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Sobre la Histeria

 

Preguntas: (Reportaje para La Nación, salud)

¿cómo define a la histeria?

¿si clasifica entre los trastornos neuróticos del contemporaneidad?

¿alguna reflexión sobre ella y sus manifestaciones? ¿es una afección crónica?
¿considera que la adolescencia es una etapa donde se despliega la histeria con mayor facilidad; los chicos hablan del "histeriqueo de las chicas"?

¿la histeria ¿ha dejado de existir?

 

El ser humano debe enfrentar el hecho de vivir, de estar en el mundo. Es por naturaleza gregario, es decir, necesita de los otros. En consecuencia las estrategias de ser aceptado por el grupo son importantes y cada tipo de personalidad adopta la que, por un lado, es más afín a su constitución y, por otro, la que mejor resultado social le da a lo largo de su desarrollo como individuo. Dentro de estos matices la seducción, el intentar agradar al otro, es ejercida con variado éxito por los distintos individuos. Llamar la atención, ser considerado por los otros, es un mecanismo normal de relación, en su justa medida, cuando es un medio y no un fin. En el caso de un disbalance, cuando ser foco de atención es el objetivo, cuando se vive pendiente de la mirada del otro, a tal punto de descuidar la mirada sobre sí mismo, entramos en un estado anormal que, por consenso nominamos histeria.

La histeria es ser para la mirada del otro. Agradar para ser mirado, vestirse para ser mirado, actuar para ser mirado, gritar para ser mirado, silenciarse para ser mirado, agredir para ser mirado. Aparentar ser otro para el otro. No importa el sacrificio si el premio es la mirada.

Como vemos el histérico limita sus grados de libertad en función de sus síntomas. No es libre, depende de su condición con el otro. Gira en relación al otro. A este autolimitarse la propia libertad con los síntomas se le llama neurosis. Por definición, adoptada por la escuela psicoanalítica y aún no cuestionada, las neurosis se adquieren en algún periodo de la evolución del humano, por lo general en las primeras etapas de la infancia, y se prolonga en el tiempo. En ese sentido es crónica.

El histérico es un actor. Los hay buenos, regulares y malos, pero siempre traducen algo de artificialidad en su conducta. Lo del histérico es mostrarse, provocar el deseo y dejarlo en suspenso. Saborear ser deseado. Disfrutar la frustración del otro. Y volver a seducir. Como un actor que “hace de...” pero que no baja del escenario para “ser el que...”. Y, muchas veces, cuando lo hace su desempeño concreto suele estar muy por debajo de la expectación que creo su encantamiento. Tal vez porque sospecha esto es que se queda en la primera etapa, la de ilusionista. “Mírame y no me toques” es la gastada bandera. “Y si me tocas, no me pidas compromisos”, es la más actual. La esencia es la misma: ¡deséame!

La histeria es parte de la condición humana, pude cambiar de nombre, pero siempre estará y se las arreglará, con sus recursos infinitos, para que la miremos, para que hablemos de ella y para enamorarnos hoy y siempre.

 

Hugo Marietán, 13 de octubre de 2005

 



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