ALCMEON
1
Alcmeon 1: 39-49, 1990
Braulio Aurelio Moyano (1906- 1959)
Diego
Luis Outes

He dudado mucho, en este homenaje al
Prof. Moyano, si dedicarme más a su obra que a su
personalidad, a su vida. Les abro mi corazón: me seduce su
obra pero más me atrae el ejemplo de su vida, su modestia,
la lección ética que nos dio. Y en este momento tan
crítico de la Argentina creo que es mi deber hacerla
resaltar para retemplar el alma de los jóvenes.
Para comprender la obra de don
Braulio Moyano es conditio sine qua non amar el
sistema nervioso profunda y obsesivamente, con una
vocación afín a la filosófica o la religiosa. Es necesario
maravillarse ante la complicadísima estructura del sistema
nervioso, estructura que es la que nos permite
intercomunicarnos y también relacionarnos con Alguien
superior a nosotros mismos.
Hay una vieja y bella frase de San
Irineo que proclama: "El hombre es la gloria de Dios". Más
de una vez, mejor cientos de veces, he dudado de esta
frase del santo al ver tanta bajeza humana, tanta vanidad,
tanta crueldad. Pero, de vez en cuando, conocer a una
persona tan generosa, de tanta sabiduría y bondad de
corazón como el Prof. Moyano, me ha reconciliado con la
frase. Irrespetuoso quizás la busqué incluso mejorar,
adaptándola a los neuropsiquiatras al proclamar: "El
hombre es la gloria de Dios y el sistema nervioso su mayor
orgullo".
Pero maravillarse es emocionarse.
Quien ve una corteza cerebral teñida con el método de
Nissl, por ejemplo, y no se maravilla, no se emociona,
nunca podrá comprender el sistema nervioso. Y eso sucede
con todas las cosas. Se requiere emoción para comprender,
para aprehenderlas: para que impacten, para que formen
parte de nuestra memoria básica. Por algo el gran W.
Griesinger (1817-1868), el verdadero fundador de la
moderna psiquiatría alemana, decía.
Die Grossen Gedanken kommen aus
den Herzen ("las grandes ideas nacen del corazón").
Y el corazón, como Uds. bien saben,
se vinculó siempre a la emoción. Para los griegos era el
órgano más importante, tanto en la guerra como en la paz.
Era el órgano de la fuerza, pero también el órgano de la
nobleza y de la bondad (de ahí que digamos aún: "ese
hombre tiene bondad de corazón"). Y por algo Aristóteles,
biólogo y pensador profundo, enseñaba que el corazón era
el "centro del sensorium commune", el sitio donde se
reunían todos los nervios (Por supuesto que no usaba estas
palabras latinas, sino su koinh aioqhsiV: koinè aisthèsis).
A Aristóteles lo impactaba el calor
del corazón. La sangre que brotaba de las heridas del
corazón era caliente, pulsátil, era la vida... El cerebro,
en cambio, era para él un órgano frío, viscoso, sin
vascularización propia, un simple "refrigerador" de la
sangre. El Estagirita había leído, de los pocos, la obra
de Alcmeón de Crotona; éste fue el primer investigador
griego que tuvo la audacia de disecar el sistema nervioso
y había comprobado que los nervios de los sentidos
terminaban en el cerebro. Pero Alcmeón no lo convencía. Lo
convencía el corazón.
A milenios de distancia, hoy sabemos
bien que Alcmeón tenía razón y que Aristóteles se
equivocaba. Empero, más de una vez, a lo largo de mi vida,
he dudado sobre qué es más importante: si el mundo del
corazón o el mundo de las ideas.
No sé. Cada uno de Uds. deberá
decidirlo. Y del camino que elijan dependerá la felicidad,
la personalidad y la trascendencia de Uds. en este breve,
fugaz paso por la vida. Pero les recomiendo que nunca se
olviden de la frase de Griesinger, "Las grandes ideas
nacen del corazón". Les ayudará a comprender la vida.
