la certeza del engaño y las mentiras y la humillación.

Y la figura de la ex pareja se desdibuja y la del psicópata aparece cada vez más nítida.

Qué hacer, entonces...

Recurrir a un tercero imparcial (no a los amigos: los amigos suelen sufrir la misma catatimia que nosotros, lo cual reforzaría más aún el resentimiento).

Ésto, por supuesto, no invalida la posibilidad de haber estado, realmente, con un psicópata, o una mala persona, o simplemente alguien que no "encajaba" con nosotros. Y para diferenciarlos, necesitamos de un tercero imparcial.

 

 

 

Respuesta a una consulta donde se narran algunos rasgos semejantes a los atípicos, pero dentro de un cuadro muy fuerte de síntomas obsesivos.: 

Gabriela:

La persona que pintas en tus respuestas corresponde más a rasgos neuróticos, con predominio de los obsesivos, que a los de los psicópatas.

Un psicópata manipula con arte, miente con gracia, asume riesgos, tiene un uso de la libertad ampliado. Puede ser muy seductor, hasta fascinante. Te sientes protegida (aunque torturada) por él. Te parece un ser especial, extrañamente distinto. Y, por sobre todas las cosas, bailas al compás de su música (aunque te preste la batuta de vez en cuando).

Esta relación, dices, duró dos años. En ese tiempo, después de una “luna de miel” asombrosa, hubiese aparecido (si el hubiese sido psicópata) lenta paro imparable, el socavamiento de tu autoestima, el sentirte una cosa, una persona de segunda en la relación. Ya hubieras tenido indicios de sus manipulaciones con terceros (aunque te esforzarías por no verlos) y atisbarías su “necesidad especial”, que marca la distinción entre el psicópata y el resto de los humanos.

Ninguno de estos rasgos están presentes en tu relato. Sólo algunas apreciaciones teñidas por tu subjetividad.

El psicópata es un ser neto, compacto, siempre igual.

Esta persona que me cuentas, ni se le acerca.

 

Saludos,

Dr. Marietan

 

 



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