PSICOSEMIOLOGIA
 

SEMIOLOGIA PSIQUIATRICA Y PSICOPATIA

Sitio del Dr. Hugo Marietan

www.marietan.com    marietanweb@gmail.com

  Principal ] Artículos ] Psicopatía ] Esquizofrenia ] Docencia ] Poesías y cuentos ] Otros Autores ] Curso de Psicopatía ] Semiología Psiquiátrica ] Enlaces ] Cartas comentadas ] Depresión ]

Indice ] Propósito ] Prólogo ] I ] II ] III ] IV ] V ] VI ] VII ] VIII ] IX ] X ] XI ] XII ] XIII ] [ XIV ] XV ]

Afectaciones

Hugo Marietan,

 www.marietan.com, 1994

 

Introducción

Los sentimientos se perciben difusos, por eso se "sienten" y no se entienden claramente.

La "nitidez" con que se "recortan" los conceptos que responden a la lógica razonante, al intelecto, esa completud en el percibir, no se presenta en lo "afectivo", sino que nos "afectan" de tal manera, en forma tan individual, que la traducción de nuestra propiocepción al lenguaje o al código lógico, nunca es adecuada. Nos aproximamos al "como si" de la poesía o la metáfora, la analogía o la comparación. Pero en esencia el sentimiento permanece tan inexpresable como desde siempre. Wittgenstein decía que lo metafísico era inexplicable, "se muestra a sí mismo, es lo místico. El amor, la libertad, Dios, pertenecen a esta parte alejada de lo verbal, al dominio de lo inefable".

Trataremos aquí algunas de las maneras de ser conmocionados y reaccionar. Y el aprendizaje de ese par de estados que determinan formas de conductas persistentes.

Características de lo afectivo

Cabello(11) da seis características de lo afectivo:

1) Son procesos vividos subjetivamente, fundidos al estado de ánimo y con nuestro propio estado de conciencia;

2) Poseen una referencia intencional en relación con las múltiples situaciones estimables de nuestra vida y de los objetos que nos rodean, asignándoles un valor;

3) Impregna toda la actividad psíquica, concediéndole una tonalidad particular acorde con los sentimientos; 4) Es dinamógeno por excelencia;

5) Tiene intensidad variable: graduándose como sentimientos, emociones y pasiones;

6) Los afectos oscilan bipolarmente: alegría-tristeza, placidez-angustia.

Reacciones emocionales

Para Delay-Pichot,(2) el comportamiento emocional evoluciona según tres fases sucesivas:

1) Respuesta inmediata: De breve duración, corresponde a la emoción propiamente dicha. Ejemplo: comportamiento de sorpresa, de miedo-cólera, el síncope.

El comportamiento de sorpresa es un tipo de comportamiento idéntico de un sujeto a otro (de observación en todas las personas, excepto los epilépticos) y de una duración muy breve: el conjunto de la reacción dura de un cuarto a medio segundo; a veces es difícil reconocerlo sin medios adecuados de observación. Es desencadenado por un estímulo inesperado. Consiste en una modificación rápida de la posición del cuerpo: los músculos del cuello se contraen, los hombros se levantan, los brazos se llevan ligeramente hacia delante, aparece parpadeo y la boca se contrae en un rictus.

El comportamiento miedo-cólera tiende a preparar al sujeto para una actividad violenta, necesaria para su conservación (fuga o ataque), cuando percibe la situación como amenazadora. Puede producir un efecto paralizante (pánico). Un estímulo emocional intenso puede producir un síncope en algunos casos. Éste va precedido de una sensación de debilidad muscular, de transpiración, de náuseas, de bostezos y de oscurecimiento de la vista. Entonces sobreviene la pérdida de conocimiento (colapso), que en algunas ocasiones puede acompañarse de pérdida de control de los esfínteres. El conjunto de este comportamiento va ligado a un descenso de la presión venosa, que lleva consigo una acumulación de sangre en las partes inferiores del cuerpo, y por lo tanto una anoxia cerebral.

Cabello,(1) al tratar el tema de la emoción violenta, menciona que son tres los entes psicológicos fundamentales:

a) Representación mental súbita, sorpresiva, de una situación disvaliosa o valiosa;

b) Conmoción afectiva intensa;

c) Respuesta psicomotora.

Estos tres entes psicológicos traducen una marcada exaltación de los afectos, una inhibición de las funciones intelectuales superiores y un predominio de la actividad automática y neurovegetativa. En consecuencia el individuo tiene un recuerdo parcial y fragmentario de las acciones realizadas en este estado emocional.

2) Respuesta secundaria: De duración variable, pero relativamente corta, salvo si es patológica, expresa el período de recuperación a la respuesta emocional inmediata y generalmente se caracteriza por sensaciones de fatiga, apatía y depresión.

3) Los efectos persistentes de las emociones: Consecuencias de la respuesta secundaria, son hábitos emocionales persistentes que corresponden a los sentimientos. El individuo tiende a desarrollar hábitos dirigidos a prolongar o producir los efectos secundarios agradables y a eliminar los efectos desagradables. Estos hábitos emocionales tienen valor adaptativo.

En esta perspectiva la pasión no es considerada sino como un efecto duradero de las emociones, cuya particular intensidad y consecuencias sobre el comportamiento determinan una dirección particular en la orientación de vida de la persona. Ejemplo de ello son la pasión por las artes, el conocimiento, etcétera.

Reacciones inmediatas patológicas

Se producen cuando los recursos del organismo son insuficientes para integrar de manera adecuada la experiencia emocional. Es un desequilibrio entre la intensidad del estímulo y la capacidad adaptativa del sujeto. La circunstancia estimulante debe tener un valor afectivo particular para la persona.

1) Reacción explosiva de cólera: Puede deberse a predisposición individual, a alteraciones psicopatológicas o neurológicas. Un estímulo mínimo puede provocar una cólera incontenible con agresiones violentas sin consideración de las consecuencias. Este efecto se puede producir por acumulación de situaciones estresantes y el estímulo desencadenante "es la chispa que enciende la pólvora" (Kretschmer), como es el caso en los presos y algunos crímenes pasionales. Es clásico el ejemplo de la ebriedad patológica, donde pequeñas dosis de alcohol pueden provocar este tipo de reacción. También la epilepsia en el período intercrítico y la epilepsia temporal son ejemplos donde podemos observar estos comportamientos.

2) Reacción de miedo y la angustia: La reacción de miedo patológico se encuentra en la ansiedad intensa. Se produce una anticipación aprensiva de un daño o desgracia futuros, acompañada de un sentimiento de disforia o de síntomas somáticos de tensión. El objetivo del daño anticipado puede ser interno o externo.(4) En el pánico (crisis de angustia), que el DSM-IV describe como "aparición temporal y aislada de miedo o malestar intenso, de inicio brusco que incluye algunos de los siguientes síntomas:

Palpitaciones, sacudidas del corazón o elevación de la frecuencia cardíaca; sudoración; temblores o sacudidas; sensación de ahogo o falta de aliento; sensación de atragantarse; opresión o malestar torácico; náuseas o molestias abdominales; inestabilidad, mareo o desmayo; desrealización (sensación de irrealidad) o despersonalización (estar separado de uno mismo); miedo a perder el control o volverse loco; miedo a morir; parestesias (sensación de entumecimiento u hormigueo); escalofríos y sofocaciones."