Antes de bosquejarles la obra de don
Braulio les daré una imagen de su personalidad. Lo conocí
cuando tenía aproximadamente cuarenta años. Era robusto,
pícnico, de abultado abdomen, de gran cabeza y amplia y
despejada frente. Lo que mas llamaba la atención en él era
lo poco que hablaba.
Era extremadamente silencioso.
Observaba todo. Nada se le escapaba. Era difícil
intercambiar ideas con él. Muy determinadas circunstancias
eran necesarias para hacerlo: una comida en el Toscanini,
por ejemplo, o en otro restaurant de la zona de
Constitución, cuanto más humilde mejor. Había semanas
enteras en que casi no se podía hablar con él...
¡Desesperaba a veces su silencio!
Esta parquedad se transparenta muy
especialmente en sus obras que son un modelo de concisión
y donde no se usa una palabra de más.
Era hombre sabio, prudente y
sumamente generoso. Raramente se reía con ganas. Pero en
ocasiones, muy de cuando en cuando, solía oírsele una
carcajada que contagiaba... pero que, eso sí, debía
tocarle un punto muy especial en su psiquis para que se
produjese. Era como una reacción infantil, signo evidente
de su simpleza y bondad de corazón. Vaya esta anécdota al
caso.
Preguntábame un día sobre mi familia,
aunque bien sabía el quién había sido mi padre el Ing.
civil Diego F. Outes, uno de los creadores de la
hidráulica argentina. Me preguntó sobre cada uno de mis
tíos paternos. Le conté que habían sido siete hermanos y
se los fui nombrando, con la profesión que habían
desempeñado en su peregrinaje por la tierra. Y el último
que nombré fue mi tío Aurelio. Ahí me interrumpió:
-¿Aurelio?-repitió -Y, ¿qué
profesión tuvo?
-Aurelio-le respondí , fue el vago de
la familia. ¡Y nadie pudo hacerlo trabajar nunca!
¡Y entonces sentí la carcajada más
grande de mi maestro! Nunca lo había visto reír así. No
entendía nada, pero rápidamente me lo aclaró:
-Nosotros -aún reía-, nosotros, los
Aurelios, somos así. O no servimos para nada, o en algo
brillamos...
Acababa de enterarme que el Braulio
"A" era Braulio Aurelio... Me nombró a renglón seguido a
varios Aurelios famosos y en uno se detuvo
particularmente: en Aurelio Agustín, en el obispo de
Hipona. Ahí me desayuné -¡ignorante de mí!-que San Agustín
se había llamado Aurelio.
Don Braulio me hizo la apología de
Aurelio Agustín y me enseñó que por el año 400 después de
Cristo ya este hombre buscaba localizar funciones en el
cerebro. Y para que yo me convenciera, me mandó a buscar
un artículo del célebre W. Sudhoff que encontré, después
de mucho penar, en la medio descuajeringada colección de
Aldo Mieli, en la Biblioteca de la Facultad de Filosofía y
Letras, al lado aún de la Carrera de Psicología en la
Universidad (de Buenos Aires). Y Sudhoff me remitió a una
de las más conocidas obras de Agustín, el "De genesi ad
litteram":
''... ideo tres tamquam ventriculi
cerebri demonstrantur: unus anterior ad faciem, a quo
sensus omnis; alter posterior ad cervicem a quo motus
omnis; tertius inter utrumque, in quo memoria vigere
demonstrant".
("... por lo tanto se pueden
demostrar tres ventrículos: uno anterior frontal, donde se
reúnen los sentidos; otro posterior, cervical, donde se
reúne la motilidad, y otro tercero, entre ambos, donde se
demuestra que predomina la memoria").
No era Moyano un hombre religioso,
ni mucho menos. Pero tenía gran respeto por el buen
sacerdote y aun, y quizás más, por aquel que presentaba
desviaciones explicables por la envoltura carnal que lo
envolvía. Al respecto uno de los libros que más quería
eran las célebres aventuras de Gargantúa y Pantagruel
escritas por Rabelais (1494-1553), de quien me había
enseñado que fue franciscano y después benedictino; que
había abandonado luego las órdenes monásticas para
estudiar en la Universidad de Montpellier, donde se
recibiría primero de Bachiller y ejercería la medicina en
Lyon, donde escribió ese célebre libro. Esta mezcla de
hombre científico, curioso, apasionado por el progreso -lo
que hoy diríamos un hombre"revolucionario"- con un
transfondo religioso y bondadoso, parecía apasionarlo.
En otra ocasión, haciéndome el
ilustrado, le hablé de las ideas de Platón sobre la
eternidad del mundo y sobre las ideas de Plotino y su
influencia en la religión cristiana. Me miró con cierto
fastidio -un gesto muy suyo- y se tomó el trabajo de
explicarme: "Vea, Outes" -me dijo-; "por algo Kleist
coloca en la zona órbito-cingular el Welt-Ich, que
podríamos traducir por el 'yo y el mundo', o la inserción
del yo en el mundo, el 'yo religioso' o Religioses-Ich..."
De la obra científica de Braulio
A. Moyano
La obra de Don Braulio entre 1927 y
1938 en el Laboratorio del Hospital de Alienadas (siendo
su jefe y maestro Christofredo Jakob, el fundador de la
escuela neurobiológica argentino-germana). Desde 1938
hasta su muerte en 1959 fue Director del Laboratorio del
Hospicio de las Mercedes, hoy Hospital Borda.
La obra máxima de Moyano gira
alrededor de la enfermedad de Pick y sus vinculaciones con
los transtornos del lenguaje que provoca. Ya comienza su
estudio en su tesis de Doctorado de 1932: "Demencia senil
y demencias preseniles". Ya se había dado cuenta, desde
entonces, que el Pick que se localizaba fundamentalmente
en el lóbulo temporal iba acompañado de alteraciones del
lenguaje, más o menos groseras según la evolución de la
enfermedad, y que el cuadro solía iniciarse con una típica
pérdida de la memoria de las palabras, o sea, con una
afasia amnésica como había bautizado Pitres a este síntoma
ya en el año 1898.
El Pick es una enfermedad
degenerativa, abiotrófica y sistemática que ataca
fundamentalmente los lóbulos temporales y frontales, sobre
todo el primero (aunque hay casos de Pick frontal puro).
La enfermedad es lenta y su progreso clínico puede
seguirse fácilmente.
De ahí que Moyano la considerara
ideal para desentrañar las características de la
desorganización grosera del lenguaje que ocurría sobre
todo en el síndrome de Wernicke.
Y llegó a la siguiente conclusión:
"Para nosotros, la afasia amnésica es la primera
claudicación de la función del lenguaje; exterioriza el
primer grado del sufrimiento de la zona de Wernicke" (pág.
56 de su Tesis de Doctorado). Clínicamente procede luego
una lenta desorganización del lenguaje sensorial, que
explica así en su último artículo sobre el tema ("Aspectos
clínicos de la atrofia de Pick. Atrofia circunscripta del
cerebro. Sobre la desintegración de las funciones del
lenguaje", Neuropsiquiatría, vol. II, N°1, 1951):
"El empobrecimiento del lenguaje se
inicia por la pérdida de los sustantivos y sigue con los
adjetivos, verbos, adverbios, etc....; sucumben antes las
palabras que encierran significados más precisos, que son
de elaboración más trabajosa y que están sujetas a
mecanismos neuronales más complejos, por consiguiente, más
vulnerables". "La jergafasia y la logoclonía son los
últimos vestigios que quedan del lenguaje. La mímica
perdura hasta el final."
"La región del cerebro que almacena
la memoria de las palabras y de donde son extraídas por el
proceso de evocación, el retentum, queda en la cara
externa del lóbulo temporal, especialmente en los tercios
posteriores de la segunda y tercera temporales. Es el 'naming
center' que buscaba Milis. Son ajenos a esta región el
polo temporal y la fusiforme".
Preocupó siempre a Moyano cómo
distinguir clínicamente el Pick frontal puro. Al respecto
-y éste es un mensaje que dejó a los psiquiatras del
futuro- el cuadro del Pick frontal debería traducirse por
trastornos de los impulsos, falta de iniciativa, pérdida
del interés y "probablemente en perturbaciones en las
funciones del juicio, en el pensamiento sintético y en las
asociaciones lógicas".