Se llama angustia a un miedo sin objeto aparente (angustia flotante). Cuando la angustia es, en apariencia, consecuencia de un estímulo que normalmente no produciría este tipo de reacción, se habla de "angustia fijada". No se emplea en este caso el término "miedo" (que siempre es hacia algo concreto), porque el papel del estímulo no es más que simbólico, como en el caso de la angustia fóbica.


Desarrollos afectivos patológicos y procesos

Cuando aparecen reacciones afectivas patológicas que son consecuencia de una exageración de hábitos reaccionales preexistentes hablamos de "desarrollo". Jaspers(9) dice que "se habla de desarrollo de una personalidad cuando en ella se encuentran fenómenos patológicos pero que se pueden comprender y explicar a partir del juego mutuo de las relaciones psicológicas y racionales que se encuentran incrustadas dentro de una conexión psicológica objetivada de predisposición originaria, y unitaria a pesar de toda la desarmonía y falta de consistencia". Por ejemplo, una personalidad paranoide (desconfiada, suspicaz, susceptible, sobrevalorada, orgullosa, etcétera), puede desarrollar una paranoia que es la exageración de estas características previas, con alteración del juicio de realidad.

En cambio se habla de proceso cuando los síntomas morbosos irrumpen sin que existan síntomas semejantes previos, dando la vivencia de incomprensibilidad en el observador, a diferencia de lo que ocurre en el desarrollo. Jaspers(9) define como procesos a lo que conduce a una transformación incurable, es decir, a un cambio permanente; "Los procesos son cambios en la vida psíquica incurables, heterogéneos a la personalidad anterior, que irrumpen en ésta, ya sea una vez y aisladamente o en forma repetida y en general, y dentro de estas posibilidades, en todas sus transiciones invaden la personalidad". Este tema será ampliado cuando tratemos delirios crónicos y esquizofrenia.

Estrés-Distrés

Se llama estrés a la reacción general de adaptación del organismo frente a circunstancias obstaculizantes o adversas. Para la OMS(10) el estrés es "el conjunto de reacciones fisiológicas que prepara el organismo para la acción". El organismo cuenta con "amortiguaciones" fisiológicas para soportar un quantum de estrés, y cuando éste es sobrepasado, se presenta una serie de repercusiones somáticas (úlcera, hipertensión, asma, etcétera) representadas por signos y síntomas morbosos que denominamos distrés. O. Slipak(10) dice que "si las demandas del medio son excesivas y/o prolongadas, aun siendo agradables, y superan la capacidad de resistencia y de adaptación del organismo, llegamos al «distrés o mal estrés»". La muerte de un familiar, casamiento, mudanza, jubilación, pérdida de empleo, divorcio, etcétera, son situaciones que pueden provocar distrés. Los factores causantes de estrés serían iguales para todos los individuos, pero la vía elegida (autonómica o neuroendócrina) estaría ligada al grado de vulnerabilidad del sujeto y a su perfil psicológico. Así tendríamos distintos patrones de conducta.

Los de tipo A,(10) donde predominan las respuestas excesivas, son individuos agresivos, hiperactivos, ambiciosos, irritables, impulsivos, impacientes, dominantes, tensos y competitivos. Tienen mayor predisposición a padecer patologías cardiovasculares por activación de las catecolaminas, nicotismo y obesidad.

El patrón de conducta tipo C, está representado por individuos introvertidos, obsesivos, pasivos, resignados y apacibles, extremadamente cooperadores, sumisos y conformistas, siempre controlan las expresiones de hostilidad y son deseosos de aprobación social. Están más predispuestos a reumas, infecciones, alergias, dermatopatías, cáncer e inhibición inmunitaria.

El patrón de conducta tipo B se observa en personas tranquilas, confiadas, relajadas, abiertas a las emociones, incluidas las hostiles.

Variaciones del humor

Corresponde a Kretschmer(2) una forma de clasificar a los individuos en función de la cualidad de su humor. Es así que describió la ciclotimia y la esquizotimia como variaciones normales, y el humor melancólico, maníaco y esquizofrénico como variaciones patológicas:

1) En la ciclotimia se pasa fácilmente de la alegría a la tristeza, del júbilo al dolor. El elemento fundamental es la capacidad de vibrar con el ambiente (sintonía de Bleuler). Estas variaciones pueden manifestarse varias veces a lo largo del día o transcurrir como fases prolongadas de semanas o meses. Los ciclotímicos son socialmente extravertidos.

2) La esquizotimia es un humor más frío, asintónico con el medio, de una aparente insensibilidad. La oscilación es entre sensibilidad y frialdad. Los esquizotímicos son socialmente introvertidos.

3) El humor melancólico se manifiesta por la intensa angustia que puede inhibir (hasta llegar al estupor) o desorganizar al individuo, como la agitación producida en la melancolía ansiosa.

4) El humor maníaco es un júbilo morboso que aparece en los cuadros de excitación psicomotriz y específicamente en la manía.

5) El humor esquizofrénico se manifiesta con frialdad, distanciamiento afectivo, pérdida del estusiamo, afecto incongruente y afecto aplanado. El afecto incongruente es la expresión inadecuada del afecto con relación al discurso del paciente. Por ejemplo: reírse mientras describe la muerte de un pariente querido. El afecto aplanado indica un embotamiento afectivo o carencia en la demostración de afecto.

El miedo

El miedo es un estado de tensión generado por la espectación real o imaginaria de peligro, dolor o displacer. En el miedo existe la posibilidad, aunque sea mínima, de que el hecho temido no ocurra o en el caso de ocurrir no implique el peligro espectado; pero si no existe ese margen, si no hay esperanzas, si el hecho ocurre sí o sí, caemos en la desesperación o en la resignación (entregarse, rendirse a las circunstancias).

El miedo integra los valores preventivos, deviene del instinto de conservación y evita que el individuo se coloque en una situación de peligro. Marca los límites de la expansión del accionar, es inhibitorio, y al poner en marcha los sistemas defensivos le quita espontaneidad a los movimientos. Es decir, una persona temerosa es desconfiada, se siente insegura y está tensa. Frente a una posibilidad interpretada como peligrosa, las reacciones primarias son de enfrentamiento para eliminarla (lucha) o de alejamiento (huida). Sin embargo, hay reacciones complejas que enmascaran, en mil formas, estas dos reacciones primarias, lo que da una imagen engañosa a los demás o se engaña a sí mismo. Muchas veces el trabajo terapéutico consiste en quitar los ropajes y enfrentar a la persona con sus miedos.


Rescatamos de Emilio Mira y López(5) sus seis niveles de intensidad del miedo: prudencia, cautela, alarma, angustia, pánico y terror.

1) Prudencia: La persona trata de no entrar en conflicto con el ambiente, renunciando a todo lo que implique riesgo, aun los objetivos placenteros. Se autolimita y adopta un perfil bajo. Se autojustifica racionalizando (negación del deseo), creándose una autoimagen de generoso o creyéndose previsor y reflexivo.