Estas ideas coinciden con las de
Kleist sobre el funcionamiento del lóbulo frontal y
también con las de Th. Luers; fue este último quien, en
1947, comprobó las concepciones de Moyano.
Moyano y la parálisis general
progresiva
Bajo el impulso de Chr. Jakob la PGP
fue muy estudiada en la Argentina. En 1906 apareció el
trabajo del Prof. J.T.Borda sobre la "desmielinización en
abras". A Moyano le preocuparon sobre todo dos temas: la "Patogenia
del signo de Argyll Robertson", que fue motivo de un
trabajo en colaboración con el Prof, Roque Orlando (1935),
y en segundo lugar la causa de la disartria paralítica que
le llevó a considerar a la oliva bulbar como el factor
central del problema. Tras engorrosos estudios
histológicos tanto Moyano como Orlando llegaron a la
conclusión de que la causa del misterioso signo de Argyll-Robertson
era la lesión desmielinizante de la parte final de las
fibras emergentes del ganglio ciliar y que corren por el
espesor del iris para llegar al músculo constrictor de la
pupila.
Estos preparados, teñidos con el
Weigert, necesitan una previa despigmentación del iris
para poder visualizar las fibras mielínicas. Son las
imágenes patológicas más convincentes, hasta la fecha,
sobre la patogenia de este signo que sigue preocupando a
los investigadores. La lesión no estaba en el arco
aferente del reflejo, ni en los centros pedunculares, sino
en el arco eferente terminal.
Respecto a la disartria en la
parálisis general progresiva donde constituye uno de los
síntomas a veces de la mayor precocidad, en 1936 Moyano,
con utilización de la técnica de Holzer -dificilísimo
método para revelar la gliosis y que fue el primero en
utilizar metódicamente en la Argentina- llegó a la
conclusión de que la lesión causal radicaba en el sistema
cerebeloso aferente, fundamentalmente en la oliva bulbar.
La lesión desmielinizante de la PGP,
algo que tiene parecido con la esclerosis en placas,
determinaba la reacción glial precoz. Las lesiones
celulares de la oliva no aparecían precozmente y pasaban
desapercibidas (como en la esclerosis en placas, la lesión
recaía primitivamente en la mielina).
De estos estudios extrajo Moyano la
idea de que la oliva debe desempeñar un papel importante
en la articulación del lenguaje.
Moyano y las contribuciones de del
Río Hortega
Don Braulio profesó particular estima
por el célebre sabio español Pío del Río Hortega, quien
falleciera aquí en 1945 tras pasar entre nosotros los
últimos años de su vida. "Pocos hombres he conocido"
-decía- "más sabios y más bondadosos que don Pío". Y nadie
ha narrado con mayor sencillez y profundidad que en sus
trabajos de 1946 la obra científica del histólogo español.
El gran adelanto que en la histología
nerviosa introdujera Río Hortega fue el carbonato argénico
(1918). Moyano lo aplicó al estudio de la malarioterapia
en su acción sobre la PGP, terapéutica ésta que introdujo
von Jauregg en 1917 y que le valdría los lauros del premio
Nobel en 1927. Con el carbonato Moyano demostró la gran
proliferación de la microglía en el curso de la
malarioterapia. Llegó a la conclusión de que la "acción
del SRE (la microglía fundamentalmente y las células de
Kupfer) es un factor esencial en el tratamiento de la
parálisis general progresiva por medio del paludismo. El
criterio que asigna a este sistema el papel fundamental es
el único que actualmente puede sustentarse con bases
biológicas. La reacción proliferativa microglial alcanza
un desarrollo enorme durante la cura paralítica".
Moyano atribuía sólo discreta
importancia a los estudios de don Pío sobre los tumores
del sistema nervioso y su clasificación. El mismo Hortega
-confesión a don Braulio- parece haber sido de tal
opinión. De ahí que éste en su obra sobre Río Hortega ni
mencione esos trabajos.
Moyano y las degeneraciones
sistemáticas. Las vías aberrantes piramidales.
Moyano perfeccionó el método clásico
de Weigert cuyo requisito previo y fundamental era cromar
largamente las piezas para luego incluirlas en celoidina y
aplicar la hematoxilina. El proceder de Moyano consistía
en cortar a congelación y luego cromar los cortes. En
quince a veinte días obtenía coloraciones sorprendentes y
con este método pesquisó en los distintos sistemas
fasciculares del sistema nervioso.
Sus estudios más importantes vieron
la luz bajo el título "Sobre la vía córticonuclear. Vías
aberrantes piramidales" (1950). Sobre estas vías, que
tanto había estudiado Déjerine, llegó a las siguientes
conclusiones:
"a) en la corteza de la central
anterior, en la región opercular, nacen las fibras
aberrantes de la región bulbar; en cambio, las vías
aberrantes altas, pedunculares y protuberanciales, nacen
en parajes alejados del surco rolándico.
b) degeneran las fibras aberrantes
altas en las destrucciones de la zona media frontal (campo
FD).
c) la destrucción del polo frontal
causa la degeneración del frontopontino y no provoca la
degeneración del sistema de fibras aberrantes."
A todos estos resultados llegó
después de trabajar, durante largos y pacientes años,
sobre distintos focos de destrucción del lóbulo frontal.
El descubrimiento del origen de las
vías aberrantes altas en el campo FD confirma y da
explicación anatómica al hecho experimental puesto de
manifiesto por O. Foerster: la excitación del campo 8
provoca la rotación ocular hacia el lado opuesto.
Precisamente, las fibras aberrantes
altas son las que llevan la inervación a los núcleos
óculomotores.
La epilepsia genuina y los
estudios biológicos de Moyano:
Moyano halló notables alteraciones en
el tejido testicular y en el pancreático de epilépticos
esenciales graves.
Lo hizo en base a estudios
histológicos de primer orden, en que utilizó
principalmente el método de Heidenhein. No se le escapaba
la prudencia con que hay que interpretar esos hallazgos,
sobre todo en el tejido seminal, tan lábil. Tanto, que ya
Stieve había podido corroborar graves trastornos de la
espermatogénesis en criminales ajusticiados, demostrando
así la influencia de la psiquis y de la ansiedad sobre
tejidos tan frágiles, por vías que últimamente se han
venido haciendo farmacológicamente y endocrinológicamente
más claras.
Moyano, por ello, sólo se basó en
alteraciones patológicas groseras, incapaces de ser
producidas por factores funcionales subagudos. Tampoco
debe dejarse de lado el hecho de que la causa de la
afección terminal del enfermo (bronconeumonía, inanición,
caquexia) puede repercutir sobre tejidos de ese nivel de
labilidad, viejo problema éste de la histopatología.
En efecto, las repercusiones de la
afección terminal sobre los tejidos son un bien conocido
problema en la histopatología nerviosa, que obliga a
redoblar los cuidados antes de extraer conclusiones
definitivas.
Queda, por ello, para los
investigadores del futuro establecer si estas
alteraciones, quizás de raíz genética, son el primum
movens de la enfermedad epiléptica o bien derivaciones
secundarias. Es otro mensaje entre los que dejó Moyano.
Otros trabajos de Moyano:
El capítulo sobre "Anatomía
patológica de las enfermedades mentales" que apareció
embelleciendo la obra de psiquiatría de Mira y López en
1943, es uno de los mejores capítulos que se han escrito,
en el mundo entero, sobre la patología de las enfermedades
mentales. Las 86 microfotografías que presenta son
incomparables por su belleza. Yo diría que son
insuperables.
En 1952 aparecieron sus "Comentarios
sobre las cien primeras autopsias en la colonia de
retardados de Torres", donde tuve el honor de colaborar
junto con el Dr Arturo Carrillo. Los casos comunicados y
sus ilustraciones son también sorprendentes y muchos
cerebros son únicos en el mundo. Aconsejó siempre
continuar con esos trabajos porque el material de la
Colonia de Torres es excepcional.