2) Cautela: Hay un estado de preocupación, desconfianza, expectación, temor al fracaso, pesimismo, inseguridad. Los movimientos pierden espontaneidad, son cautelosos y concentrados. Mantiene la apariencia de tranquilidad exterior con actos secundarios como cantar, silbar, fumar, mover las manos o los pies, hacer un chiste, etcétera.

3) Alarma: Ya tiene plena conciencia del miedo, siente que no puede controlar su mente ante la presunción de un inminente daño; hay vivencia de insuficiencia con pérdida de la claridad del pensamiento. Toma una actitud de alarma y desconfianza intensa. Aparecen movimientos superfluos, vacilantes, inseguridad en el control psicomotriz, temblores, movimientos de retroceso y torpeza.

4) Angustia: Vivencia de angustia ansiosa, con una mezcla de temor y furor; la persona se siente "enloquecer". Hay una desorganización funcional generalizada que le impide el autocontrol de la motricidad; aparición de movimientos automáticos y trastornos viscerales.

5) Pánico: El sujeto apenas se da cuenta de lo que ocurre, hay liberación de automatismos y reacciones primitivas. La persona no se controla ni puede ser controlada. Las reacciones, por escapar al control cortical, son imprevisibles y desorganizadas. Pueden ir desde las convulsiones a la inmovilidad o a un despliegue de movimientos y de fuerzas inusitados, con la aparición de la "fuga hacia adelante", atacando al generador del miedo sin medir consecuencias. No hay recuerdo nítido de esta situación, a veces se lo evoca como una pesadilla o fragmentariamente.

6) Terror: El sujeto ha perdido no solamente su intelección y sensibilidad afectiva, sino toda su potencia reaccional motriz. Yace inmóvil, inerte, "muerto de miedo", aterrorizado (confundido con la tierra). Hay una falta de reacción local, aun ante estímulos dolorosos. Sólo se conservan las actividades neurovegetativas mínimas para asegurar la persistencia del ser. Está ajeno a todo cuanto acontece a su alrededor, con una absoluta apatía, indolencia e indiferencia. Queda una amnesia irrecuperable de lo acontecido.

Mira y López distingue como estímulos, objetos o agentes del miedo el dolor, la pena, la muerte, las enfermedades, la soledad, la vida, los instintos, la guerra, las revoluciones y los cataclismos naturales. El análisis exhaustivo de todos ellos escapa a las posibilidades de este libro, por lo que remitimos al lector a la obra de Mira y López.(5)

Afecto y DSM-IV

Dado el generalizado uso de los términos impuestos por el DSM en sus distintas versiones, trascribimos algunos de ellos referidos al tema "afectividad".(4)

1) Afecto: Patrón de comportamientos observables que es la expresión de sentimientos (emoción) experimentados subjetivamente. Tristeza, alegría y cólera son ejemplos usuales de afecto. A diferencia del humor, que concierne a un "clima" emocional más generalizado y persistente, el término afecto se refiere a cambios más fluctuantes en el "tiempo emocional". Lo que se considera gama normal de la expresión de afecto varía notablemente, tanto entre culturas diferentes como en cada una de ellas. Los trastornos del afecto incluyen las siguientes modalidades:

a) Aplanado: Ausencia o casi ausencia de cualquier signo de expresión afectiva.

b) Embotado: Reducción significativa de la intensidad de la expresión emocional.

c) Inapropiado: Discordancia entre la expresión afectiva y el contenido del habla o ideación.

d) Restringido o constreñido: reducción ligera de la gama y la intensidad de la expresión emocional.

2) Estado de ánimo: Emoción generalizada y persistente que colorea (sic) la percepción del mundo. Son ejemplos frecuentes de estado de ánimo la depresión, alegría, cólera y ansiedad.

Estos son los tipos de estados de ánimo:

a) Disfórico: Estado de ánimo desagradable, tal como la tristeza, ansiedad o irritabilidad.

b) Elevado: Sentimiento exagerado de bienestar, euforia y alegría.

c) Eutímico: Estado de ánimo dentro de la gama "normal", que implica la ausencia de ánimo deprimido o elevado.

d) Expansivo: Ausencia de control sobre la expresión de los propios sentimientos, a menudo con sobrevaloración del significado o importancia propios.

e) Irritable: Fácilmente enojado y susceptible a la cólera.

Fracaso

El fracaso conlleva la realización de la acción, que se ve malograda. Está asociado siempre con la decisión de la persona, que es voluntaria y consciente. La acción es malograda por improvisación, ineptitud, falta de cálculo, sobredimensionamiento de posibilidades externas o propias del ejecutor, confianza en el azar, etcétera. Es decir, en el fracaso la persona interviene activamente, es responsable. En el fracaso la acción es llevada a cabo, pero con un resultado adverso al esperado, que pudo evitarse. Por eso el resultado psicológico es la culpa y consecuentemente la pena y el autorreproche. Como consuelo queda algunas veces el hecho de haberlo intentado. Deja siempre la enseñanza sobre el error cometido; que éste pueda ser ignorado, asumido, negado o proyectado corre por cuenta de la capacidad de la persona. Ante el fracaso la persona puede desalentarse hasta abandonar el objetivo o hacer un nuevo intento compensando el error hallado. Tomado positivamente, el fracaso templa el espíritu, hace que el individuo se cargue de bríos y comience la lucha otra vez; es el caso del científico que falla en sus experimentos, del artista que no consigue plasmar su obra, del estudiante que da mal un examen, pero que persisten hasta el logro de sus objetivos. Tomado negativamente es un veneno mental que puede llevar al abandono de otros proyectos posibles, a la justificación de un desempeño mediocre, al pesimismo y a la depresión.

Frustración

Frustrar es dejar sin efecto un propósito contra la intención del que procura realizarlo. Privar a uno de lo que esperaba. En la frustración la acción no se lleva a cabo o ni siquiera empieza a ejecutarse por influencia externa. Existe un obstáculo insalvable ante el propósito. Genera en la persona la vivencia de "no poder", de impotencia y consecuentemente de rabia.

Conflicto y frustración

Para algunos autores el conflicto es un tipo particular de frustración, dependiendo de la naturaleza del obstáculo. Cuando el conflicto pone en juego intereses vitales para el individuo, y éste no encuentra la respuesta adecuada para resolverlo, se produce la frustración.

Colacilli de Muro,(6) partiendo de la base de que todo conflicto implica un enfrentamiento (de causas, motivos, razones, fuerzas, intereses, valores, etcétera), los clasifica de la siguiente manera:

1) Conflicto de negación o prohibición: A este grupo pertenecen todos los conflictos suscitados por una prohibición.

2) Conflicto de incompatibilidad o contrariedad: No es posible aceptar dos situaciones simultáneamente, pero es posible rechazar las dos al mismo tiempo. Ejemplo: una mujer es invitada a la vez por dos amigos a lugares distintos.

3) Conflicto de inclusión o subcontrariedad: Pueden ser aceptadas las dos situaciones simultáneamente, pero no es posible rechazar las dos simultáneamente (si se rechaza una, debe aceptarse la otra). Ejemplo: un padre le propone a su hijo: "Si quieres seguir viviendo en casa tendrás que trabajar o estudiar". El hijo puede decidir trabajar y estudiar, pero no puede rechazar las dos propuestas simultáneamente.

4) Conflicto de implicación directa o subalternación: Ambas situaciones pueden ser simultáneamente rechazadas, pero la aceptación de la primera obliga a la aceptación de la segunda. Ejemplo: un estudiante no quiere estudiar para un examen y tampoco desea reprobar. Si elige presentarse sin estudiar, también debe aceptar la consecuencia de desaprobar.

5) Conflicto de transposición o subordinación: Ambas situaciones pueden ser simultáneamente aceptadas, pero si se rechaza la primera, debe rechazarse la segunda. Es lo inverso al caso anterior. Ejemplo: un empleado debe realizar un curso de perfeccionamiento para obtener un ascenso jerárquico. Si resuelve no hacer el curso no puede pretender el ascenso.

6) Conflicto de conjunción o iteración: dos o más situaciones deben ser aceptadas o rechazadas simultáneamente; si una de ellas es aceptada (o rechazada) anula el efecto de todas las demás. Ejemplo: en las cláusulas de una capitulación, el vencedor impone al vencido (so pena de destrucción total) lo que debe hacer o lo que le está prohibido realizar.

7) Conflicto de equivalencia o del todo o nada: Pueden aceptarse simultáneamente ambas situaciones o rechazarse ambas, pero no pueden aceptarse o rechazarse por separado. Ejemplo: si una mujer se enamora de un hombre divorciado y con hijos, debe aceptar estas dos condiciones o rechazarlas. No puede aceptar sólo una.

8) Conflicto de exclusión o superconflicto: es imposible aceptar o rechazar las dos situaciones simultáneamente. Si se acepta una debe rechazarse la otra y viceversa. Ejemplo: el obstetra le dice al esposo de la parturienta: "Si hago nacer al niño, morirá tu mujer. Si salvo la vida de tu mujer, morirá tu hijo, puedo salvar a tu mujer o a tu hijo, pero no a ambos. ¿Qué hago?" Éste es el conflicto aceptación-evitación de Lewin y el que mayores consecuencias acarrea para la personalidad.

Reacciones a la frustración

Los conflictos pueden resolverse o no. En este último caso se produce la frustración, cuya gravedad estará en relación con la naturaleza del obstáculo y el modo de reaccionar del sujeto.

El individuo tiene una reacción adaptativa a la frustración cuando intenta eliminar o modificar sus causas; si en cambio sólo intenta reducir o eliminar la ansiedad sin obrar sobre la causa tiene una reacción no adaptativa. J. Coleman(6) determinó en 1956 tres tipos de reacciones adaptativas: la agresión (auto y heteroagresión), la huida y la sustitución. Las reacciones no adaptativas son las que conocemos con el nombre de mecanismos de defensa: represión, desplazamiento, sublimación, proyección, identificación, racionalización, compensación, regresión, conversión, negación, aislamiento, etcétera.

J.M. Brown(12) considera los mecanismos de defensa como reacciones comunes de adaptación.

Reacciones comunes de adaptación

1) Reacciones orientadas hacia la tarea:

a) Resolución de problemas: conducta dirigida hacia una meta, que implica aumento de esfuerzo, respuestas de ensayo y error y metas sustitutivas.

b) Persistencia: conducta dirigida hacia una meta mediante respuestas repetitivas.

2) Reacciones orientadas hacia la defensa:

a) Agresión: ataque a personas, objetos o situaciones con el propósito de perjudicar o destruir.

b) Desplazamiento: dirección de la hostilidad u otros sentimientos hacia objetos o personas sustitutivas.

c) Represión: exclusión de la conciencia de pensamientos, recuerdos, impulsos, acciones y sentimientos específicos.

d) Negación: reacción que implica represión; negativa a aceptar o reconocer situaciones.

e) Fantasía: creación imaginaria de objetos, personas, acontecimientos o condiciones que satisfagan los motivos.

f) Regresión: retorno a una conducta típica de un período anterior de aprendizaje o desarrollo.

g) Racionalización: dar razones o justificaciones aceptables respecto de creencias, conductas o motivos que podrían reflejarse en forma desfavorable sobre el self o recibir la desaprobación social.

h) Proyección:

- Desconocimiento: imputación a otros de las faltas no reconocidas como propias o de los motivos inaceptables.

- Asimilativa: suposición de que los otros poseen los mismos caracteres y motivos que uno.

i) Identificación: asunción de las conductas de rol, rasgos, características, condición, valores y logros de otra persona, grupo o institución. Puede involucrar imitación e introyección.

j) Introyección: proceso de aceptación e incorporación de los valores y normas de otra persona como propios; precede al desarrollo de la identificación. Denominada "identificación defensiva" cuando es impulsada por motivos adversivos tales como el temor al castigo o la pérdida de amor.

k) Sublimación: satisfacción de motivos socialmente inaceptables mediante una conducta socialmente aceptable.

l) Formación reactiva: expresión de conducta opuesta a motivos socialmente inaceptables.


m) Compensación: desarrollo de características y habilidades que sustituyen o compensan deficiencias de características o conductas que satisfacen ciertos motivos.

n) Aislación emocional: retiro hacia la pasividad para proteger al self de un daño.

ñ) Aislamiento: interrupción de la carga afectiva de situaciones perjudiciales o separación de actitudes incompatibles mediante procesos impenetrables a la lógica.

o) Anulación: expiación y por lo tanto neutralización de deseos o actos inmorales.

p) Simpatismo: esfuerzo por ganar la simpatía de otros, reforzando así sentimientos de autoestima a pesar de los fracasos.

q) Actuación: reducción de la ansiedad despertada por deseos prohibidos permitiéndoles expresarse en la acción.

3) Reacciones de tensión (estrés):

a) Reacción de alarma: reacciones fisiológicas acompañadas de cambios en la respiración, pulso, presión sanguínea, secreción de adrenalina, tensión muscular, etcétera, que se experimentan como emoción.

b) Ansiedad: conducta oscilante; aprensión, intranquilidad, miedo, inquietud, sentimientos difusos no específicos de tensión y pánico.

Ambición inadecuada

La ambición inadecuada no debe confundirse con el fracaso (intento malogrado) ni con la frustración (obstáculo que impide la realización de la acción). Es una inadecuación entre la ambición y las posibilidades reales del individuo para alcanzar las metas que fantasea. La persona no tiene noción de sus limitaciones. Ejemplo: alguien con Cociente Intelectual descendido desea ser ingeniero nuclear. Generalmente en estos casos se hace una defensa aloplástica, es decir, se coloca la responsabilidad en lo externo y la persona interpreta que es víctima de circunstancias injustas. Esto es vivenciado con rabia y enojo hacia lo externo, y dado como justificación de desempeños mediocres.

Celo

El celo es un sentimiento inadecuado de propiedad. Puede manifestarse en las relaciones laborales cuando la persona extralimita su acción y se "apodera" y considera como "suya" el trabajo o área laboral donde se desempeña, sin que existan indicaciones y presiones en ese sentido por parte de los superiores. La frase común en estos casos es "Fulano se toma a pecho lo que hace". En consecuencia son hiperresponsables, susceptibles, desconfiados y acaparadores respecto del tema, y sufren sintónicamente cualquier oscilación o avatar que ocurra en su área laboral.