El trabajo de 1952 no es nada más que
el comienzo de una obra que espera siempre a un joven
psiquiatra que la continúe, levantando la bandera de
Hesíodo que el mismo Moyano pronunció en su emocionada
despedida a su maestro Christfried Jakob en 1957:
Vivere est
laborare et laborare creare
He aquí, bosquejando un inelaborado
escorzo, la obra del maestro Moyano. Es sin duda alguna el
edificio científico más grande de la neuropsiquiatría
argentina. ¡Y cuánto nos quedaría aún por referir! Empero,
no muchos, aun entre los psiquiatras, la conocen. Es un
ejemplo para los jóvenes psiquiatras argentinos, pero creo
que más ejemplo es todavía para todos su vida, tan
humilde, tan sencilla, tan alejada de las vanidades del
mundo. A fe que nunca pudo aplicarse a ella la pesimista
frase del Eclesiastés, Vanitas vanitatum et omnia vanitas.
Vivía Moyano en un departamento
escaleras arriba del hall del Hospital. Rara vez permitía
que alguien entrara en él. Yo sólo pude hacerlo en una
ocasión. Tenía un cuarto grande que hacía de biblioteca
donde los libros eran escasos aunque muy seleccionados.
Pero lo que impactó en mí dejándome
una gran tristeza, que aun perdura cuando lo recuerdo, fue
su dormitorio: una cama simple del Hospital, las paredes
frías y altas de tonos grises y la falta de toda nota de
color. Me emocionó saber que ahí vivía hombre tan sabio y
humilde.
Yo le dije una vez: "la sabiduría
adquiere en la pobreza un brillo especialísimo". ¡Viejo
cuarto que cobijó la tristeza y soledad de don Braulio!
¡Cuántas veces su recuerdo, en mis momentos de
desesperanza, me dio fuerzas para seguir la lucha!
Las clases de Moyano eran
didácticamente malas. Costaba seguirlo, pero todo lo que
decía era fundamental, transcendente.
Al respecto les diré que los jóvenes
suelen obnubilarse por el buen orador, pero deben saber
que han existido hombres de extraordinario talento que se
expresaban mal. Uno de los ejemplos típicos fue el del
gran Helmholtz (1821-1894) considerado por muchos el
hombre más talentoso del siglo XIX. Sus clases eran tan
malas que los estudiantes se iban retirando poco a poco y,
al terminar, sólo quedaban tres alumnos: uno sé quién era,
y luego se los diré. Nada sé de los otros dos. Para que
tengan una pálida idea de la talla de Helmholtz les diré
que fue quien formuló la "ley" de la conservación de la
energía (en "Uber die Erhaltung der Kraft", 1847, o
sea a los 26 años, la misma edad en que Newton, Einstein y
otros renovadores constituyeron el núcleo de sus aportes);
el primero que vio en 1842 la unión de la célula nerviosa
con la fibra, el primero que midió la velocidad del
impulso nervioso (cosa que su maestro, Johannes Müller,
consideraba una tarea imposible); el creador de una gran
teoría sobre la visión de los colores y otra sobre el
espacio perceptual, uno de los motores fundamentales de la
investigación sobre la existencia de las ondas
electromagnéticas (que demostraría su alumno Th. Hertz),
el creador del oftalmoscopio, etc., etc. Pues bien: este
hombre daba unas clases pésimas.
Se aburría, tenía que leer en unos
apuntes, hacía cálculos erróneos (era un gran matemático)
y sus alumnos lo abandonaban.