En las relaciones afectivas se parte de un primer prejuicio: "El querer da derechos sobre la persona amada", y estos derechos que exige luego el celoso se refieren a la exclusividad sexual y afectiva y a la persistencia del amor. Efectivamente, para el celoso, la pareja "le pertenece", la objetiviza y la fagocita. Así, la persona que sufre una pareja celosa ve recortada su libertad de acción, padece una constante censura sobre sus actos y es sometida a largos interrogatorios suspicaces sobre las actividades desarrolladas. Pero ninguna respuesta es satisfactoria, sino que es puente para otra pregunta, y así sucesivamente continúa la tortura. En este sentido el celoso parte de un segundo prejuicio: "Me fue infiel, es infiel o lo será", con lo que todo su accionar posterior responde a un razonamiento deductivo tendiente a que los hechos particulares, los actos del amado, sólo comprueben la premisa inicial. Por eso, para el celoso patológico, un detalle ínfimo tiene el valor de una "prueba" o puede llevar a ella. Es fácil deducir el clima de tensión y angustia que esta patología provoca tanto en el celoso como en el celado.

Sobre la génesis de los celos propuesta por distintos autores (inseguridad, neurosis, narcisismo, paranoia, etcétera) no hay acuerdo completo.

Jaspers(9) hace la gradación siguiente:

- Ideas de celos cambiantes que se incrementan por doquier, se olvidan y vuelven a estructurarse. Es la celotipia psicológica.

- Sistema celotípico, con ideas de desarrollo lento o rápido, pero estable, con demostraciones que se mantienen durante años, que apenas si suelen olvidarse y que tienden a aumentarse. Es la celotipia morbosa no sistematizada, con conservación de la autocrítica.

- Celotipia delirante o deliroide: existe certeza de la infidelidad, no hay autocrítica.

J.C. Romi(16) hace la siguiente anotación sobre los celos:

"El celo es un estado psíquico por el cual se teme perder un bien que se tiene o que se considera propio por derecho.

"Se diferencia de la envidia, que es el deseo de aquello que es de otro. Por consiguiente, se cela lo que se teme perder y se envidia lo que se desea del otro, con la depresión que causa el hecho de la posesión ajena.

"Los celosos, según Freud, son masoquistas (que se nutren de sospechas, dudas, etcétera, buscando tormentos y nuevas inquietudes), inseguros y culposos, con sentimientos de inferioridad y tendencia al homosexualismo.

"Los celos pueden ser:

1) No sexuales: son dirigidos hacia personas físicas, bienes o cosas.

2) Criptosexuales: tienen base sexual, aunque no se expresan conductualmente como tal. Por ejemplo el Complejo de Edipo.

3) Sexuales: consiste en retener exclusivamente para sí las prestaciones sexuales afectivo-genitales de una determinada persona. Pueden ser:

a) Falsos: «reacción de finalidad» con la que enmascaran lo que realmente sienten: odio, interés, etcétera;

b) Verdaderos: éstos a su vez pueden presentarse de la siguiente manera:

- Actuales: (sucesos presentes) se expresan por limitaciones constantes;

- Evocativos (recuerdos): se expresan por reproches eternos por hechos pasados;

- Preventivos: posibles sucesos futuros;

- Disimulados: por orgullo o temor al ridículo."

Ejemplo de discurso celotípico: "...cuando vivía con la otra, de noche me sentía morir. No podía dejar de pensar. Me desesperaba tanto que no podía ni llorar, sentía un dolor como si todo se me retorciera por dentro... Aunque ahora viva conmigo, no le creo cuando me dice que me es fiel. Cuando lo escuché por detrás de la puerta hablar por teléfono con ese tono, sentí que todo me daba vueltas alrededor, veía todo nublado, se estaba burlando de mí, me estaba tomando por tonta. Cuando salió sólo quería golpearlo. Encuentro montones de indicios y de evidencias, pero siempre me falta algo para desenmascararlo totalmente... pero ya llegará el momento..."

El enamoramiento

El amor no se verbaliza, sino que se manifiesta en actos. Es un tipo especial de comunicación que supera la codificación verbal. La persona entra en un estado tal de resonancia con el otro, que no encuentra la forma de hacérselo saber con palabras, sólo puede iterar frases conocidas como "Te quiero", "Te amo", etcétera. En el estado de enamoramiento lo que más se deteriora es la lógica, a tal punto que es una de las herramientas más inútiles para comprender este fenómeno: transcurre en un plano distinto. El amor está o no. No necesita de explicaciones. Cuando una pareja comienza a analizar sus sentimientos para tratar de comprenderse, el amor ya está caminando por la vereda de enfrente. Los diálogos de pareja son parches de la lógica, a los que se recurre para autoconvencerse de continuar con la relación afectiva deteriorada.

La persona enamorada siente que tiene que entregarse total e incondicionalmente, entrega todas sus "llaves" y no lo hace por el otro, sino por ella misma. No tiene opciones, no puede elegir. Es una necesidad imperiosa de estar con el otro.


La elación de la afectividad es tan abarcadora que significa lo percibido de una manera inhabitual, en sentido autorreferencial y con una gran amplitud de sensibilidad. De modo que las experiencias negativas con la pareja producen un gran sufrimiento y las positivas un enorme placer. Desaparece, hasta en las cosas mínimas, la indiferencia. Nos sentimos integrados al otro. Y hacia él no hay servidumbre, asco o fealdad. Todo se realiza de manera espontánea, natural y gratamente.

Narraba una mujer, madura y con hijos, que una de las cosas que le producía enorme placer era secar a su marido después de la ducha. Tendía un gran toallón sobre la cama y le secaba parsimoniosamente cada parte del cuerpo: "Me encanta secarle cada uno de los dedos de los pies y besárselos, luego colocarle talco y las medias".

Contaba un hombre de 47 años, que tenía una amante de su misma edad, y que su jefe, un cirujano, le reprochaba: "Pero, ¿cómo podés estar enredado con esa vieja, negra y llena de várices, teniendo una mujer joven y linda?" A lo que contestaba: "Lo de vieja y negra no me importa porque paso los mejores momentos de mi vida con ella, y en cuanto a lo que vos llamás várices, son para mí algo hermoso en ella y se las beso una por una con un placer que jamás vas a entender".

No se trata en ninguno de estos casos, de la mera excitación sexual, el deseo de penetrar o ser penetrado por el otro, aunque este componente siempre está presente, sino de una expansión del placer que incluye a toda la persona, sin limitarse a alguna de sus partes. Por eso no está el asco ni la fealdad. Tampoco se trata del cariño, ese estado de agradabilidad que se establece entre personas y que permite una amable convivencia. El enamoramiento, tal como se conceptualiza aquí, es un episodio único en la vida de una persona; puede volver a sentirse en ocasiones excepcionales, y existen individuos que no han pasado jamás por esta experiencia. Los que se preguntan si alguna vez estuvieron enamorados, nunca lo estuvieron. Cuando se experimenta el amor no se tienen dudas. Muchos, a falta de esta vivencia confunden el entusiasmo, el cariño o la atracción sexual con el enamoramiento. El enamoramiento es una etapa en la relación de una pareja, es como una simbiosis, una indiferenciación entre las dos personas: no se sabe dónde termina uno y comienza el otro. Al pasar esta etapa se recupera la individualidad y se lucha por recuperar el propio espacio, es decir tiempo para hacer sus cosas, no sentirse invadidos, etcétera. Aquí es donde se produce la primera crisis importante en la pareja, que en muchos casos termina separándola. Se recupera el deseo de realización personal, por lo general en la mujer. Si se supera esta etapa de crisis, la pareja se consolida más a un nivel afectivo más sereno pero persistente.

Decía una mujer de 50 años: "Lo conocí cuando yo tenía 20 años y él me llevaba otros 20 de diferencia. Cuando lo veía sentía palpitaciones, inquietud y una gran emoción. Fui su amante hasta que unos años después él se fue a Europa por cuestiones de trabajo. No supe esperar y me casé, ahora lo reconozco, por conveniencia, por seguridad, con una persona que me quiso mucho. Pero cuando hacíamos el amor, sólo podía sentir algo de placer si lo recordaba a él. Le tengo cariño a mi marido, es una buena persona. Pero cuando él volvió de Europa, continuamos siendo amantes estos últimos 20 años. A veces me reprocho esta vida paralela, pero cuando nos encontramos en un café y él me toma la mano, siento esa emoción tan intensa como la primera vez y no me importa el riesgo ni nada, sólo quiero estar a su lado, acariciándolo y besándole sus amadas arrugas".

Si el amor se "apaga", la persona recupera la lógica, el sentido de justicia, la objetividad, la crítica, "como si una venda se le cayera de los ojos". En un reportaje una conocida cantante daba la siguiente justificación del divorcio después de estar casada diez años con un no menos famoso compositor: "Lo que pasa es que él se duchaba, no corría la cortina y enchastraba todo el baño, y yo tenía que limpiarlo como una esclava". Y el periodista le pregunta: "¿Y desde cuándo hacía esto?"; "¡Ah, siempre lo hizo!"

Recuerdo a otro paciente, un italiano, fogoso el hombre, y casado con una mujer frígida: "A mi marido lo único que le interesa es «eso», yo trato de decirle que hay otras cosas que son más importantes, pero él insiste; así que, a pesar de que no siento nada, dejo que él se descargue; después me voy a lavar rápido para sacarme esa cosa pegajosa y con ese olor". Él decía: "Sé que ella es fría, quiero que sienta tanto placer como yo, pero no hay caso. Pero los días que quiere, después del acto, viene la parte más linda aun: fumo un cigarrillo, charlamos, yo la acaricio, le hago cosquillas... el amor, ¿vio, doctor?"

Sobre el enceguecimiento que produce este afecto decía un hombre de 30 años: "Me convertí lisa y llanamente en un tarado. Por estar con ella arruiné mi trabajo, me alejé de mis amigos y mis familiares. Nada ni nadie me importaba. Ahora, en frío me doy cuenta de las metidas de pata que me mandé. Hizo conmigo lo que quiso. Pero en esos tiempos lo único que deseaba y me hacía bien, era estar con ella". ("Es zonzo el cristiano macho cuando el amor lo domina", dice el Martín Fierro).

Erotomanía

Existe una patología de este sentimiento que es la erotomanía, donde la persona tiene la certeza de ser amada. Clérambault(13) presenta este cuadro en 1920, y dice que son tres los sentimientos incrementados en la erotomanía: el orgullo, el deseo y la esperanza; y tres son los postulados básicos: "Me ama", "No puede ser feliz sin mí", "Es libre" (es decir su matrimonio o compromiso no son válidos, sólo meras fachadas). El erotomaníaco somete a una intensa observación y vigilancia a la persona amada, y las palabras y acciones de ésta sólo sirven para confirmar su idea delirante de ser amado, no importa si es rechazado mil veces: es sólo apariencia, pues en el fondo la ama. Generalmente termina en la fase del rencor, con reacciones agresivas, venganzas y hasta puede llegar al "drama pasional".

Perturbaciones de la reacción afectiva

Para tipificar las perturbaciones de las reacciones afectivas, ya en el terreno de la descripción de la Psiquiatría clásica, seguimos básicamente a Vallejo Nágera,(1) quien distingue las perturbaciones relacionadas de la manera que describimos a continuación.

Irritabilidad

Es la desproporción entre el estímulo y la reacción; es una explosión brusca de los afectos. Se caracteriza por la propensión a los accesos de cólera originados por la ocasión más insignificante, alcanzando grados peligrosos en los epilépticos. Se observa en histéricos, depresivos, psicópatas, etcétera.

"No tolero los ruidos, la presencia de mucha gente. El jugar de mis nietos, que los adoro, me crispa. Reacciono mal y los echo; después me da mucha culpa, pero no los puedo aguantar". Cuadro: depresión bipolar.

Disminución de la expresión afectiva

Una emoción intensa, una desgracia súbita e inesperada, sumen a muchas personas en un estado de shock o estupor afectivo, dando, en ocasiones, la apariencia de tranquilidad. Los grandes cataclismos, terremotos, bombardeos, producen en ciertas personas indiferencia afectiva, apatía y estupor.

"Cuando me dijeron que murió mamá, no lloré. Tampoco sentí pena. Me hice cargo de los trámites del funeral y el entierro. No sentía nada. Un mes después, cuando casualmente escuché por la radio una canción que últimamente ella tarareaba, comencé a llorar".

Indiferencia afectiva

Es una falta de reacción afectiva a las percepciones y vivencias. La inhibición afectiva subjetiva es un estado patológico donde el enfermo se siente imposibilitado de experimentar alegría o dolor, de sentir cariño hacia sus familiares: le parece sentirse vacío, como si estuviese muerto. En el estupor afectivo el trastorno es mucho más profundo: no se reacciona a ningún estímulo afectivo. Para Battegay y otros,(3) "un aspecto diferente ofrecen los trastornos afectivos en las psicosis esquizofrénicas; en efecto, siendo en ellas más fuertes las alteraciones del pensamiento y las formaciones delirantes, los trastornos afectivos son más duraderos y, en consecuencia, suponen más bien un vacío, una pérdida de dinamismo y una nivelación del área emocional. La disonancia que con frecuencia se advierte entre los contenidos del pensamiento y los afectos concomitantes se designa como paratimia. También los estados de agitación extrema (explosión afectiva) son más propios del campo de estas psicosis, así como los estados de estupor, catatónicos o autistas, frecuentes en ellas, reflejan siempre también alteraciones de la afectividad".


"Doctor le vengo a.. a avisar que el en baño (se ríe), que en el baño (se ríe) hay una chica... una chica...con la cabeza partida (se ríe), está toda rota".
Alucinación y paratimia. (Hebefrenia.)

"Me parece que soy un monstruo, pero no siento nada de cariño hacia mis hijas, las miro y nada, como si fueran extrañas. Yo siempre fui muy cariñosa con ellas, pero ahora no puedo, no me nace nada". Inhibición afectiva. (Depresión mayor.)