Uno de los tres que permanecía
sentado hasta el final, embelesado por los conceptos
profundísimos de Helmholtz, era uno de los hombres
llamados a transformar el mundo, a transformar la Física,
a sorprender al mundo con su genio excepcional: era Max
Planck. Y ahora les transmito lo que Max Plank sentía de
su maestro Helmholtz: "Era la primera vez (1889) que yo me
ponía en contacto con los leaders de la investigación
científica de esos días Helmholtz sobre todo... Con su
personalidad bien definida, con su integridad de
convicciones y con su carácter modesto era la verdadera
encarnación de la dignidad y probidad de la ciencia. A
estos rasgos de su carácter unía una bondad humana que
tocó mi corazón profundamente. Cuando, durante una
conversación, me miraba con sus ojos tan penetrantes y,
sin embargo, tan benignos y calmos, yo me sentía invadido
con una sensación ilimitada de confianza filial y sentía
que podía confiar en él, sin reservas, cualquier idea de
mi mente. Sabía que iba a encontrar en él al más justo y
tolerante de los jueces. Y una sola palabra de aprobación
de sus labios me volvía feliz como si fuese un gran
triunfador en el mundo."
Esta unión de una inteligencia casi
sobrenatural con un corazón bondadoso en extremo hace de
Helmholtz uno de los hombres más perfectos de la humanidad
científica. Y recuérdenlo: ¡no sabía dar clase! Que les
sirva de lección.
Así como había vivido se fue también
Moyano de este mundo. Con la mayor humildad, sin molestar
a nadie. Los médicos, en general, suelen percibir que se
les acerca la muerte. Hay un sexto sentido en ellos que se
los anuncia. No se si pasó así con mi maestro.
Un mes antes de su muerte lo vi más
delgado y más solitario que nunca. Se pasaba largo rato
mirando a través de los ventanales del Laboratorio en
dirección hacia la Residencia, como ausente.
¿Se daba cuenta que eran sus últimos
días? No lo sé. Había, días antes, bosquejado conmigo un
trabajo sobre dos criminales que, después de su muerte, yo
describí, siguiendo sus ideas y en base a sus cerebros. Se
trataba de Laceas y de Rojo, que habían asesinado a dos
conocidos psiquiatras del Hospital; uno de ellos el Dr.
López Lecube. Es también indicio de que para él la muerte
le llegó sorpresiva el que nada dejara escrito, ni a sus
familiares ni a sus amigos ni a sus discípulos.
Pero era tan reservado en sus cosas
que bien pudo haber presentido su fin y no decir nada.
Murió de una hematemesis grave producto de una cirrosis,
pues era de buen comer y de buen beber. Fue conducido al
Hospital de Gastroenterología y allí falleció rápidamente
rodeado de familiares y unos pocos amigos.
De los médicos de este Hospital allí
presentes recuerdo siempre al Dr. Saubidet, a quien Moyano
mucho quería y respetaba. El que les habla estuvo hasta
sus últimos momentos, pero me retiré antes que falleciese.
No lo pude soportar.
Durante su agonía recé repetidas
veces el Padrenuestro. ¡Y, cosa extraña, señores, me
surgía el Padrenuestro en latín como me lo habían enseñado
en mi primera infancia!
Después que falleció sentí su voz en
el Laboratorio durante mucho tiempo. Sentía sus pasos y
veía recortarse su figura nítidamente. Al final estas
visiones eidéticas fueron pasando. Y la imagen más
persistente que me quedó y que continúa aún en mi alma es
la de su caminar por los callejones del Hospicio
acompañado de Arturito, su fiel y retardado amigo.
Esa imagen no se me ha podido borrar
y, ya lo dije anteriormente, "cuántas veces, como en un
sueño, los veo venir".
Quería mucho Moyano al Prof. Ramón
Carrillo, que abandonó su carrera médica para dedicarse
totalmente al Ministerio de Salud Pública de la Nación,
donde hizo obra imperecedera, y también al Dr. Salomón
Chichilnisky, médico humilde, gracias al cual pudo reponer
sus microscopios y demás elementos técnicos.
Y quiso el Destino que los tres
terminasen en la misma forma: el profesor Ramón Carrillo
en la cama de un hospital del Brasil (Belén), Chichilnisky
en una cama del hospital Borda, y don Braulio en una cama
del Hospital de Gastroenterología... La forma de morir los
tres, en medio de ejemplar pobreza, tuvo siempre algo de
misterioso para mí.
Y una vez más me reconciliaba con la
frase de San Irineo: "El hombre es la gloria de Dios".
Porque Uds. juzgarán, ¿qué está más cerca de Dios que la
pobreza?