Con tono monocorde y sin afectación: "Estábamos en el campo limpiando de yuyos el sembrado con mi primo, en eso vino mi padre y dijo no sé qué cosa. Yo agarré la pala y le corté el cuello. Sangraba mucho. Mi primo gritaba, pero igual mi padre murió". Indiferencia afectiva. (Esquizofrenia).

Apatía

Consiste en la falta de interés generalizada, caracterizada por una deficiencia tímico-dinámica. Por ejemplo personas insensibles, apáticas, flemáticas, esquizofrénicos, etcétera.

Tenacidad afectiva

Es una persistencia anormal de los afectos. Odios y rencores convierten a las personas en perpetuos malhumorados, pesimistas incorregibles. Tal tenacidad o adherencia afectiva es muy propia de los epilépticos, cuyo estado distímico habitual apenas se modifica con los acontecimientos exteriores que puedan originar reacciones afectivas.

"Hace 20 años que no le hablo a mi hermano, ni me interesa hacerlo. Esto empezó por el tema de la sucesión de la casa de mi padre, pero qué fue lo que pasó, bien no me acuerdo. Dos o tres veces me crucé con él, pero hice como que no lo vi".

Labilidad afectiva

Consiste en bruscos e inmotivados cambios del humor unidos a una inusitada intensidad de la reacción afectiva y escasa persistencia. La observamos en los niños y los muy ancianos, en las psicosis orgánicas, en los oligofrénicos, epilépticos, psicópatas, etcétera.

"Mi padre se ríe a carcajadas y al rato llora. Cualquier pavada que ve ya lo hace lagrimear. A veces arma unos escándalos bárbaros si no hay medialunas con el desayuno, otros días no dice nada". (Demencia Senil).

Incontinencia emotiva

Es la fácil productividad de reacciones afectivas asociada con la incapacidad para inhibirlas. La encontramos en oligofrenias y demencias. El "síndrome hiperestésico-emotivo", propio de todas las psicosis orgánicas (psicosis emocional), presenta una intensa reactividad afectiva (facilidad de estímulo, bajo umbral de estímulo por parte de los estratos afectivos, pero también por parte de campos sensoriales).(3)

Ambivalencia afectiva

Es la coexistencia de afectos de signo opuesto que producen una oscilación que no permite la determinación afectiva. La persona simultáneamente teme y desea, ama y odia. Patológicamente la observamos frecuentemente en neurosis y esquizofrenias.

Inadecuación afectiva

Se produce cuando la expresión afectiva no es concordante con la situación que la provoca o el discurso del paciente. Se observa en esquizofrenia.

Euforia simple

Es un estado de alegría armónico con la circunstancia.

Hipomanía

Es una alegría inmoderada, generalmente inmotivada, con acompañamiento de vigor físico, potencia y gran ánimo de enfrentar los obstáculos.(1) Las personas hipertímicas, constitucionalmente impulsivas, con intensas oscilaciones afectivas y en relación con la capacidad de sintonización de su estado de ánimo, muestran una tendencia a la formación de hábitos, ideas y contenidos "sobrevalorados", anormales, y de gran carga afectiva (por ejemplo, cuadros hipocondríacos, quejumbrosos, determinados desarrollos delirantes), que no se explican sin una permanente y excesiva carga impulsiva y afectiva. Suele darse en ellas la "hipermnesia" para determinadas situaciones, generalmente de tonalidad afectiva.(3)

Manía (estado anímico en la manía)

Störring(14) describe al estado de ánimo maníaco como una euforia o exaltación psicológicamente inexplicables y debe considerarse de origen psicótico, siempre que no se demuestre la existencia de motivos provocadores. Los pacientes sólo tienen ideas de tonalidad placentera, nada puede entristercerlos. Todo es visto a la luz más favorable: lo que le ocurre al paciente y lo que hace es siempre satisfactorio y va acompañado de un sentimiento de ligereza y bienestar. Muestran una especial lozanía corporal (buen color de cara, mejor turgencia de la piel). Resulta decisivo para el diagnóstico que el paciente conserve su euforia a través de cualquier circunstancia y presente además falseamientos del juicio de génesis morbosa. No existe un plan en la conducta. Hay impulsos exagerados a la actividad; los sentimientos de salud, felicidad e hipervaloración propia son también exagerados y hay una acentuada irritabilidad.

Beatitud y éxtasis

Se caracterizan por:

1) Supresión completa de toda actividad motriz;

2) Vivencia de conmoción interna;

3) Gran sensación de gozo inefable.

Se observa principalmente en esquizofrénicos y en los paroxismos epilépticos. A veces también en histerias y en delirantes místicos.

Moria

Es una jovialidad expansiva caracterizada por jocosidad, juegos de palabras, sin contenido que lo justifique. También llamada alegría insulsa; fue descripta originariamente en lesiones del lóbulo frontal.

Neotimia

Consiste en una vivencia de sentimientos nuevos no experimentados por la persona normal. Se observa principalmente en esquizofrenias y adictos a las drogas.

Humor esquizofrénico

Carlos Pereyra(15) retoma el concepto kraepeliniano de que la demencia precoz o esquizofrenia es esencialmente juvenil y que una "psicología propia de la adolescencia y la pubertad se perpetúan morbosamente en la psicosis; de tal modo, los síntomas dichos secundarios: suficiencia, patetismo, pedantería, trascendencia, burla, hurañería, manierismo, etcétera, forman un conjunto de irremplazable valor diagnóstico". Anota Pereyra que dentro de lo proteiforme del comienzo esquizofrénico es tal vez el cambio de carácter el elemento más constante y pertinaz. El nuevo carácter no tiene un matiz definido: es más bien la pérdida de lo que antes se tenía; todo es contradictorio, inasible, inestable, y hay una total desorientación de la personalidad, que es fluctuante, ambigua y caprichosa. Es una imperfección del mecanismo volitivo el que, al principio, conciente, origina intensas crisis de angustia y luego acarrea desapego de los intereses inherentes a la vida por renunciamiento e impotencia para la lucha. La indiferencia, el hastío y la frialdad priman, y no hay cabida para los sentimientos más delicados y estables como la moral, la ternura, la amistad o el amor. Es una espesa niebla que los separa, a pesar de ellos, del mundo circundante, y es una espantosa y desoladora soledad.

Esquizofrenia, 12 años: "Tengo algo que no me deja estar en la realidad y me distrae, creo que tiene que ver con el cambio de Alemania a Argentina. Como si fuera algo que me tapara los ojos y yo estoy como en el aire y voy caminando y no puedo ver las cosas como cuando era chica. Ahora no puedo entender lo que me pasa, hay una cosa que me hace caminar lento, rápido, como si estuviera en un puente que no termina, como si hubiera un vidrio y yo quiero salir de ese vidrio. Ver las cosas como veía antes y poder disfrutarlas. En la escuela me siento más o menos. Todos los días me siento así, como en un vidrio, como polvos o pequeñas cosas que me contienen y no me dejan ver bien. Muy pocas veces puedo romperlo y me vuelvo a encerrar, como un pimpollo de flor que se abre y se cierra, pero se queda cerrado".

Angustia

La angustia se siente como una mezcla de displacer, de una vivencia de tensión interna o de espera de un peligro indeterminado y de impotencia para enfrentarlo. Se acompaña de repercusiones somáticas como molestias en el pecho, sensación de opresión en la garganta, de falta de aire o dificultad para respirar, palpitaciones o malestares cardíacos, sensación de pérdida de fuerzas, mareos, dolor difuso en la "boca del estómago" o de languidez o vacío en el estómago, alteraciones gastrointestinales y otros. Muchos síntomas derivan de las contracciones musculares del cuero cabelludo (sensación de "casco o vincha apretada", de paso de corriente eléctrica en la cabeza, de "hormigueos o calores", etcétera), de los músculos del cuello y la espalda, dolor en la nuca, mareos, inestabilidad, pérdida de fuerza y "hormigueos" en los brazos o las manos, "calores" y otros, de los músculos de la cadera y miembros inferiores (dolores, pérdida de fuerza en las piernas, torpezas, movimientos involuntarios —mioclonías—, calambres, etcétera). Todos estos síntomas obligan a la consulta con el clínico para descartar patología orgánica.

La tristeza vital es un concepto que utilizó Schneider para hacer una diferencia entre la tristeza normal y la patológica, propia de los estados melancólicos. En ésta predominan vivencias tan penosas, profundas y persistentes, que algunos autores proponen una distinción cualitativa respecto de la tristeza normal. El sufrimiento de los depresivos graves es de tal magnitud, que escapa a la comprensión empática de las personas que no han pasado por una experiencia similar. De ahí la intolerancia de los que rodean al melancólico y la sensación de soledad del paciente (véase "Depresión" en el t. II).

"Yo soy el culpable de lo que pasa, nadie más que yo.

Me falta interés, no disfruto las cosas.

Quiero estar más solo, más encerrado. Me quedo en mi cuarto, sin luz ni ruidos. No aguanto los ruidos. Sufro mucho, y creo que esta vez no me recuperaré.

No tengo ánimo, no pido más que un poco de ánimo.

Me falta el apetito. Estoy muy triste, al borde de cualquier cosa, y rogándole a Dios continuamente. Tengo fe en que no me abandone. Es lo único que me queda.

Me tira la cama. Tengo dolores articulares, en el hombro y cuello. Estoy angustiado, con un poco de sensación de opresión en el pecho. Ideas de estar flotando. No tengo fuerzas. Ni ganas". (Depresión bipolar, 9ª fase, 65 años).

Perplejidad

La perplejidad se produce cuando lo que se experimenta en un momento dado no tiene conexión alguna con las experiencias almacenadas en la memoria (la persona no las puede reconocer), y genera la vivencia de desorientación y desconcierto de la persona respecto de sí misma y/o de su entorno.

H. Delgado,(8) siguiendo a Störring dice: "Cuando la mente no logra la síntesis del contenido de la atención reconociendo a los fenómenos su concreta significación y sus efectivas relaciones, de suerte que el sujeto no acierta a comprender la falta de justeza y regularidad de sus actos de conocimiento, entonces tenemos la perplejidad anormal. Mientras que la perplejidad normal es duda o indecisión frente a un estado de cosas objetivamente determinado, en la anormal no se trata sólo de la dificultad subjetiva, sino de la conciencia de incapacidad de determinar cuál es el problema objetivo, a causa de que las asociaciones de ideas fortuitas y adventicias impiden la identificación de los datos de la experiencia". Síntoma frecuente del comienzo de la psicosis, especialmente la esquizofrénica, acompañante de algunas reacciones neuróticas, estrechamiento de conciencia, etcétera. Este fenómeno suele estar asociado al sentimiento de extrañeza, estado angustioso producto de la vivencia de cambio y transformaciones que el paciente no puede explicarse.

"Me miro las manos, son mis manos, pero no sé, es como si fueran de otro. Pero no sé en qué no son iguales. Pero no están como antes. Me paso largo rato mirándolas, son extrañas. No sé como explicarlo". (Período inicial de la esquizofrenia.)

Estupor melancólico

Se manifiesta por inmovilidad, rigidez y aparente suspensión de toda actividad física y psíquica, con esporádicas muestras de dolor moral, rictus de tristeza, gemidos, llanto silencioso, etcétera. En estos pacientes es tal el estado de autoabandono, que es preciso prodigarles los cuidados básicos: darles la comida en la boca (o parenteral), higienizarlos, cambiarlos de posición, etcétera. Se produce cuando la depresión alcanza un grado tal que llega a bloquear la capacidad vivencial para estímulos sensoriales, por ejemplo. Esto se observa en melancolías graves. Se debe diferenciar del estupor catatónico y confusional (véase "Estupor catatónico" en el capítulo sobre la voluntad).

Cataplejia

Consiste en una ausencia paroxística del tono muscular desencadenada por emociones intensas, como por ejemplo la risa, sorpresa o sobresalto, sin pérdida de conocimiento. Suele asociarse a la narcolepsia (Síndrome de Gelineau). A veces se experimenta en el sueño parcial disociado, donde la persona se siente despierta, pero con el cuerpo totalmente paralizado.(3, 7)

Bibliografía

1. A. Vallejo Nágera, Tratado de Psiquiatría, Salvat, 1949.

2. J. Delay, P. Pichot, Manual de Psicología, Barcelona, Toray Masson, 1979. (Va mi agradecimiento al Dr. Luis Lozano por sus clases sobre afectividad, un clásico en el Curso Superior para Médicos Psiquiatras de la UBA, y que llamó mi atención hacia estos autores.)

3. R. Battegay et al., Diccionario de Psiquiatría, Herder, 1989.

4. DSM-IV, Barcelona, Masson, 1995.

5. Emilio Mira y López, Cuatro Gigantes del Alma, Buenos Aires, El Ateneo, 1984.

6. M.A. y J.C. Colacilli de Muro, Fundamentos de Psicología, Buenos Aires, Plus Ultra, 1981.

7. Antoine Porot, Diccionario de Psiquiatría, Barcelona, Labor, 1977.

8. H. Delgado, Curso de Psiquiatría, Barcelona, Científico Médica, 1963.

9. Karl Jaspers, Escritos psicopatológicos, Madrid, Gredos, 1977.

10. Oscar Slipak, Estrés y perfiles de personalidad, Alcmeon, año 6, vol. 4, Nº 4, Buenos Aires, marzo 1996.

11) V. Cabello, Psiquiatría forense en el derecho penal, t. 2b, Buenos Aires, Hammurabi, 1982.

12. J. Brown y otros, Psicología aplicada, Buenos Aires, Paidós, 1972.

13. Hugo R. Marietán, Alcmeon, año IV, Vol. 3, Nº 4, Buenos Aires, 1994.

14. M. Reichardt, Psiquiatría general y especial, Madrid, Gredos, 1958.

15. Carlos R. Pereyra, Esquizofrenia, demencia precoz (tesis de 1943), Buenos Aires, Salerno, 1965. (Agradezco al Dr. Pablo Berrettoni, cuya tesis versa sobre este tema, el haberme recomendado la relectura de este valioso autor.)

16. J.C. Romi, Rev. Psiq. Forense y Sexología, año 1, vol. 1, Nº 4, Buenos Aires, abril 1996.



Si tiene una duda o quiere realizar un aporte escríbame a consultashm@gmail.com